005_xp1m2aLa factoría Damon y Greengrass sigue funcionando. De hecho, era el principal motivo por el que me animaba a ver esta última entrega de la saga de Jason Bourne, que hizo olvidarme de alguna película que se hizo con un actor diferente que pasará al foso de los desamparados, como aquella cuarta película que dicen que se hizo de “Indiana Jones”.

Se echaba de menos esta combinación porque vuelve a recurrir ese tinte clásico de thriller de espías. Le añade una historia más moderna y con una contemporaneización clara de nuevas tecnologías, absolutamente necesaria y que queda a la perfección en ese continuo interés del protagonista en descubrir más información acerca de su pasado. Pero además, nos brinda unas escenas de acción que son puro deleite desde la butaca de cine.

Bourne empieza diciendo “me acuerdo de todo”. Y eso, sabiendo toda la trastienda que hemos conocido en las anteriores historias, es ya mucho. De ahí, partimos en un camino de reencuentros y flashbacks más acuciantes que le hacen forjar su memoria de una manera más fija, pero sin perder esa esencia que nada más ver a Matt Damon, sabes que es Bourne. En esa búsqueda, todos los oficiales de FBI, CIA y demás, utilizan todas las armas cibernéticas posibles para detener a una auténtica arma creada por ellos. Y es un alarde de imágenes mezclado con ese ritmo pausado que el director, Paul Greengrass, ya nos venía acostumbrados que, conjugan a la perfección y que convierten a esta película de “Jason Bourne” nuevamente en una buena historia de acción, que entretiene y que ya la propia evolución de este protagonista nos resulta acertada y que se aproxima a lo que íbamos conociendo de esa personalidad, que se va forjando después de todas las peripecias que ha tenido que pasar.

Personalmente, me han parecido encantadoras las canas de Bourne. Hubiera esperado que desaparecieran por un héroe de los que ahora se ponen más de moda, muy perfectos y que cada vez parecen más jóvenes. Y no siendo una fan ni entusiasta fisícamente del señor Matt Damon, es realmente sorprendente lo que ha conseguido con este héroe que se pelea en un estado de forma impresionante. Se nota lo que ha trabajado para curtirse en esa piel de persona entrenada pero que vive huyendo de quienes le han creado y le da una interpretación perfecta que traspasa la pantalla hacia nosotros.

Merece la pena no perderse este “Jason Bourne” por las escenas de acción de persecución de coches tanto al principio como al final de la película. Y dos actores que marcan la consecución de acciones que le ocurren al propio protagonista, Vicent Cassel que es un antagonista increíble que también se ha preocupado en tener ese ejercicio físico y de venganza contra Bourne y que deseas desde el inicio que tengan ya la escena juntos de una vez por todas y Alicia Vikander, que tras su oscar a mejor actriz de reparto por “La chica danesa” se va a convertir indiscutiblemente en una de las miradas más bellas que se pueden ver en escena y es un contrapunto inteligente y decidido que ayuda mucho a que el resultado final sea meramente satisfactorio.

Abstenerse, como pude ver en mi propia sala de cine, quién espere una película de acción con ritmo incesante, coches que vuelen y diálogos sin cesar. No está pensada para ser una película de acción contemporánea aunque su temática incluya al propio Snowden y nuestra propia concepción sobre cómo estamos y nos ponemos externamente visibles en las redes sociales. Va más a otro tipo de concepto, más analítico y de profundidad de sus personajes y las relaciones entre ellos. Y por ello, resulta más lenta si no eres capaz de entrar en la propuesta de Greengrass y su manera de explicar el futuro de este agente de élite de la CIA.

Y como curiosidad, es divertido seguir el papel de Tommy Lee Jones que, no siendo igual, también persigue a un “fugitivo” como le ocurrió en la película en la que obtuvo el Oscar. Y, otra más, si estáis avispados al comienzo de la película aparece un cartel promocionando un concierto de Ana Belén y Víctor Manuel. A ver si lo veis igual que yo.

La banda sonora es de David Buckley y John Powell. Pero yo me quedo con una de las canciones que utilizan de Moby.

Nota: 7 Arcones

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