DORMIMOS SIN SABER SI MAÑANA HABRÁ MUNDO

Les voy a anticipar lo que no deben hacer a la hora de disfrutar de “El Mago”. Y se lo puedo garantizar a ciencia cierta porque fue lo que a mi me ocurrió.

Tras toda parte que no se puede desvelar a la hora de hablar de la trama de esta función, me dediqué desde el comienzo de la misma a estar pendiente de dónde podía estar el truco para despistar al espectador. Como si del propio mago del título de la obra se tratase, no paraba de mover mi cabeza hacia los diferentes elementos de la escenografía a ver si cambiaban de lugar, o analizar cada palabra de cada personaje y hacia donde se dirigían sus movimientos. Este intenso análisis no me permitió al completo poder disfrutar de la representación, y lo peor de todo hacer lo que más me gusta cuando admiro teatro que es dejarme llevar.

Es gratificante ser partícipe de todos los límites entre la realidad y la ficción que Juan Mayorga plantea en su texto, y que ese legado lo hayan recogido estos actores para explicarnos cómo nos gusta a cada uno de nosotros, huir de nosotros mismos y querer ser voluntarios como en un espectáculo de hipnosis cualquiera, para realizar realmente aquello que deseamos en nuestro interior, y que ocultamos con esa apariencia de convivencia en la sociedad día a día.

Especialmente hay un gran trabajo de Clara Sanchís, en quién nos centramos para dejarnos llevar por su locura en un contexto donde prácticamente no se entiende nada, y ella aporta la luz de su interpretación y de saber vestirse de una Nadia que será el punto de partida de todo lo que vamos conociendo del trasfondo de “El Mago”. El resto de actores funcionan en una maquinaria bien engrasada donde la abstracción, el doble juego y un ritmo especialmente marcado son las mejores herramientas para que el resultado de la distracción y la reflexión instantánea en el espectador vayan funcionando al instante.

El único “pero” que le puedo marcar a “El Mago” es que es para público muy aficionado al teatro. La falta de comprensión desde un primer inicio hasta que se puedan ir encajando las piezas, provoca que mucho espectador se pierda desde el principio si no encuentra un anclaje por el que tirar para mantener su concentración atenta a lo que está pasando. Para ello, está muy bien utilizado el humor y, como hemos recalcado, los movimientos esporádicos o las repeticiones de la protagonista interpretada por Clara Sanchís, y es que permiten un descanso en la intensidad dramática, para luego volver al culmen de esa casa familiar donde todos quieren encontrar la explicación a lo que está ocurriendo.

Recalco que como cualquier truco de mago, el espectador puede creer que todo es mentira pero lo cierto es que está lleno de verdad. No busquen cómo se ha logrado hacer, y siéntanse orgullosos de lo que han podido experimentar.

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