DIEZ NEGRITOS SE FUERON A CENAR…

Tal y como era previsible por la exitosa gira, la temática y la elección de este puente festivo en la programación del Teatro Alameda, la versión producida por Enrique y Alain Cornejo de “Diez Negritos” fue un rotundo éxito de público en las funciones del viernes y del sábado. Hoy tienen la oportunidad en doble función a las 19:00 y a las 21:30

La verdad es que con una buena base, se pueden obtener fácilmente resultados satisfactorios. Una buena historia de misterio y muchos personajes que entran y salen y desvelan mucha información para que el espectador vaya haciendo sus pesquisas en la búsqueda de la solución definitiva. De hecho, en la sesión que tuve la oportunidad de ver, en lugar de oír sonidos de teléfono móvil, escuchaba posibles respuestas al enigma de porqué iban desapareciendo paulatinamente al ritmo de esa canción de cuna, cada uno de esos invitados a la isla del Negro. Cosa que se agradece.

Si a todo esto, le añadimos una buena escenografía donde estos personajes carismáticos se desenvuelven con total rapidez, el espectador logra visualizar de manera clara esas impresiones que pudo imaginarse en su cabeza en la oportunidad de sus vidas en la que leyeron la famosa novela de Agatha Christie. Otro gran acierto es ese vestuario que ayudaba a recrear y ubicar las distintas personalidades de los diez protagonistas. Trajes coloridos y elegantes que hacían desviarte los ojos en primera instancia nada más aparecen los actores en el escenario.

Sin embargo, hay detalles que en una trama de misterio son necesarios para ir pudiendo seguir con más facilidad y que el ritmo no decaiga. El primero es la proyección de voz, a muchos de los actores y actrices en escena no se les oía bien con lo cual provocaba mucho desasosiego e incertidumbre en el público, especialmente cuando los protagonistas hablan de espaldas a ellos mirando hacia otro actor en escena, hubiera estado adecuado poner micrófonos o trabajar más esa faceta. Y por último, también inquietaba mucho la utilización de músicas en momentos clave porque en esa realización se denota una intención de querer enseñar demasiado a los espectadores, es un aspecto que también critiqué en la obra “Taxi” de Josema Yuste. Hay una obsesión por querer darlo todo hecho y que quién esté disfrutando desde su butaca no tenga que hacer ningún esfuerzo en seguir la obra. Personalmente, es algo que me pone muy nerviosa y si hay una dramaturgia bien hecha, no hace falta que se esté constantemente explicando que estamos en un momento clave o en un momento divertido. Eso se deduce a medida que se ve la evolución de los personajes.

De todas formas, reconforta el saber que hay productoras que apuestan por historias fuertes con muchos actores para sorprender al público, cosa inaudita en el teatro actual y espero que nos puedan llegar más de ellas tocando diferentes géneros y propuestas.

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