Y hoy he visto mi película del año. Ya tiene que venir una historia que me encoja el corazón y me tenga en vilo como lo que he podido presenciar con “Spotlight”. Ejercicio de periodismo bien representando y con un absoluto respeto hacia mi profesión, cosa rara de ver y que, en muy pocas ocasiones, me ha emocionado tanto en pantalla.


“Spotlight” cuenta la verdadera historia de la investigación de los periodistas del Boston Globe que se alzó con el premio Pulitzer. Es el nombre con el que se denomina a un equipo de cuatro reporteros del periódico Boston Globe que realiza investigaciones sobre diferentes temas durante meses o años, en función de lo que se necesite. Cuando ese equipo indaga en las alegaciones acerca del abuso a niños perpetrado por miembros de la Iglesia Católica, su investigación desvela la tapadera de décadas en la cúpula del sistema religioso, legal y gubernamental de Boston, iniciando una corriente de revelaciones alrededor del mundo.


Te sientas frente a la pantalla y los tiempos en los que se decide que noticia se tiene que investigar, ver a quienes se puede entrevistar, el enfoque, compartir las notas, las presiones, las dudas y los pensamientos que van fluyendo entre todos los personajes de la historia, son reales. Son espacios que normalmente no se reflejan en las historias periodísticas. Aparece de repente la bombilla que soluciona el problema, el lumbreras que encuentra la fuente perfecta o la pista soñada para el enfoque indicado. En “Spotlight” no hay nada de eso. Eso es lo más grande de la historia. Ves realidad, verdad, te enfadas, sabes porqué no la van a querer publicar, porqué la quieren retrasar o que estás ante algo grande que va a copar la portada.


Los actores están todos extraordinarios, captando la esencia de cada personaje y su propia particularidad. Viendo las categorías de los Oscars, Mark Ruffalo debería dar ese carpetazo que lleva pidiendo desde hace años, porque realiza un estudio del periodista Michael Rezendes, impresionante. Comparable al Dan de “Begin Again”. Doy gracias porque finalmente no lo interpretara Matt Damon. Y doy gracias por esa rabia incontrolada en un momento de la película que me ha estremecido como hacía tiempo que no me pasaba. 

 



El director, Thomas McCarthy, guionista de “Up” y realizador de una película muy desconocida de Peter Dinklage, “The Station agent”, se ha servido de esta historia real presentándola en unos planos que nos pueden recordar a “El ala oeste de la Casa Blanca”, siguiendo siempre a los personajes en su recorrido al destino o utilizando zooms muy extremos. Presenta un ritmo muy inteligente para verificar cada uno de los pasos por los que se debe seguir una noticia y los inconvenientes ante algo que sabes que va a tener una repercusión increíble y que se debe contar con todo el respeto y haciendo justicia a todas esas víctimas de los abusos sexuales de esos curas. Eso es lo que más hace brillar de esta película. 


Y cuando eres consciente de las cifras escandalosas que se presentan, te hacen incluso retomar una curiosidad magnífica por la que recuerdas que te quieres dedicar a este oficio. Aunque el gran acierto de la película es el tono y la forma de desarrollar la investigación. Sin alejarse por completo ni menospreciar las víctimas, el film hace un paso atrás para ganar perspectiva y contar un proceso de investigación local sin usar el sentimentalismo, la escenificación dramatizada de abusos o emplear una intriga propia de thrillers para crear una teoría conspiratoria sobre el encubrimiento de los abusos.

Evidentemente, recuerda a “Todos los hombres del presidente”, pero si me lo rememora de esta manera. Bienvenido sea. Y ojalá ayude a que la gente se de cuenta de lo necesario que es el periodismo de investigación.

Nota: 10 Arcones

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