LA VERDAD ANTE UN PÚBLICO DE OJOS MUDOS

Ayer asistimos al estreno absoluto de “Clytemnestra, una mujer”. Una producción de Induoteatro donde conocemos el desgarrador testimonio de la esposa de Agamenón ante una audiencia, el propio público, que escucha su versión y la de su hijo Orestes. Chico García, Ana Jiménez y Jesús Luque son los protagonistas de esta adaptación sobre el mito que aún pueden ver en este emblemático espacio tanto hoy como mañana domingo a las 22:30

Es curioso pero muchas de las propuestas que están llegando al Teatro Romano van cargadas de una actualidad apabullante. Los mitos clásicos, en su época, servían a los dramaturgos para poner en valor cuestiones sociales y mostrar problemas de nuestra vida cotidiana, en las voces de estos dioses que eran reconocidos por todos. Un mensaje que muchas de las compañías están utilizando acertadamente en sus trabajos y que estamos pudiendo comprobar ese efecto en este ciclo teatral.

Además de esta circunstancia donde escuchamos desde el principio de escena a Clytemnestra, desnudando su alma como si de su propio juicio se tratase, no en vano la colocación de los actores está perfectamente orquestada para que parezca un defensor, un fiscal y nosotros que escuchamos sus declaraciones, hay dos valores que se han querido transmitir a través de la historia de la mujer de Agamenón.

Uno de ellos es la consideración de las mujeres, igualar sus actos, sean más certeros o no, a la misma altura que los hombres. Algo que es muy impresionante de comprobar en las escenas más duras de madre e hijo donde se echan en cara, todo lo que llevan dentro pero que, en el caso de Orestes, ese rencor va unido a la propia idea de debilidad femenina y es el propio discurso de su madre el que hace, incluso, que sus propias consideraciones queden en solfa. Porque, como también pasa en la vida real, la respuesta de ese hijo que se siente traicionado por su madre por entregarse a otro hombre y matar a su padre, está lleno de dolor y de venganza. Se queda sólo con lo que conoce y es interesante, ver desde esos asientos de piedra como jurado, la evolución de su propio pensamiento cuando se conocen todos los puntos de vista de los hechos.

Y otro punto importante es el contexto político desde el que ocurre toda la historia. Entre los argumentos que Orestes le reprocha a su madre, Clytemnestra, está el que no se puede vivir en un mundo sin orden ni un líder que tome las decisiones por los demás. Y su madre, mujer además cosa que me parece trascendente, es la que intenta abrirle los ojos hacia una realidad distinta. Y a mí, en mi pensamiento de jurado particular, me hacían valorar ese juicio hacia nuestros tiempos. Hacia ese miedo al cambio y a que considerar que las cosas pueden ser distintas a cómo quieren que nos las planteemos. A huir de mi parte más clásica para transformarla en actualidad pero con esos diálogos más de esa época griega y esas verdades clamando al cielo que te hacen reflexionar.

Para mí, esto es lo más importante de “Clytemnestra, una mujer”. Hay partes que yo hubiera obviado que entiendo que se incluyan para cambiar ese ritmo de declamación y cambio de sitio en la escenografía y también por esa necesidad de que Agamenón aparezca como un fantasma del pasado que vuelve con una indumentaria muy clara, de la propuesta gubernamental que quiere defender. Pero el discurso de Clytemnestra y su trato con Orestes es tan fuerte y claro, que todo lo demás me sobra.

Y por pedir, siendo un escenario inolvidable, había partes en susurro de los discursos que se me perdían en el aire de ese ambiente clásico. Tengo el interés de disfrutar de “Clytemnestra, una mujer” en un espacio más cerrado, donde pueda valorar esa intensidad con más fuerza y no me pierda tantos detalles como creo que ese texto contiene. El Teatro Romano es apetecible pero lo que se reprochaban en esas miradas y palabras, aún más. Y más que nada, porque esa iluminación ensombrecida que marcaba claramente el ambiente deseado, precisa de mayor fuerza convirtiéndose en un personaje más de esa intención de ambos personajes.

Esperando esa oportunidad en espacio cerrado, aún tenéis la ocasión de contemplar esta última obra del ciclo teatral del Teatro Romano de Málaga.  Las entradas están a la venta en la taquilla del Teatro Romano de 10 a 14 horas, dos horas antes los días de función y a través de la web www.ticketmaster.es. Últimos pases, hoy sábado y mañana domingo a las 22:30. Espero que la luna terrible que ansiaba Chico García, les siga presidiendo en estos pases.

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