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Me gusta mucho el cine de sutilezas. Y reconozco que, en ese sentido, el cine francés provoca de las que me apasionan cuando se trata de relaciones personales. Era lo que más me atraía de este proyecto de Philippe Lioret, quién tras empezar como técnico de sonido en este mundo cinematográfico, dedicó cinco años de trabajo para conseguir su octavo largometraje, “El Hijo de Jean”.

En esta historia el protagonista, Mathieu Capelier, recibe la noticia del fallecimiento de su padre, al que nunca tuvo ocasión de conocer. Intrigado por la vida que pudo llevar y los hermanos que quiere conocer, decide emprender un viaje a Québec para asistir a su entierro y encontrar las respuestas que buscaba durante toda su vida.

El argumento no se antoja original, ni se sale fuera de los cánones de un drama familiar donde se van descubriendo todos los secretos que se nos plantean desde el comienzo, pero tanto las interpretaciones de todo los actores, especialmente Gabriel Arcand, como la forma en que vamos derivando hacia todo lo que se tiene que ir sabiendo para encajar todas las piezas, hace que merezca la pena el visionado de “El hijo de Jean”.

Dos aspectos que le sirvieron al realizador para que funcionara esta historia fue ambientarla en Canadá para que esa lengua materna francesa pero hablada en un lugar más lejano, ayudara a esa inquietud solitaria del protagonista en su viaje, y el siguiente aliciente fue encontrar a este personaje, protagonizado por Gabriel Arcand que con sus miradas y esos diálogos tan directos, logra llegar hacer al espectador la emoción exacta y que la experiencia fílmica sea totalmente sublime. Le descubrió en Le Démantellement y ya supo que iba a actuar junto a Pierre Deladonchamps.

Uno disfruta fácilmente con”El hijo de Jean”, sólo tiene que tener la predisposición de ir dejándose llevar por silencios, miradas y esos diálogos concisos pero que encierran todo lo que cualquiera está pensando en ese momento. Es un drama de los que te dejan huella por reflexionar acerca de cómo podemos reaccionar en diferentes situaciones que la vida nos plantea. Y como reitero, disfrutamos de excelentes interpretaciones que hace que el ritmo se lleve mucho más ágil y captemos cada esencia de gestualidad de las escenas.

Nota: 6 Arcones

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