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Tenía muchísimas expectativas con esta película. El corto del que se extrae el largometraje es de una maestría soberbia en el que en poco tiempo, se puede tener miedo y angustia, y entender el sufrimiento de una madre por sentirse impotente y desesperada ante la incapacidad de poder ayudar a su hijo.

El largometraje pasa a diez años después. Cada espectador puede esperarse cualquier respuesta a esa tensión que ya habíamos experimentado en el cortometraje. El drama no tiene porqué estar servido a todas las intenciones, y los guionistas y el director encuentran las consecuencias de ese hecho trágico con el que nos anteponemos también en el comienzo del film.

Pues bien, la explicación lamentablemente no era lo que yo estaba buscando. E igual eso está bien. No tienen porqué satisfacer todas las preguntas que yo tengo, pero el hecho de ver plasmado ese dolor en un amor intenso y fuerte hacia un niño que no es el suyo, y la correspondencia de parte de éste porque una mujer es capaz de darle unos sentimientos que no había experimentado nunca y que es incapaz de dejarlos aparte u olvidarse de ellos, no me convenció y me hizo irme desde el primer momento de la película para no regresar, excepto en las partes con la actual pareja de la protagonista, una perspectiva brillante de Álex Brendemühl y la escena desgarradora y auténtica de rabia y dolor que Marta Nieto tiene con Raúl Prieto.

Hay una fotografía maravillosa que se refleja evidentemente en ese mar que siempre tiene que estar presente y de fondo, al igual que espero que Marta Nieto vea reflejado en un premio, llamémosle Goya, la gran labor que viene desarrollando en muchos de sus papeles interpretativos, si tiene que ser por éste no me voy a quejar porque su calidad como actriz lo merece, pero hasta me encantaría que simplemente se lo llevase por una belleza de papel como en el corto «De repente, la noche».

En concreto con esta intencionalidad me vino a la cabeza «El doble más quince» de Mikel Rueda en el Festival de Cine de Málaga que comenzando de partida con otra circunstancia inicial me metí profundamente en la relación que se establece entre el adolescente y la mujer adulta. Los diálogos y la manera en que entendí porqué se profesaban ese amor me hizo dejarme llevar por la película completamente. Igual mi fallo es esperar que «Madre» me resolviera dudas que no tenían porqué aclararse, quería haber empatizado más con esa falta que denotan los ojos del personaje de Elena desde el primer momento, pero cuando contemplaba alguna incongruencia me iba completamente de la historia. Y quería regresar pero mi atención no lograba entender lo que estaba pasando.

Aún así, el que logra que esa pasión mutua con diferentes acepciones le aporte esa felicidad que tienes cuando disfruta de buenas interpretaciones y una relación bien construida, y que le ayuda con esos silencios y escenas más pausadas intercaladas entenderá «Madre» y no le hará falta nada más. A mi me faltaron más detalles para conectar, y menos acciones que no lograba entender.

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