Crítica «Jasón y las furias» – Festival de Mérida
SANGUINARIA NATURALEZA HECHA TEATRO
Estaba teniendo un problema personal en este periplo que llevo de funciones en el Teatro Romano de Mérida, y es que me cuestionaba si no tendría que actualizar mi propia mirada de nuevos lenguajes ante propuestas anteriores, que me costaron entender y seguir el hilo como ya argumenté en su respectivo momento, y lo primero que tengo que agradecerle a «Jasón y las furias» es que he podido ver mi teatro de verdad y de piel, recordándome porque esta disciplina es de las que mejor nos hace reflexionar y sentir cuando hay un gran trabajo de texto, dirección de actores y un esfuerzo interpretativo de absoluto respeto al público.
Todo este mito versa, como tantos clásicos, en aspectos reales a los que darle un punto de partida para llegar a una conclusión repleta de reflexiones, y en este caso, el sentimiento de traición es primordial frente a otros muchos que van surgiendo de la función.
Jasón no dice la verdad y utiliza la mentira contra sus propios intereses. Y como ser humano con ínfulas de héroe en un entorno de dioses, cuando quiere rectificar por el perjuicio a su propia familia, tiene que asumir las consecuencias que derivan de esas injurias. Para lograr su objetivo tiene que renunciar a la mentira y desprenderse de engaños, y en mayor o menor medida, a todos nos cuesta no traicionar a la verdad.
Pero además esta obra habla de dolor, que resulta ser de las armas más poderosas para sacar lo peor de nosotros mismos, y establecer una lucha activa para ir liberando ese sufrimiento, y donde tan acertadamente se ve en este espectáculo es en las mujeres. Los diálogos reflejan todos los sacrificios, entrega por amor y desequilibrios ante los hombres. Esa naturaleza femenina que se describe en el montaje que siempre nos hace guiarnos tanto por parte de Medea, Creúsa y su propia madre, Alcimede dentro de la venganza, el despecho y el rencor. Jasón es la unión de todas ellas, y las coloca en el lugar pertinente para valorarlas en sus juicios que practicamente son situaciones al límite, y no se justifica lo que nos pueda parecer más inmoral, pero sí hay un ejercicio primordial de entendimiento, que es básico para formar ese pensamiento crítico, que tanto defendía un maestro como Jose Luis Sampedro.
Hay aspectos fundamentales que han ganado mi corazón en este «Jasón y las furias», y empiezo por el juego de luces exquisitamente preparado para acentuar la mirada en lo importante, y que esas vivencias fueran dejándose llevar con más fluidez, además ayudaban en muchos casos a los actores a poder tener tiempo de colocar adecuadamente la escenografía, un increíble trabajo creativo de la mano de mi Nando López conservando ese espíritu clásico pero con un lenguaje actual (incluyendo algún interesante guiño político frente a los ciudadanos), que acentua lo esencial de este viaje tan exquisitamente emocional y no trata al espectador como ignorante involucrando los diálogos de una manera dinámica, una dirección de Antonio C. Guijosa que mantiene un ritmo que permite estar atento a todo yendo al compás de la obra, entendiéndose cada punto que nos lleva al siguiente, y en ese camino evolutivo resalto como momentazo el descenso al Hades que se ha resuelto de manera muy ingeniosa.
Y quiero culminar con un trabajazo en el que he podido descubrir a un elenco tan especial. He sido testigo de un trabajo unido y en familia, remando en la misma dirección con una escenografía que precisaba mucha coordinación y se percibía todo esa gran labor colectiva que han hecho, también me han entusiasmado los juegos en dos planos superponiéndose las voces que cada vez que se emplea de esta manera tan profesional reconozco que me vuelve loca y me involucra mucho más en lo que se está transmitiendo en ese momento, y me chifla que el coro POR FIN tenga su función principal en un espectáculo con este entorno idílico y esas furias eran completamente idóneas para marcar esos puntos tan importante que determinan el destino de los personajes, en definitiva las grandes protagonistas junto a Jasón.
Y en otro párrafo destacado necesito ensalzar la interpretación de Jose Vicente Moirón y Carmen Mayordomo. El hecho de que el arte sea importante en mi vida, es cuando descubro a artistas de esta índole. Jasón y Medea han sido suyos desde mirarles de frente, cuidando e interiorizando ese texto con una fuerza y energía que hacía mucho que no se me sobrecogía tanto el corazón desde el asiento. También sus monólogos impactaban mucho, pero esas escenas en conjunto han sido un regalo de vida que no olvidaré. Doy gracias por seguir disfrutando de estas sorpresas con tantos actores y actrices que espero que se planten sorprendiéndome con sus propuestas.
Decían en la función «conjuremos el presente para que sea futuro», hagámoslo para que compañías como «Teatro del Noctámbulo» nos hagan seguir recorriendo más mares desde su barco escénico.






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