DAR LA TALLA CON SONIDOS DE BALLENA

Me he sorprendido mucho con la propuesta de «Baleia 2.0» en el Teatro Echegaray. Es entrar en un mar de sensaciones que te permite estar pendiente en todo momento de lo que va transcurriendo en escena.

Es un proyecto en el que no hay un recorrido de los que habitualmente el espectador puede estar acostumbrado en las historias teatrales con planteamiento, nudo y desenlace. Aquí entra esa misma incertidumbre que cuando entras al mar, y no sabes si puedes hacer pie hasta que tocas tierra. Pero son dudas que se disipan al momento, y es más, el proceso es muy interesante porque consiste en dejarse arrastrar por la fuerza de cuatro ballenas escénicas maravillosas que me parecen unas valientes mujeres océano de expresión y fortaleza, tardas un poco en ubicar el discurso pero la potencia de los elementos, las luces y el constante sonido que crea esas atmósferas tan marcadas, provoca que se creen en tu cuerpo diversas sensaciones a las que poner sentido, desde donde tú creas.

Tania Santiago y Rocío García controlan su cuerpo a medida que precisan dar esos mensajes tanto de conciencia ecológica como de conciencia social. Es una belleza que atrapa a cada movimiento que ellas crean. No soy una experta en danza, y solo expreso lo que me han hecho sentir aunque no pueda describirlo con las palabras precisas que esta disciplina requiere. Pero me han emocionado, y creo que es de recibo halagar a quién lo da todo en lo que se ilusiona y trabaja todos los días, ese respeto al público que tanto reclamo cuando escribo. Hablan también de otras diferentes exclusiones en las que no reparamos, y creemos que no hacen tanto daño como las visiblemente de más tamaño, y en tantos aspectos la gente te puede hacer más pequeñita de lo que en realidad eres o frustarte tus sueños, y eso lo hacen saber con gran precisión en su trabajo artístico. Enhorabuena a las dos.

De Olga Magaña tengo que decir que creo que es un esfuerzo increíble y arriesgado para hablar de temas que la sociedad cree que están superados, y me refiero al cuerpo femenino. Es un sufrimiento bárbaro cuando no tienes una buena gestión mental, y la sociedad te va marcando las pautas de lo que debes cumplir físicamente. Cuando te sientes perdida en el océano, y muchas veces lo único que quieres es hundirte. Con su trabajo como directora, Olga Magaña, ha hecho esto visible pero también lo da todo como intérprete, es la directora de orquesta que entra dentro de la marea para que armónicamente quede en la justa medida de todo lo que sorprende a los ojos en escena. Me ha gustado especialmente cómo han cuidado el que las transiciones sean tan bien cuidadas, y que el público tenga que estar pendiente constantemente de si algo se mueve bajo el agua del escenario. Y donde tendrá su lugar en la próxima escena. Es un juego ideal para mantener el ritmo.

Y no voy a ocultar qué ha sido una alegría tremenda y un orgullo inabarcable, ver esa expresión marina de Adriana Rogan. Es un esfuerzo tremendo y digno de admiración, porque no solo vuelve a curarnos el alma como siempre hace con su voz, creo que ha creído tanto en esta idea que la ha logrado hacer cada vez más suya y navegar por los mares que haya tenido que sortear en su propio cuerpo y mente. Me emocionaba cada vez que rozaba con sus manos a sus compañeras actrices, porque sé lo que las respeta y cómo esta oportunidad va a conseguir que siga aprendiendo y se haga más grande. Y a pesar de lo que sus palabras dicen que resumen el sufrimiento de muchas «gorditas» que hemos pasado por esa tesitura, yo quiero que se haga más gigante, porque se lo merece y porque egoístamente me llevo el talento que hace que sea una universal disfrutona teatral.

Quiero deciros que estas cuatro intérpretes son unas valientes. Es cierto que se pueden ver muchos trabajos de cuerpo, pero esa entrega, desgarro y profesionalidad es algo que se palpa y se agradece, y no puedo dejar de imaginar lo complicado que habrán sido muchas escenas y cuanto tiempo han podido tener de ensayo y coordinación para un resultado final increíble, que hace que como ha sucedido en mi pase en el Teatro Echegaray, todo el mundo se sorprendía de lo bonito que han visto. Y para mi es lo más importante de «Baleia 2.», muchos sabrán ponerle el sujeto, verbo y predicado de lo que han percibido, yo lo que puedo decir es que he aprendido de mis propias contradicciones en materia ecologista, y que me mantengo en mi idea de escuchar cantos de ballena, sean del físico que sean, porque lo que me importa es el corazón que va latiendo en ellos.

 

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