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Hacen falta este tipo de películas, precisamente por el principal miedo a la hora de abordar esta crítica que realizo sobre temas de género, que no se entienda el verdadero motivo y la verdad que encierran el mostrar a la luz este tipo de trabajos. Y olvidarnos de dejarnos llevar por los manidos tópicos, cosa que por cierto se defiende perfectamente en los diálogos de este guión.

“Una cuestión de género” además de ponernos de manifiesto que estamos en una época de total retroceso, y que en el tiempo enmarcado en la película faltaba mucho recorrido por andar, que parece que hemos vuelto al comienzo de ese propio camino, nos realza una figura desconocida: la de Ruth Bader Ginsburg, la octogenaria jueza de la Corte Suprema de Estados Unidos, célebre desde los años 70 por su lucha en favor de la igualdad entre hombres y mujeres e incansable azote del presidente Trump. Pero que para muchos, entre las que me incluyo, es una gran desconocida a la que le hacen un más que reconocido homenaje por parte de todo el equipo de este film, encabezado por una gran protagonista que cree fielmente en el personaje que interpreta como es Felicity Jones.

“Es maravilloso interpretar a una mujer con un corazón y una humanidad increíbles por la que siento un profundo respeto y que me resulta inspiradora en mi vida personal. Hay mucha gente con autoridad que carece de principios. Especialmente en los últimos años, es muy difícil encontrar líderes a los que puedas respetar; la mayoría de las veces parecen completamente idiotas”, así habla la protagonista en un trabajo en el que lo más importante es llevar una mente de entender que estaba sucediendo en ese momento y qué hacía realmente falta, no la posición fácil de juzgar desde la distancia o valorar la relatividad de que ahora está de moda o es sensacionalista sacar este tipo de género. Para mí ha sido esencial conocer la historia, y cómo esta mujer tuvo que superar sus propios miedos y los obstáculos de esos tiempos, para lograr la gran proeza de conseguir su propia libertad, y luchar por la de las demás personas, no simplemente las mujeres. Pero evidentemente, parte de esa discriminación evidente desde la que trabajó incansablemente para conseguir una sociedad que conviva en un mundo mejor y con leyes justas. Y que sublime inteligencia la suya al utilizar un caso de discriminación masculina para reflejar la verdadera discriminación que existe de género.

Dos de los principales aspectos por los que el resultado de esta película es impecable son, en primer lugar, contar entre los guionistas con Daniel Stiepleman que es sobrino de Ruth Bader Ginsburg, por lo que tanto la documentación como las sensaciones a la hora de transmitir toda la realidad que emana la trama, tiene buena parte que ver por su culpa, y en segundo lugar, el gran trabajo de la actriz Felicity Jones. Para encarnar a este símbolo de la resistencia, además de cambiar su impecable acento de Oxford (se graduó en Literatura Inglesa en su universidad) por el de una chica judía criada en Brooklyn,  se empapó de todo el material de archivo que llegó a sus manos y se quedó fascinada con ella. Particularmente creo que ha encarnado genialmente ese abanico de sensaciones cuando te lanzas al vacío pero convencida de aprovechar el momento y que ninguna circunstancia se interponga en tu momento histórico. Su mirada inteligente, sus propias inseguridades o su tenaz convicción se ven en una interpretación hecha desde la admiración, y también desde la perspectiva de ser consciente de la gran labor que realizó su personaje en la vida real.

Nos encontramos en un punto que necesitamos referentes sin cuestionar y que como en la propia “Una cuestión de género” se expresa, utilicen las palabras con un significado. Y en este caso, les aseguro que merece hasta el último punto y final que forma parte de esta película, y de la vida de esta valiente que me encantaría poder ver reproducida en mi vida real. El cine debe servir también para considerar que aún hay esperanza, y ponernos en contexto de grandes corazones trabajadores que dieron ese paso más allá, que nos da tanto pavor a todos. Una gran opción fílmica para seguir creyendo en cuestiones de género y en que surjan mujeres inspiradoras como Ruth Bader Ginsburg, y que sean conocidas por todo tipo de géneros de público.

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