cartelEn una de las escenas de esta película, Fabrice Luchini, el protagonista, le dice a su hijo, “prefiero que te drogues a que digas bobadas”. Ese tono irónico que consigue darle la vuelta de tuerca a una historia loca, reconozco que me pierde y me encanta.

La horrorosa traducción del título original de “Gemma Bovary” a “Primavera en Normandía” desluce el verdadero sentido de esta película. El protagonista regresa a Normandía después de 7 años para encargarse de la panadería de su padre, siendo un entusiasta de la literatura descubre que, frente a su casa viven unos ingleses y que la mujer se llama Gemma Bovary, por lo que en su imaginario intuye que va a ocurrir lo mismo que se refleja en la obra literaria de Flaubert, “Madame Bovary”

Espiándola desde su casa, ve en los comportamientos de Gemma, los mismos que el personaje literario y quiere que la historia se vaya desarrollando pero en unos límites muy extremos que es lo que logra la gran comicidad de esta película.

Fabrice Luchini se va a especializar en este tipo de tramas, puesto que la anterior vez que tuve la ocasión de disfrutarle en la gran pantalla fue en la menos acertada “Moliére en bicicleta”, pero aquí construye un panadero exquisitamente tierno con el que te dejas llevar enseguida en su locura particular. La belleza para cualquier hombre la aporta escogida más que acertadamente en la actriz, Gemma Arterton. No se puede ser más asquerosamente guapa y atractiva en cada una de las escenas que aparece, y no es de extrañar que vuelva locos a cualquiera que se cruce con ella en esa maravillosa villa de Normandía. Ellos consiguen que esa historia mantenga ese romanticismo caótico en el que es fácil disfrutar por completo de todo lo que va sucediendo.

Ya dando por hecho que toda la región de Normandia es una auténtica maravilla visual, la fotografía de “Primavera en Normandía” no lo es menos, unida a una banda sonora perfecta que te ayuda a armonizar todos los buenos sentidos de Bruno Coulais. Particularmente, mi corazón se estremeció al volver a ver esa catedral de Rouen, difícil de olvidar para los que hemos tenido la suerte de visitarla. Pero tanto el vestuario, el paisaje como la sensación de poder oler ese pan espectacular que se muestra en la película, son un gran acierto por el que merece la pena, apostar por descubrir cómo se pasa esa primavera allí.

Nota: 7 Arcones

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