HAMPSTEAD-CARTEL-TEST

Hay películas que marcan el denominado cine “más de entretener” que son bien necesarias para que, al salir de la sala, se produzca lo que se denomina “crear buen rollo”. El riesgo que este tipo de género tiene es que se le intente buscar razonamiento desde comienzo de la historia. Si no se entra en el ambiente imaginario y de coincidencias imposibles, difícilmente se le encontrará el encanto a películas como en este caso, “Una cita en el parque”. Curioso título, por cierto, para una trama ambientada en el barrio londinense de Hampstead, que es como se conoce este film en su concepción original. Tampoco hubiera sido un crimen, mantener el mismo nombre, pero ahí entramos en otro debate.

Centrándonos en el relato, éste se basa en el personaje real de Harry Hallowes, conocido como el Ermitaño de Hampstead, un hombre que vivió en el famoso parque londinense y que, en 2007, tuvo que pelear con las autoridades para mantener su estilo de vida. Ahí es donde entra la interpretación del gran Brendan Gleeson, quién se ha convertido en uno de los actores que más me roba el corazón cada vez que aparece en escena. Tiene que ser un cínico, arrogante y brabucón que encaja con su imponente físico pero, a la vez. mostrar esas sutilezas que entran más en el terreno de la ternura. Y lo hace con gran habilidad. Y a su lado, se confecciona una Diane Keaton a quién encuentro en un estado espléndido delante de cámara, brillando con su personalidad tan fuerte y tan marcada, incluso en su vestimenta (vivan sus canas y su boina inconfundible), que quiere dejarse llevar por esa locura apasionada de personaje que vive en una barraca y que hace durante todo el día lo que le venga en gana.

Son diferentes estilos de vida. Esos Romeo y Julieta que la sociedad no entiende y que deben mantenerse separados por la tradicionalidad marcada en estos tiempos, donde creemos que somos modernos. Hay prejuicios por su manera natural de disfrutar cada día. Hay intereses propios que el egoísmo determina para los propios intereses ajenos a los protagonistas. Y hay una intención clara de que el espectador se olvide de su día a día para que se ilusione con esa locura de personajes que realizan Diane Keaton y Brendan Gleeson. Hay mucha incoherencia y casualidades muy obvias, pero todo es en función de esa intención de mandar un mensaje de autenticidad y de creer en los buenos valores del ser humano, conseguido cuando olvidas de contentar a los demás y te preocupas por ti mismo. Él encuentra a alguien fascinada por quién es y ella una manera de hallarse a sí misma.

La estética sigue siendo una señal británica muy fuerte. Esos barrios londinenses de ensueño donde cada escena es una fotografía que colgarías en el mejor rincón de tu casa. Eso sí, mi pega en esta ocasión va dirigida hacia la música, ya que las canciones de la banda sonora me resultaba repetitiva y, las comedias como “Una cita en el parque” se prestan a una mejor variedad y a crear ambientaciones maravillosas gracias a esas melodías de muchas de las cintas que podamos recordar de este tipo, con ese fin de resultar encantadoras.

Esta película es recomendable si se quiere consumir un producto de mera distracción y ensoñación y, como no, reírse de esa manera tan necesaria con personajes tan adorables como los que se han construido para Diane Keaton y Brendan Gleeson. En cualquier otro caso, desde el primer momento, aparecerá la reticencia de una realidad poco palpable y la cita en el parque resultará más que aburrida. A mí, el encuentro cinéfilo me resultó más que satisfactorio.

Nota: 7 Arcones

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