WSS2HE APRENDIDO A ODIAR COMO TODOS VOSOTROS

Cuando en muchas ocasiones decimos que aunque pasen los años, no cambian muchas de las circunstancias que forman la idiosincrasia de los seres humanos, no pasa este aspecto desapercibido en West Side Story. Y es que desde los años 50 donde se estrenó con partitura de Bernstein y Sondheim, se reveló esa eterna lucha del extranjero que llega a la gran ciudad y donde el local se siente amenazado por lo desconocido que va poblando las calles. ¿Les suena esa sensación en los tiempos actuales?. Ya incluso prima más que lo que es la propia historia en la que está inspirada de “Romeo y Julieta” de Shakespeare.

Es uno de los grandes motivos por el que esta gran pieza teatral cobra gran valor, y especialmente esta producción de SOM Produce que aún podemos disfrutar en nuestro Teatro Cervantes de Málaga ha cuidado esa estética y escenografía brillante donde los amantes de la película podrán ver reflejadas esas calles de la ciudad de Nueva York, o más bien callejones, donde los “Jets” y los “Sharks” tenían sus duelos de baile masculinos, femeninos y mixtos. Estéticamente es una pasada como se ha cuidado cada detalle para que verdaderamente, desde que te sientas en el patio de butacas, sientas esa míticas escenas de baile, las letras en rojo de ese título que nos marcó como representativo promocional del universo “West Side Story” y un vestuario que recuerda perfectamente ambos bandos. Los puertorriqueños llenos de color tanto hombres como mujeres, y los americanos con colores más fríos y neutros.

Como digo, el comienzo es impactante. Al igual que los que hemos crecido con la película. Esos chasquidos tan característicos que retumban como si de latidos del corazón se trataran y las coreografías tan bien trabajadas, con su intensidad precisa ya marcando los espacios que quieren ocupar ambas nacionalidades para ir dando paso a las siguientes escenas donde ya percatamos el nivel de las interpretaciones.  Yo especialmente me quedo con los dos líderes, Víctor González y Oriol Anglada y no sólo es por la fortaleza física y calidad como bailarines, si no también por las miradas que tienen que marcar ese odio por sus territorios, y por su propia hombría. Un excelente trabajo de los dos. Y en el caso de las mujeres, el trabajo de Silvia Álvarez como “Anita” que es el rol que más recordaba que me marcó de la versión cinematográfica. Ese descaro y a la vez esa valentía de querer mejorar sus derechos en un país que, en apariencia, se lo podía permitir más que su país de origen. Todo ello se ve, evidentemente, en su manera de transmitir con las canciones pero también en sus gestos con los suyos y en enfrentamiento con los “Jets”. Muy buena y emotiva su labor encima del escenario, también.

Hay escenas que se te quedan marcadas durante la representación por lo bien planteadas para llegar a la emoción con las canciones tan señaladas y emblemáticas. Creo que han tenido especial acierto con una de las más románticas con Tony y María con la luna por testigo y como marco de ensueño para deleitarse con las voces de Javier Ariano y Talía del Val, y por supuesto las escenas más de pelea y de conflicto que están muy remarcadas y acentuadas por ese tenebrismo y cerrar el espacio lo máximo posible para dar esa tensión tan necesaria.

Mi única pega es que esa sorpresa del inicio del espectáculo se va disipando cada vez más a medida que nos acercamos al final. Es normal y factible porque ese grado de desconocimiento se va perdiendo mientras se reconocen ya los espacios y a los personajes, pero creo que es una división muy tajante que hace que no se tenga esa sensación completa de haber disfrutado de un musical en conjunto con todas sus características.

En definitiva, producciones como ésta forman parte de nuestra memoria audiovisual. De ese recuerdo que te aportan tantos momentos de esa primera parte hasta el descanso. Esa sensación merece mucho la pena para un disfrute muy completo. E igualmente ayuda a determinar que tampoco hemos cambiado con nuestra defensa de lo que es nuestro, y lo que cuesta aceptar la llegada de los otros pero al final el amor es la única arma que puede romper esas barreras. Así es la única manera de vencer al odio.

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