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Una de las razones por las que, personalmente, el baloncesto entró en mi vida para no salir es su especial capacidad y condición, de reunir y hacer sentir equipo a todas las personas que deciden practicarlo. Unir un deporte de estas características para contar una historia tan necesaria como emotiva, es un acierto cinematográfico de esos en los que eres consciente del valor del cine.

Javier Fesser dirige “Campeones” y todo está ideado a favor de obra mediante su universo pero, a la vez, escogiendo a un grupo de actores que ayudan a que su visión se muestre diferente del resto de sus anteriores trabajos, y a la vez marcan con su propia naturalidad lo que son los condicionantes de estar delante de una película de este realizador.

No hay ocasión para pensar que estos actores actúan como “niños” o que nos den lástima. “Campeones” es un film que lucha hasta el último segundo de partido por su “naturalización”, y por demostrar que si en varios instantes de nuestra vida somos capaces de salir de nosotros mismos, y descubrir nuestras propias incapacidades diarias, no tendríamos prejuicios absurdos y miraríamos a las personas con el respeto y sensibilidad que se merecen.

El guión de David Marqués es tan acertado en su orden lógico de los acontecimientos porque el protagonismo no es para un giro imprevisible en la trama o salirse de una historia en la que más o menos te puedes esperar lo que va sucediendo, el valor está en cómo se ha enmarcado la encrucijada de este segundo entrenador protagonista de “Campeones”, interpretado por Javier Gutiérrez con una maestría absoluta, en la que pasa por una evolución maravillosa, y más que nada muy lógica, por tener que cumplir una sentencia judicial que le obliga a tener que llevar las riendas de un equipo de personas con diferentes tipos de discapacidad intelectual.

Delante de tus ojos contemplas actores, te ríes con sus propias particularidades y vas tomando conciencia de tus propios errores en tu cotidianidad, al ser visibles en reacciones identificables, por desgracia, que descubres en muchas escenas de esta historia. Hay momentos realmente delirantes por los que merece la pena disfrutar de “Campeones”, entre ellas, recordar esas increíbles sensaciones por las que merece la pena sentarse en un patio de butacas.

Y en pequeños detalles, a los que somos más baloncesteros, hay mucha emoción por los homenajes que se le da a este deporte por el que sentimos tanta pasión, como el que descubrimos de una de las grandes obras maestras cinematográficas que se han hecho como es “Hoosiers”, y que en uno de los personajes de “Campeones” lo vemos reflejado por su propia idiosincrasia, muy parecida a la de la película de Gene Hackman.

Está arrasando en su primer fin de semana de estreno, y debería ser una constante en estas primeras semanas. “Campeones” ya es un partido ganado. Actores que se ganaron su puesto por su carisma y que han encontrado su propio respeto en lo que palpan hacia el espectador con su brillantez propia. Un Javier Gutiérrez llamado a ser uno de los intérpretes que más inteligentemente está llevando su carrera hacia una versatilidad bárbara, a la que añadir la profunda generosidad que ejerce desde su posición de liderazgo, pero que a la vez nos enseña lo personalmente enriquecedor que sale de esta experiencia. Y un Javier Fesser que normaliza una locura propia muy necesaria en el cine español. Reír con conciencia. Luchar por un respeto.  Y sentir que entendiendo esta película y sus valores, ya somos campeones.

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