Crítica realizada por Ana Sonia Macías Martín

Aunque es difícil encajar a la protagonista con lo que el título de la película indica, hay momentos en los que se dejan ver ciertas actitudes que sí lo pueden reflejar. En un inicio, vemos a Janine como una mujer de vida resuelta, profesionalmente exitosa y emocionalmente estable. Es a raíz de un atraco con abuso sexual, donde el personaje adopta otra disposición ante la vida. Tiene que ocurrir un hecho que la descentre, para que sea capaz de cambiar esa cotidianidad no tan perfecta para ella, de buscar su lado oscuro, e incluso de contar la verdad que la lleva arrastrando desde el suceso.

Todo esto ocurre en un ambiente frío entre personajes, y una actitud muy introvertida de Janine, ella se encierra en sí misma y no es capaz de contar lo ocurrido a su pareja, hasta un día después. Él tampoco es capaz de animarla, ni consolarla. Faltan abrazos entre personajes o un mínimo contacto físico más sincero, que le aporte humanidad a lo que ha pasado que es bastante grave.

Después del fatídico suceso, decide volver a su origen y se va unos días a casa de su padre, donde se refugia de sus miedos, donde indaga en su lado oscuro que no es capaz de imaginar, momento en el que la luz de la película cambia y la fotografía se hace más perfecta con algún que otro plano digno de admirar.

La obra es demasiado pausada, tanto al principio cuando nos presenta al personaje, como en el desarrollo, escenas demasiado largas, incluso planos fijos demasiado extendidos en el tiempo, lo cual hace perder el interés del espectador por momentos, sin significar un perderse en la historia ni en lo que se está contando, porque justo en esos momentos no se cuenta nada nuevo, ni pasa nada realmente interesante

Una historia de cómo sobrevivir al dolor intenso y personal, de qué hacer ante situaciones difíciles, de cómo nuestra vida puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos.

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