NAUFRAGIO CONTEMPORÁNEO

Al leer las intenciones de adaptar de una manera más actualizada un clásico de Agatha Christie como es “Muerte en el Nilo”, lo que se destaca es que lo menos importa es descubrir quién o qué ha causado el asesinato, el núcleo principal de las novelas de suspense de una autora como ella. Entonces el objetivo es mostrar el gran motor que impulsa nuestros propios actos y consecuencias, y que se ve reflejado en todos los personajes de la novela. Un gran motor llamado amor que, en este caso, se muestra con grandes dosis de pasión y de seducción por parte de todos los intérpretes sobre el escenario.

Los focos de atención entonces están cumplidos. Esos roles se pasean por esa cubierta de barco con movimientos escenográficos que se asemejan a bailes de cortejo y donde revelan las diferentes emociones que están en sus pensamientos. Ahora el riesgo de una transformación como ésta, es si es efectiva y atractiva para el público también. No hay que olvidar que el teatro es un arte, en el que únicamente no podemos simplemente expresar nuestros deseos sino comprobar qué es lo que recibe el público de una propuesta tan particular y diferente.

Y en mi opinión hay diversos motivos por los que esta contemporaneidad de “Muerte en el Nilo” va perdiendo fuelle a medida que van avanzando el ritmo de la función. En primer lugar, si la función dura casi dos horas y tres cuartos de hora de la misma se utilizan para seguir presentando personajes o dar información sobre ellos, resulta agotador para el espectador. Hay un momento en el que no se puede retener tanta información, y que incluso se pierde de todas las tramas personales que aparecen en escena. Está planteado de tal forma que siempre haya algo revelándose desde esa plataforma que simula el navío que está haciendo ese crucero por el Nilo, pero el orden es tan desestructurado y hay, además, elementos externos para ambientar todo lo que quieren contar, que es imposible no perder en algún momento el interés de ir conectando todas las piezas del puzzle para saber qué está pasando.

Si que es positivo la utilización de la música en directo, la voz de Paula Moncada es un prodigio que no quería nunca que acabara en ninguno de sus temas bajo el talento también al piano de Dídac Flores. Pero esa danzas para desplazarse de un momento a otro, a pesar de esa estética tan bella, no me ayudaban a centrarme en los leit motiv de los roles o que captara mi atención porque relajaban aún más el tono general de “Muerte en el Nilo” y la sensación de duración de la representación se me hacía más tediosa de lo que realmente era.

Además, no sé si estamos preparando correctamente las proyecciones de voces en lo que a preparación actoral se refiere. Pero ya me pasó con “Un marido ideal” y me volvió a pasar con “Muerte en el Nilo” que muchos diálogos, especialmente si los actores hablan dando la espalda al público, costaba muchísimo entender qué se estaban transmitiendo y eso también lógicamente no ayuda a que se pueda disfrutar el conjunto entero de la función.

Me quedo con la música que de verdad era como asistir a un concierto de una calidad increíble y sí que me ayudaba a determinar qué se quería contar, dónde nos encontrábamos y qué aspectos importantes estaban pasando en ese momento. Y también me gustaba la parte en la que los actores jugaban con las maletas por el escenario significando los distintos escenarios encima de esa cubierta de madera que estaban siendo de interés en esos instantes, para mi algo más artístico e interesante que la parte coreográfica más de movimientos sensuales entre ellos. Desde el patio de butacas la estética no podía ser más sorprendente con una escenografía funcional que permitía sentirnos directamente en uno de los camarotes de este crucero.

En definitiva, yo alabo muchísimo quienes quieren hacer algo diferente y mostrar su particular visión de que es lo que se quieren centrar a la hora de abordar un clásico de estas características, la pena de esto es que el resultado también va en ese mismo equilibrio, y si el barco oscila entre grandes olas la sensación de mareo no se puede evitar.

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