TODA UNA VIDA

Hacía tiempo que una película no despertaba mi sensorialidad al completo. El trabajo de fotografía de «Calle Málaga» es un regalo para los que nos gusta realizar un trabajo inmersivo en el que disfrutar de todo lo que las diferentes escenas nos pueden hacer llegar desde la gran pantalla. He olido perfectamente todos los platos de Maria Ángeles, el personaje tan real lleno de matices exquisitos genialmente interpretado por Carmen Maura, y especialmente he tocado todo lo que ella generaba a través de su lucha implacable para que no la echen de su casa.

Es un acierto igualmente la contrapartida de Marta Etura como esa hija que ha vivido su propia historia, y que en el momento que está en apuros recurre a sus posesiones, sin importar el propio recorrido que va pegado a la realidad del día a día de su propia madre. Sin ese punto de vista, no querríamos tanto al personaje de Carmen Maura, e incluso ese grado de identificación se puede llegar a entender cuando estás en una situación económica a la desesperada, y no ves más solución que la más efectiva. Pero evidentemente lo que conmueve al espectador es el arraigo de la protagonista con lo que forma parte de su ser durante esos 40 años en esa casa donde todos nos hemos sentido queridos, y hemos apreciado la máxima belleza de todo el esplendor de sentirse libre en su hogar.

«Calle Málaga» impronta muchas lecciones. La más fundamental para mi es recordar que no hay que olvidarse de uno mismo. Encontrar tu sitio y la razón de ser por la que tu cotidianeidad se hace palpable y necesaria. En concreto, aquí esa felicidad está en esas pequeñas cosas. En un mundo donde cruzando la calle saludas prácticamente a todo el mundo, y sin invadir espacios personales, todos los habitantes se cuidan entre ellos. Otro aspecto interesante es que nunca es tarde para reconstruir tu vida. En esa tesitura, María Ángeles lucha por su idiosincrasia en un trayecto que le hará hasta conocer un amor que la cuida, la acaricia, le excita y puede encontrarse mejor que nunca. Ha sido tremendamente emocionante ponerse en su piel, y vibrar con esas escenas tan sumamente hermosas y llenas de una poesía exquisita.

Ese abanico de sentimientos se complementa con un humor necesario para que la película relaje el tono, y se pueda seguir evolucionando hacia donde nos quiere transitar. Son toques sutiles pero perfectamente reconocibles en mujeres de esa edad que expresar con absoluta franqueza lo que piensan, sin importar las consecuencias de a quién pueda afectar.

Y finalmente es de ley agradecer a Carmen Maura cómo se ha impregnado en un personaje que en las escenas más duras con su hija, comprendes perfectamente a través de sus ojos cómo emana desamparo, dolor, desconcierto o furia, al igual que cuando se siente en su hábitat, no puede estar con más luz en todo su ser. Es una labor generosa donde ha dado todo lo mejor para su personaje, y de una manera fluída fantástica nos dejamos llevar por todo ese grado de inquietudes que nos hacen reflexionar y experimentar durante la película.

No se pierdan «Calle Málaga» porque van a encontrar un refugio cinéfilo donde no hay freno a todo lo positivo de disfrutar de las pequeñas cosas sintiéndote en casa.

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