CUANTO MÁS SE ACERCA LA CÁMARA, HAY QUE QUITARSE LA MÁSCARA

Que importante cuando podemos decir de un director que logra siempre sorprendernos con su evolución en los trabajos. Hay realizadores que simplemente utilizan sus recursos que forman parte de su idiosincrasia artística, y que no hay que quitarle la importancia a implantar un sello reconocible para los espectadores seguidores de estos profesionales. Pero a mi me parece más relevante y destacable, quién se ha arriesgado con absolutamente todos los trabajos desde sus inicios hasta este último «El ser querido». Una auténtica joya emocional con un homenaje al propio cine de la mano de Rodrigo Sorogoyen.

Lo más importante tras salir de la proyección es que quiero verla por segunda vez. Ha habido tanta información y tantos matices a la hora de recomponer este puzzle de la relación de padre/director e hija/actriz que estoy pudiendo procesar todo lo increible que me ha llegado, desde esa dosificación de datos que vamos teniendo a lo largo de las escenas, como además la utlización del propio cine como mecanismo para desvelar todas las aristas que faltaban por engranar en ese vínculo de los protagonistas, Esteban y Emilia.

Es muy importante, de hecho, ese metalenguaje que se ha reflejado en un nuevo maravilloso guión de Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen. La película no se te puede hacer larga por lo bien que te mantiene la tensión y el ritmo de esos reproches y acercamientos constantes, y también porque no para de innovar en la utilización de recursos para hacerte llegar todas las capas de diálogo y miradas, y que el espectador gracias a esa propuesta de atmósferas y color pueda llegar a entender que está pasando por los personajes.

Hay muchos momentos a destacar de «El ser querido». Desde el comienzo con esos complicadísimos primeros planos que ya nos marcan ese punto de partida impresionante del trabajo de Javier Bardem y Vicky Luengo, hasta los momentos más algidos y duros de comunicarse con dolor como no han podido hacerlo en 13 años que han estado sin verse, que se muestran con una realidad incómoda donde se mantiene al espectador tenso, en esa forma tan inteligente de entender a ambos cuando les puede una propia situación de presión de rodaje, enmascarada con ese sufrimiento sin resolver entre ambos.

En mi propio ejercicio personal entiendo ambas posturas. Y es otra de las razones por las que esta película está genialmente trabajada. Un progenitor ha estado ausente pero intenta remediar esa culpa ofreciéndole una oportunidad a su hija que puede ser importante en su carrera, aunque evidentemente no puede compensar tantos años de desamparo, pero si valorar una intención de reprimir errores. Y en el caso de la hija, contemplar unas dudas constantes por no fiarse de alguien fundamental en tu vida que marcó de manera muy negativa unas etapas importantes de tu infancia y adolescencia, pero que en el fondo, ella quiere siempre que exista esa unión, porque renunciar a un amor de padre es muy difícil.

Como también destacaba, tanto Javier Bardem como Vicky Luengo han hecho una labor profundamente impresionante en sus roles. Un lección que me ha recordado muchas veces al teatro, y que les veía encima de un escenario brindando esa magia preparada que ha despertado en mi tantas emociones diferentes en su comunicación verbal, y especialmente en la no verbal. Hay que estar orgullosos de nuestros artistas nacionales cuando son capaces de ofrecerte una propuesta tan auténtica y exquisitamente profesional. Desde «Mar Adentro» no disfrutaba de este Bardem pletórico, y ella me ha recordado mucho a su Tessa de «Prima Facie», así que es un regalo haber sido testigo y receptora de sus actuaciones. Especialmente me ha gustado esa línea divisoria entre ser actriz y ser su hija. Un equilibrio que ha sido muy tenso de llevar durante todo el metraje, pero que era de las cuestiones más imprescindibles para mi en cuanto al resultado final tan óptimo.

En «El ser querido» se expresa que «uno encuentra el tema después de hacer la película». Yo añado que uno experimenta las buenas sensaciones que el cine te hace llegar, para que se palpe en todo tu ser gracias a películas como ésta. Y sigo convencida que Sorogoyen me seguirá sorprendiendo en su prometedor futuro, utilizando todos las herramientas que tenga a su alcance.

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