QUÉ MAL HICE

El Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro arranca en esta 38 edición con los estrenos de “El sueño de una noche de verano” dirigida por Tim Robbins y la nueva producción del Centro Dramático Nacional, “Enrique VIII y La cisma de Inglaterra” a la que tuvimos ocasión de asistir en su primer día en el Hospital de San Juan donde se representará hasta el 12 de julio.

 

11402770_1029926550358362_4958572004340204457_n

 

Después de seis años tengo la oportunidad de volver a este escenario donde la propia Compañía Nacional De Teatro Clásico me regaló una divertida y maravillosa versión de “Las manos blancas no ofenden” del propio Calderón de la Barca, al que también recurren en esta ocasión para ofrecernos “Enrique VIII y la cisma de Inglaterra”. Uno de los impactos que me hicieron recordar la suerte de poder disfrutar de estos montajes fue escuchar a una de las actrices que me cautivó, en su momento, por su proyección de voz que es Pepa Pedroche. Y es que cualquier amante del teatro, no sólo del clásico, cuando ve obras de este calado sabe con certeza determinados aspectos que le van a atraer nada más empezar la función.

Uno de esos atractivos es la escenografía con un trabajo magistral de Juan Sanz y Miguel Ángel Coso con puertas y ventanas desde donde aparecen en el momento y en la posición que tienen que hacerlo, los diferentes personajes que rodean a Enrique VIII y el cargo al que pertenecen. Sorpresas constantes que te ayudan a ubicarte en cualquier momento de la trama para seguirla con más ímpetu al igual que el trabajo de la adaptación del verso que resulta fundamental en este tipo de diálogos.

El otro es el vestuario con el estilo impecable de Pedro Moreno y su equipo. Trajes que no dejan de deslumbrarte y que te hacen morirte de envidia porque te encantaría lucirlos de esa misma manera y que logran, también, ese objetivo de mostrar el carácter de los personajes y ayuda a entenderlos mejor en sus distintas interacciones con los demás actores del elenco.

 

11540933_1029926457025038_5691429339614395869_n

 

“Enrique VIII y La Cisma de Inglaterra” es una obra de las menos conocidas de la obra de Calderón de la Barca, lograda gracias a un trabajo de estudio profundo del responsable de la versión, J.G López Antuñano. Algo que ya no llama la atención a los que conocemos la trayectoria de esta compañía y de sus responsables, puesto que una de sus máximas siempre ha sido rescatar estos tesoros de nuestra literatura, a los que sólo les hace falta su toque mágico para hacerlos realidad.

Lo que más se destaca de los personajes de esta trama son sus comportamientos irracionales. Cómo cualquier persona, que además regenta un cargo de responsabilidad, no lo asume en pro de su propia felicidad. Si quiere estar con Ana Bolena, busca la manera de evitar sus culpas y poder cumplir su deseo. Ana Bolena renuncia a su verdadero amor por lograr el poder que siempre ha querido. El cardena Volseo ayuda a favor de sus propios intereses. Y, en definitiva, todos los cargos que nos presentan denotan esa búsqueda de querer hacer lo que ellos quieren, sin pensar en las consecuencias que pueda causar a los demás. El puro egoismo que solamente el poder logra sacar de nosotros que obvia todos los cometidos que se tienen de antemano.

Esa irracionalidad en donde más se hace evidente es en el papel de Enrique VIII encarnado por Sergio Peris-Mencheta. En ciertas ocasiones, le vi de nuevo reflejado en ese Marco Antonio que tanto me deslumbró en la versión de “Julio César” de Mario Gas. Muy extremo en todas sus decisiones y él lo hace ver con su actuación física y vocal. En ocasiones, para mi gusto un poco excedido y con una pérdida de lo que es el acento que asume, porque incluso, en ocasiones, parecía que seseaba y me distraía de su discurso. Pero hay que tener en cuenta que un estreno en Almagro siempre hace perder los nervios al encontrarnos en estos espacios emblemáticos y quizá eso le pasó factura, al igual que alguna perdida en el discurso de Joaquín Notario en su papel de cardenal Volseo

Obviando esto que es anecdótico, el conjunto actoral y de escenografía y vestuario funciona a la perfección. La historia de ese descontrol pasional se va llevando bien en cada una de las escenas y deja un profundo reposo sobre esas decisiones trascendentales de nuestra vida que, muchas veces, las tomamos de una manera desmedida y sin pensar en todas las opciones posibles.

Algo que si he notado es la pretensión de no sólo centrar lo que se pretende contar en la figura de Enrique VIII. La nota cómica la pone el divertido Pasquín, que encarna en su debut con la Compañía Nacional de Teatro Clásico, el actor Emilio Gavira quién también ejerce un papel de concienciador crítico de su amo o la que, para mí, es la más deslumbrante de este montaje que es Pepa Pedroche con un manejo del verso y de la proyección que voz que, junto, a la determinación que le construyen como la esposa despechada, consigue tener un protagonismo muy agradecido que sirve para comprender mejor a todas las figuras que tenemos en el escenario.

Las funciones seguirán en este Hospital de San Juan almagrense hasta el 12 de Julio a las 22:45. No deben perderse este trabajo tan profundo y que muestra una enjundia de razonamiento y de contemplación visual imprescindible. Encima, todo está ambientando con la música del trío compuesto por dos flautas de pico (Anna Margules y Trudy Grimbergen) y una viola de gamba (Calia Álvarez). No necesitan más ingredientes para disfrutar.

¡Compártelo!
Share on FacebookTweet about this on Twitter