Me gusta que la locura siga derivando a más locura. Plantear de base alguien que se quiere suicidar a los 60 años y que debido a ello, le puede entregar su páncreas a uno de sus amigos que lo necesita, creo que no se le puede ocurrir a mucha gente. A más inri, hablan en verso. Encima cantan, y por ponerle ya un broche aún más enajenado, los gestos y movimientos de cada uno de los personajes que interpretan son prácticamente inverosímiles.


Por la calle no te vas a encontrar un Javilo, un Raúl o un César de los que aparecen en “Páncreas”. Ni falta que hace. Que para eso la ficción teatral te permite jugar con ellos y con los elementos a los que uno puede recurrir. Y precisamente esta es la mejor baza de esta nueva creación dirigida por Juan Carlos Rubio. Sumergirte en esa locura que te explican desde el primer momento que pisan el escenario, ubicarte en la misma y empezar a disfrutar desde el patio de butacas.


De duración corta pero teniendo la evolución que una historia teatral precisa, yendo de menos a más, en un camino continuo de sorpresas imparables que derivan en una explicación sobre nuestro papel en el mundo. Da igual lo que planifiquemos, nuestra suerte no nos la buscamos nosotros mismos, sino que cada día es una auténtica fortuna en la que personalmente tienes que vivir cada segundo y no desaprovechar ninguna oportunidad. 


Tablas teatrales tienen tela los tres intérpretes de “Páncreas”. Da verdadero placer, después de lo que a veces se soporta en algunos tipos de montajes, cómo vocalizan y profundizan la voz tanto Fernando Cayo, Alfonso Lara y la gran proyección de José Pedro Carrión. De verdad, simplemente por eso, no deberían perderse esta obra. Pero ya más allá, es su capacidad de ocupar espacio en el escenario, interrelacionar entre ellos con rapidez y precisión y mostrar su naturalidad de no poder continuar por ataques de risa pero siempre finalmente, lograrlo. 


Como pega, simplemente, el tener ya mucho teatro visto ha anticipado ciertos aspectos que se deben mantener en más secreto hasta el final pero que he podido averiguar sin mucho problema. Ahora, está bien estructurado y preparado para que no suceda. Y por lo que he podido escuchar por los asistentes al Teatro Cervantes, no todo el mundo ha llegado a mi misma conclusión. Así que, igual he tenido suerte. 


Gustazo también esa vena artística en el cante que se contagia enseguida al público y que aumenta las buenas sensaciones cómicas de haber disfrutado de un gran espectáculo complejo que levanta risas y especial reflexión posterior. Les trasplanto mi páncreas y mi corazón si les hace falta. 

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