CONTAGIANDO UNA EXQUISITA BOBERÍA

Ayer tuvimos la ocasión de presenciar el estreno de “La dama boba” perteneciente al taller de interpretación de la Escuela de Arte Dramático de Málaga. Una opción más que idónea para adentrarse en la época clásica del Siglo de Oro español y donde tenemos la ocasión de empezar a visualizar a diferentes actores y actrices que desempeñarán muchos más personajes en su futuro.

La primera obra de teatro de Lope de Vega que tuve ocasión de disfrutar fue precisamente ésta. La dama boba. Coincidió además que decidí ir a verla con una joven que está empezando a ilusionarse y descubrir las buenas sensaciones que te ofrece el teatro y que sus sensaciones se iban a parecer a esa primera oportunidad donde ya no pude escaparme como espectadora de teatro. En esta crítica voy a utilizar mis sensaciones como teatrera que ya ha visto mucho sentada en el patio de butacas frente a su visión más primeriza pero, a la vez, muy auténtica.

Los alumnos de este taller de interpretación cuidaron aspectos muy básicos en su representación. El respeto al verso donde se debe decir con intención pero también con una proyección que pudiera llegar a todos los espectadores que nos reunimos en ese auditorio de la escuela de arte dramático de Málaga. Fue una premisa que  prácticamente cumplieron todos. Y resto valor al hecho de empezar con esos nervios propios de la ocasión pero que se fueron disipando a medida que los personajes aparecían y se representaban.

Entendieron la comicidad del momento y, a pesar, de que entiendo que algunos aspectos se deben exagerar en demasía y, en ocasiones, actualizar esos gestos para mejor entendimiento de un público no tan conocedor de esta época teatral, lo llevaron con una intensidad y desviviéndose de una forma que echo de menos en las tablas más conocidas y con obras más representativas. Esas ganas unidas a un estudio de ese ritmo teatral, unos puntazos de humor muy bien interpretados  y el contraste de esos personajes tan carismáticos, provocaron que “La dama boba” resultara una obra divertida, fresca y que ayuda a que se resalten las mejores cualidades de cada uno de los actores.

Yolanda Barranco sabe jugar con ese Finea boba y no únicamente ayudada por un vestuario que ya es risible, sino por su entrega a esta niña a la que todos echan a un lado y no hacen caso, a aprender a quererla con sus tonterías y disfrutar con esas excentricidades que le hacen ser personalmente uno de los mejores personajes que ha escrito Lope de Vega en sus obras. Carmen Blanco como Octavia y Alba Gallego como Nise tienen esas características en las que además de lo descrito por el autor, ellas le aportan una serie de aportes personales que los enriquecen y provocan de los momentos más cómicos durante la representación, Nicolás Colón tiene para mí uno de los desafíos más atrayentes en estas obras, ser el “Teodoro” de “El perro del hortelano” pero, en esta ocasión, es el Laurencio de “La dama boba”, moviéndose por dinero con su galantería que. cada vez, se transforma en más humano a medida que conoce la protagonista. Salva el buen reto y se convierte en un galán muy destacable. Bien por Jose Manuel Vacas, Irene Cervantes y Sabrina Chávez acompañando y desarrollando detrás de la escena principal los diferentes matices que enriquecen el escenario y que logran que no quieras perderte detalle en ninguno de los rincones y bravo por la gran pareja cómica de Ismael Alvéndiz como Turín y Sergio Pastor como Liseo. Cuando uno entrega lo mejor de si mismo, el público lo agradece como hicieron durante todo el tiempo que duró la historia y tiene más mérito cuando este tipo de personajes no cobran tanto protagonismo en lo que es el desarrollo de la trama, pero ellos logran centrarla de una manera muy gustosa con la que disfruté muchísimo.

Quizás mi pequeño obstáculo fue para la música. Muy alta en determinados momentos de los diálogos de los actores que dificulta el entendimiento de su conversación y que distrae y molesta en lo que tenemos delante. Su recurso entre escenas para mí queda ya en buen uso, teniendo en cuenta que tampoco es una banda sonora propia del espectáculo.

Utilizaron el espacio de manera muy acertada para concretar los diferentes momentos y en qué tiempo nos encontrábamos en cada una de las escenas, una iluminación muy certera que simbolizó los momentos diurnos y en una manera que se vislumbró realmente preciosa simulando una luna y su reflejo en el escenario y el vestuario se prestaba a ese humor de los personajes y a reflejar esa época en la que nos encontramos. En esta obra se pretendió mostrar que no todo es lo que parece, que no nos dejemos guiar por una primera sensación y que hasta el más bobo logra encontrar su lucidez gracias al amor. Amor al teatro para diversas generaciones que han conseguido estos alumnos. Mi más absoluta enhorabuena.

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