ESA VENTANA NO SE PUEDE ABRIR

La compañía «Histrión Teatro» presentó ayer su montaje «La isla», en mi primera visita al Teatro Ciudad de Marbella después de estos tiempos de pandemia. Volvieron a hacer gala que, para poder disfrutar en su plenitud de todo lo que engloba sus creaciones, hay que tener al menos un bagaje teatral que te permita estructurar las piezas metatrales que conlleva una función como ésta.

En cuanto se organizan las piezas escénicas de Gema Matarranz y Marta Megías, y las piezas emocionales de Ada y Laura, la obra fluye en esos agradecidos 70 minutos que dura. Lo recalco porque no sé la última tendencia de muchas funciones de extenderse demasiado en historias que habría que buscar cómo llegar al espectador para que se le remueva por dentro el objetivo que se pretende. En «La isla» se va al grano, y entendemos toda la trama ética y moral de las dos actrices que interpretan a las dos protagonistas desde el principio.

Utilizan mucho especialmente una atmósfera de luces que nos hace saber que estamos en un ensayo, pero también en esa sala de espera donde el tiempo no ocupa lugar, y se descontrolan los nervios y las ansiedades. Esa iluminación juega evidentemente como un personaje más, y ayuda a entender ese contexto que, como decía, gracias a la experiencia en ver diferentes montajes, entiendes de qué manera quieres que esa incertidumbre y dudas, que al final son las realidades de la vida pasan por nuestro filtro, las entendamos a nuestro juicio para poder posicionarnos o reflexionar.

Lo que también se agradece que encarna de una manera brutal, Marta Megías en su actuación, es el humor. Esa parte en la que se necesita relajar toda la tensión humana que se genera entre ambas protagonistas, y que es un bálsamo ideal para luego ir cogiendo con fuerza, todo el sufrimiento y dolor que expresa Gema Matarranz en su cuerpo y en sus diálogos. Un equilibrio que parece imposible, pero que ambas llevan a la perfección. El viaje es único y difícil de gestionar porque hay que estar atentos a todo lo que de manera fluida te llevan ambas artistas y porque la información se va dosificando a medida que avanzan esos actos en los que se divide «La isla», pero el resultado es óptimo y merece la pena pagar un billete por vivir esos convencionalismos que tenemos asentados, y que se ponen en la palestra de una manera muy inteligente y a corazón abierto, incluso con acciones más sobresaltadas que escapan a nuestro control y que en eso nos podemos sentir muy identificados en nuestro día a día.

Aunque en la historia principal hay una ventana que no debió abrirse, hay que dar gracias a la cultura, y al equipo de Histrión Teatro, en este caso, por permitirnos que abramos ésta, que hace que la mente pueda hacerse cargo de abrir otras igual de importantes.

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