1457007094_657785_1457007487_noticia_normal Cuando creemos que lo sabemos todos sobre los acontecimientos históricos más relevantes, nos encontramos con películas como “13 minutos para matar a Hitler” que desbaratan esa teoría.

La película cuenta ya con muchos inconvenientes desde el principio por tratar una vez más la temática de la Segunda Guerra Mundial, el que esté cansado de utilizar este recurso para contar una trama y el que se destaque a Oliver Hirschbiegel como director de “El hundimiento”, dando más empaque aún a su anterior trabajo con el que tuvo más popularidad y distinguidos premios, pero que también ayuda a que quién encasille el hecho de ir de nuevo a esos años en Alemania, tenga motivos para agarrarse a ese argumento.

“13 minutos para matar a Hitler” se centra en el hecho real de un posible héroe que pudo evitar que se produjera la Segunda Guerra Mundial o al menos que fuera Hitler quién la comandara. En la película se nos narra el proceso por el cual un carpintero, George Elser, ideó un plan en el que colocó una bomba en una cerveceria de Munich donde el Führer iba a dar un discurso. Las casualidades hicieron que ese acto concluyera 13 minutos antes de lo previsto y el artefacto hiciera explosión cuando ya no se encontraba en ese lugar.

Lo que el director narra durante toda la película es las circunstancias por las que George Elser decide realizar este acto por iniciativa propia y conocer su historia. Un hecho que los propios historiadores alemanes intentaron ocultar y que el director quiso poner en conocimiento para saber que alguien quiso hacer algo, ante lo que estaba ocurriendo. Que no todos los alemanes se quedaron impasibles ante la desgracia que sabía que les iba a marcar durante años.

El actor, Christian Friedel, realiza una interpretación maravillosa de este carpintero que no se achanta y se juega la vida por matar a Hitler. Pero en ese recorrido conocemos que no pertenecía a ningún partido político ni se planteó asesinarlo por ninguna ideología. Lo hizo por voluntad propia y de manera individual para salvar a su país. Y de justicia es conocer esa intención y ponerlo en su sitio justo en la historia.

En la manera de narrar la historia de Elser, los flashbacks son más que recurrentes en un ejercicio cinematográfico donde no te pierdes en ningún momento y con esos diferentes recursos, la atención no se dispersa y te mantiene atento a cada una de las escenas. El realizador también tiene ocasión de mostrar la parte más cruel de esas torturas durante la Alemania nazi pero lo hace sin que tengamos que taparnos los ojos y sin utilizar el morbo, de una manera práctica y efectiva en la que lo sufres sin necesidad de ver imágenes desagradables.

Y así queda la mayor duda al salir de esta película, ¿qué habría pasado si hubiera funcionado el plan de George Elser?. Lamentablemente, nos tendremos que quedar con esa incertidumbre.

Nota: 6 Arcones

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