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He podido disfrutar, aunque si hablamos de duelo no sería el verbo más adecuado, pero sí que he tenido la oportunidad de reflexionar sobre nuestra pérdidas vitales en diferentes films como el que se menciona en “Litus” de “Los amigos de Peter” o uno de los que siempre he tenido muy buen recuerdo como es “La torre de Suso”.

Con “Litus” he tenido una sensación agridulce, como que las intenciones son muy buenas partiendo de una función teatral, donde además el realizador no se ha ocultado en la intención de mantener el guión y la estructura de esa misma tesitura, e igualmente las interpretaciones son las que tienen el gran peso y hacen que funcione todo el trabajo de presentación de personajes, ubicar qué sentido tienen cada uno en la vida de “Litus” y cómo nos derivan hacia la conclusión de la película. Pero mi sensación tiene que ver con parte del trabajo no hecho y demasiado a la formación del espíritu del espectador. Con información oculta aposta pero que me hubiera ayudado más a identificarme con cada personalidad de los perfiles, y entender porqué asumen así la perdida del protagonista que no aparece que es el difunto.

Entiendo la intención de mantenerlo como escenario teatral y una maquinaría de entradas y salidas que ayuda a que todo lo sutil se vaya entendiendo conforme nos van llegando más datos, pero creo que siendo cine debería haberse hecho otra labor de adaptación con el tono y el ritmo, que permitiera que esa visión teatral y su dinamismo se volcara de la misma manera a la versión cinematográfica. Porque después de ver “Litus” con lo más que me he quedado con las ganas es de ver la función teatral que escribió Marta Buchaca, y de la que han partido para crear la trama en pantalla grande.

Lo que sí es de justicia hacer es destacar a Quim Gutiérrez que lleva su dolor y como hermano del personaje tan a piel que a mi me la dejó precisamente de carne de gallina. Una emoción tan intensa y que sabe explotar en cada escena que es un gustazo tremendo sentir su interpretación. Representa las subidas y bajas de una pérdida tan cercana y próxima, enfadarte con él para luego aceptar que se le echa de menos, que se pudo hacer algo, que porqué no se explicó más, que porqué no quiso despedirse y muchas más acepciones que se pueden percibir, incluso únicamente con su mirada. Una grata sorpresa me he llevado con el papel de Álex García, en el que creo que es su mejor trabajo, más sincero y más complicado en la representación de un mejor amigo que busca culpas para no aceptar en su interior que Litus no está. Un carácter con muchas caras diferentes pero todas reales.

Tanto Belen Cuesta como Marta Nieto ofrecen ese contrapunto femenino de la serenidad y el querer seguir adelante, pero sin obviar lo que significa estar sin ese compañero de vida que ha estado a tu lado en los mejores y peores momentos. Tienen también ese saber estar de tener los pies en el suelo y adoptar una postura más pragmática que no deja aparte el sufrimiento y que cuesta tomar esas decisiones, pero las toman. Miquel Fernández expresa todo lo máximo cuando canta, siendo el principal responsable de la pieza de música que resulta como banda sonora de la película. Y el rol que me despistó completamente es el de Adrián Lastra. Creía que iba a servir para que toda esa parte negativa del film se hiciera más llevadera con su personaje de Marco, pero en mi caso me ocurría al contrario. Me hacía irme completamente de la película e incluso resultarme pesado y poco fiel a la realidad. Una exageración constante entre tonterías y partes que parece que decía desde el corazón, pero que no las lograba entender ni empatizar, y si como explicaba todos los personajes trasladan su forma de llevar la muerte, el de él es el que no comprendía en absoluto y no me cuadraba con el resto del elenco. Una pena porque esa función más desahogadora es muy necesaria en una trama de esta intensidad.

La intención es buena y el camino es el deseado para hacernos ver en buenas intepretaciones aspectos de los que somos menos capaces de tratar en nuestro día a día, sólo espero un poco más de profundidad y valentía a la próxima, y no simplemente jugar con los secretos y misterios, si no contar la vida de verdad y porqué a una persona se le puede pasar eso por la cabeza, aunque a la mayoría nos parezca incomprensible.

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