Lo primero que uno siente al ver “Los amores diversos” es mucha envidia. Envidia hacia Ariadna y esa escenografía llena de libros donde puede jugar con todos los elementos que aparecen y mostrar su dolor y rabia a través de ellos. Y no es envidia de la sana, es pura envidia. El Teatro Echegaray que ha sido el marco donde hemos podido contemplar este cuadro escenográfico era pura literatura. Colocados estratégicamente y ayudando a una propuesta escénica complicada donde Rocío Vidal, la actriz protagonista, debe enfrentarse a un texto denso que para que no decaiga en ese ritmo, sorprende y permite que el espectador siga siendo cómplice de lo que se cuenta y no se desentienda. Gran ayuda también un buen trabajo de iluminación que aclara los momentos en los que cita a autores universales y cuando prosigue con el discurso teatral.

Como digo, Rocío Vidal es Ariadna. Una mujer perdida que ha perdido a su capitán de rumbo. Su padre. Una repentina despedida a la que no encuentra explicación y divaga por todas las enseñanzas que él le había hecho aprender a través de los libros que han sido parte fundamental de nuestra vida. Ese es el mensaje que el autor Fernando J.López quería transmitir desde “Los amores diversos”. Ese amor por los libros que deja frases y sensaciones que forman nuestra personalidad y parte de nuestra vida. De ese hilo, Ariadna va tejiendo su propio laberinto y nos explica cómo se siente y vamos anticipándonos a esa historia de la que vamos encajando las piezas poco a poco, como si de un puzzle se tratara.

Quizás hubiera necesitado una historia y una denuncia más concreta. Algo a lo que agarrarme de la propia denuncia que Ariadna quiere transmitir. Puede ser que la intención sea que el espectador saque sus propias conclusiones de todo lo que la protagonista se desnuda, emocionalmente hablando. Pero me ha faltado ese “algo más”, no solo lamentaciones y afirmaciones que te hacen pensar de manera muy seguida. Y, a veces, me sobraba la música porque me resultaba superflua y no me ayudaba a llegar a lo que la actriz me transmitía modulando su voz.

Y siempre destaco porque me parece un reto que es de admirar, el que una intérprete se plante delante de un público tan diferente y de todo lo mejor de su ser y su profesionalidad. Afrontando un diálogo más que complicado, muy medido y, a la vez, que contiene tantas frases citadas y grandes reflexiones difíciles de memorizar. Y se lo trabaja ella sola con un resultado excelente que se transmite desde que pisa ese escenario de páginas. Celebro cualquier disciplina que aborde y logre extender el amor que se debe tener hacia los libros. Los de papel, los de verdad.

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