LAS FUNCIONES TEATRALES NUNCA SON INDISCRETAS, LAS CRÍTICAS A VECES SÍ

He tenido la osadía de utilizar y manipular a mi antojo una de las frases de Oscar Wilde en “Un marido ideal” para titular esta crítica y es que, precisamente, el genio irónico de la literatura proporcionó, proporciona y sigue proporcionando perlas que nos pueden seguir ayudando a describir nuestras emociones y las relaciones que establecemos con los demás.

En esta función que protagonizan Juanjo Artero, Ana Arias, Carles Francino, Candela Serrat y Ania Hernández adaptan este texto en el que el escritor visualizaba desde su peculiar óptica esa sociedad londinense ambientada en los años 70, y los juegos políticos y humanos que los distintos personajes realizan para conseguir sus objetivos.

Hasta aquí todo bien, pero colocar todo esto en una propuesta que de diferentes maneras no ayuda a que el argumento se pueda entender bien desde el principio, ni que esos tejemanejes causen una sorpresa de impacto al espectador cuando se revela toda la trama, y finalmente no ayude a una reflexión sobre la política o nuestra propia sociedad, hace que “Un marido ideal” no resulte un espectáculo que divierta completamente o que te quede una satisfacción plena de haber podido disfrutar del conjunto, ni siquiera de nada en concreto.

De partida simplemente colocar el texto de Oscar Wilde en diálogos de personajes sin una acción comprensible que ayude a entender que está pasando, dificulta que al espectador le llame la atención y se mantenga concentrado en el escenario. Además se utilizan recursos sonoros o visuales que a diferencia de acentuar diferentes espacios o recalcar emociones, despista muchísimo y queda una sensación muy extraña de que no se entiende la propia utilización de ellos. Por no hablar de que los roles protagonistas intentan repetir una serie de acciones para intentar despertar unas risas, y prácticamente no encaja ni para esos usos que se les quiere dar. Igual hay que darle una vuelta a ese guión para replantear dichos actos y que se complementen esa sucesión de características con un trabajo más de marcar unos espacios más concretos para que se pueda llegar a entender lo que se quiere transmitir.

Sí que es verdad que a medida que va avanzando la representación mejora de lo que se puede ver en un inicio, principalmente por algo que me resultó bastante bello de ver por su poética, que son las transiciones que se realizan para ambientar la escenografía hacia lo que se necesitaba en cada instante. Especialmente un baile del personaje de Carles Francino con una música de Tuti Fernández donde me entusiasmó ver esa faceta de esta actor, y me gustó ser testigo de esos movimientos para luego proseguir con la trama.

Por lo demás, me quedo con los maridos ideales de mi imaginación o los que en el futuro pueda ver en otras funciones teatrales, en ésta me quedo con las ganas de ver a estos intérpretes en otras posibilidades que vengan más adelante, sean maridos, mujeres, políticos o políticas. Porque como decía el propio Oscar Wilde en el personaje de Lord Goring, “la vida nunca es justa, y quizá es mejor así para la mayoría de nosotros”.

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