¿QUÉ VAS A HACER?

Se estrenó el esperado musical “Tick…tick…boom” en el 33 Festival de Teatro de Málaga en el recinto donde mejor se disfruta este tipo de género por su cercanía, el Teatro Echegaray. La propuesta nos detallaba la vida de Jonathan ante la encrucijada de seguir su sueño como creador de musicales o buscar un camino diferente que le permita tener algo más estable

La crisis de los 30 años es un tema que ya ha dado juego en muchas obras de teatro. Se expresan las dudas y más que nada, las metas que la sociedad impone o nosotros mismos y que no hemos alcanzado a cumplir cuando ves el 3 y el 0, aproximándose cual losa que no te puedes deshacer. En “Tick…tick…boom” nos la remarcan con ese propio reloj vital al que se le sigue dando cuerda pero que cualquiera quisiera que fuera más lento y nos mantuviera en esa etapa más infantil donde no hay tantas preocupaciones.

El protagonista es Jonathan que lo interpreta a Arturo Vargas y es el personaje con el que nos tenemos más que identificar. Somos nosotros en esa encrucijada en la que hay que tomar decisiones y asumir los riesgos de cada una de ellas. Por ello, inteligentemente se nos presenta a este hombre que ya no es joven y que encierra muchos miedos que se escenifican en un alarde de gestualidad e inocencia muy extremos. Le acompaña su novia Susan, interpretada por Nerea Vega, que sería la persona de confianza que siempre nos centra y que nos muestra ese lado de decir lo que piensa y no lo que el protagonista quiere oír. Y luego está Michael, que interpreta Andrés Jiménez, y es ese amigo que consiguió lo que quería renunciando a su sueño y provocando esa propia envidia que todos tenemos pero que no nos atrevemos a reconocer. Este amplio abanico de personalidades no juzga que debe o debió hacer Jonathan al cumplir los 30, presenta las múltiples posibilidades y consideraciones para que el espectador sea el que lo valore y quizás, se vaya ideando cómo ha podido ser su propia vida.

Y si es musical, evidentemente, ha estado acompañado por los mejores músicos que cualquier actor de esta disciplina desearía. Es lo que ha engrandecido cada uno de los temas en los que Jonathan y su novia discutían tontamente, expresaban sus sentimientos o se volvían como locos en una tienda de chinos. El gran acierto de “Tick…tick…boom” es disfrutar del talento de estos artistas y dejarte llevar por la banda sonora en la que te envuelven. Gran trabajo de dirección musical y de adaptación y traducción de esa música tan complicada por parte de Nacho Doña, Emilio, Pedro y Agustín.

Estando ante un estreno, era lógico que los nervios afloraran y así ha pasado. Pero lo importante ha sido poder comprobar ese in crecendo que los propios actores han adoptado a medida que la obra avanzaba. Las canciones más seguras, los gestos más firmes y los fallos que hayan podido surgir, se solventaban con naturalidad y hacía que la historia estuviera mucho más viva. Particularmente, me quedo con las canciones más divertidas que hacían que todo eso que nos era conocido de la crisis de los 30, soltara mucha más tensión y relajara todo lo que se provocaba con las letras, pero también las más intimistas donde hemos podido ver con mayor lucidez las voces de los actores y ver en sus caras el esfuerzo porque ese reloj siguiera su curso y poder contentar al público que se congregaba en el Teatro Echegaray.

Es cuestión personal pero me hubiera gustado que la historia se centrara en un mensaje más que dar al público todas las sugerencias para que ellos se formen la idea. Que es lícito pero particularmente me gusta cuando un personaje se moja y me expresa lo que piensa. Y el único cuidado que me mantendría alerta son algunas transiciones, que sin ser excesivamente largas, cuando no están totalmente cogidas de manera rápida alargan las escenas y permite que el espectador pueda perderse o desconectar de lo que está viendo.

El mayor objetivo de esta musical que es el grado de identificación con los personajes y lo que se cuenta se logra, he descubierto unas voces que cuando estaban conjuntamente en armonía han hecho del Teatro Echegaray un patio de butacas más grande y hay un personaje esporádico que ha despertado mi mejor carcajada porque todos los que nos dedicamos a trabajos que aún hay que explicar con profundidad a nuestros mayores, hemos tenido un referente en lo que se ha presentado a escena. Absolutamente todos lo hemos tenido.

El reloj no debe parar, hay que revisar cambiarle las pilas y seguir dándole forma, pero que no pare este “tick…tick…booom”

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