¿PARA QUE SIRVEN LOS GUERREROS?

Troyanas_EnsayoLa compañía “La imprudente” logra llenar en su estreno en el Teatro Romano de Málaga con esta declaración en clave femenina que pretende captar la atención del espectador rodeándose de preguntas. Unas troyanas que dejan mensajes y cánticos que, como última oportunidad, los pueden escuchar hoy miércoles a las 22:30.

Hécuba empieza pisando fuerte el escenario del Teatro Romano de Málaga. Una tónica que no necesita más elementos que su propia presencia, un vestuario que determina a cada personaje femenino y su dolor y el mensaje que cada una de ellas tiene que decir. Así de inteligente es la propuesta que “La imprudente” nos presentaba en “Las troyanas” en su estreno dentro de este ciclo teatral estival. ¿Quién puede expresar mejor el dolor del sufrimiento que una madre o una mujer que ha perdido lo más importante de su vida? Y lo que más me ha sorprendido de este montaje es que, a través de ellas, se plantean las mejores preguntas. Es un buen trabajo de equipo en el que reflexionas con cada diálogo y con muchas de las conclusiones. Y si encima lo acompañas de esa sensibilidad femenina, ayuda a que esa conexión sea más factible y real.

Hubo dos momentos esenciales en los que me mereció la pena no perderme esta obra. El primero cuando Hécuba argumenta que “¿para qué sirven los títulos en una tierra que no me quiere?”. Una idea clásica que se puede trasladar a los tiempos de hoy en día y que no pensaba que pudiera surgir en una idea de estas características. La segunda es la profunda rabia de Andrómaca cuando implora la necesidad de que las mujeres puedan engendrar a guerreros, poniendo en cuestión el propio valor de meternos en guerras que hace que perdamos a nuestros seres queridos y que nos posiciona en meditar para qué sirven y en qué nos ayudan. Pero son las que más me llegaron, lo importante es que indiscutiblemente a cada espectador, recibirá lo que más quiera percibir y en ese equilibrio actoral reside la fuerza de “Las Troyanas”.

Eché de menos más coreografía como la que se nos presentaba en el comienzo de la obra, puesto que al no necesitar escenografía si que le daba un empaque muy especial y visualmente bello para meterte de lleno en la historia. Las partes corales más cantadas, resultaban apropiadas pero no me transmitían tanta fuerza como esas partes más bailadas. Hubiera estado bien jugar más con ambos elementos, ya que el discurso de algunos actores se perdía por la rotundidad de esas voces a la vez y se notaba, aún más, en esos monólogos contundentes que, en el vacío de esa ambientación, cobraban mucha fuerza con la interpretación de los actores. Y por quitar, alguna expresión actual que aunque su sentido era más de contundencia contemporánea, personalmente me choca en un mensaje que me estaba llegando tanto y que no era necesario para entender lo que ya estaba muy implícito y explícito.

Destaco ese trabajo en conjunto porque los actores masculinos elaboran estupendamente su mensaje, precisamente de guiar el discurso de Las Troyanas y de ir marcando el dolor que van a reflejarse en sus rostros y, por ende, en sus discursos. El heraldo Taltibio determina los destinos de esta troyanas y marca los tiempos en que ellas tienen que llegar a su respectivo futuro. Mientras que Menelao, con una voz y presencia increíbles de Andrés Suárez, representa a la única imagen masculina a la que ellas deben someterse pero, en su ejemplo, ves a todas esas figuras que ningunean a las mujeres y que ni siquiera consideran sus razonamientos y exigencias.

Si deciden disfrutar hoy miércoles a las 22:30 de ese último pase en el Teatro Romano de Málaga, esas osadías de no tener en cuenta ese sufrimiento ni esa falta de empatía por pensar que esas guerras nos quedan lejanas, se les van a quedar en sus propias cunetas. No tendremos una guerra por la que muchos de nuestros familiares tengan que huir a otros países pero, como expresa Hécuba en un momento dado de la obra, estamos rodeados de corruptos y esas guerras tampoco tenemos porqué soportarlas. Les animo a que escuchen este canto teatral para que no se permitan que les resulte clásicamente lejano.

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