NO DEJA DE SER UN HECHIZO DESDE EL ALMA

Crónica realizada por Irene Muñoz

Silvia Pérez Cruz. Fotografía de Pepe Ainsua
Silvia Pérez Cruz. Fotografía de Pepe Ainsua

Amanece en el escenario. Sí, amanece. Un solo de violín acompaña una voz envolvente y profunda. Es entonces cuando surge la luz, mágica luz de una voz mediterránea, clara y penetrante que me sacude el alma por su libertad y por su sinceridad. Suena la copla ‘Cinco farolas’.

Esto ocurrió anoche en nuestro teatro Cervantes, rebosante y deseoso desde hace semanas, que digo, meses, que esperaba la llegada de la gran voz a nuestra ciudad. Silvia Pérez Cruz nos visitó de nuevo, después de dos años. Esta vez, vino a presentar la gira de su último disco, Vestida de nit, después de recorrer no solo nuestro país, también Latinoamérica, Francia y Portugal. Este disco recoge un conjunto de canciones tan diversas como deliciosas, entre las que aparecen temas anteriores y también, se atreve a tomar prestadas canciones de aquí y de allá para ponerles un nuevo traje.

Después de ese inicio íntimo y prometedor, da la bienvenida al quinteto de cuerda que le acompaña: los violinistas Elena Rey y Carlos Montfort, la viola Anna Aldomá, el contrabajista Miquel Ángel Cordero y el violonchelista Joan Antoni Pich. Ya desde la presentación arranca sonrisas al público con su absoluta naturalidad y sus confesiones. Nos brinda anécdota tras anécdota referidas a los más de cuatro años de gira que van tocando a su fin. La gratitud hacia quienes la arropan en el escenario se hace explícita, no solo en su manera de presentarles, también en los elogios que les brinda y en la complicidad que sienten. El buen humor reina en la sala, pero también cierta melancolía que nace de lo que comienza a ser el final de un viaje.

Inicia la presentación del nuevo disco con una composición popularizada por Caetano Veloso, ‘Tonada de luna llena’ y ya comienza a colárseme por la piel. Sus graves son puro canto mediterráneo que envuelve como un baño de mar. Me sumerge en sabor a oliva y sal.

Silvia Pérez Cruz. Fotografía de Pepe Ainsua.
Silvia Pérez Cruz. Fotografía de Pepe Ainsua.

Continúa con ‘Mechita’ y un baile prodigioso de pizzicatos, que fueron in crescendo y, sorpresivamente, continuaron con un despliegue de arcos en las cuerdas que nos hicieron mover en el sillón. Esta canción popular peruana se viste con arreglos de Javier Galiana de la Rosa. Deliciosa.

El anuncio de un fado, ‘Estranha forma de vida’, provoca un ¡ohhhh! admirado del público. Silvia cuenta que ‘Amália Rodrigues lo cantaba desde los pies hasta el sol, inamovible’. Pues bien, ella baña la canción de su propio estilo y rasgando su voz surgen notas imposibles. Aun así, se aprecia un profundo respeto por la original.

Metidos ya de lleno en el espectáculo, nos lleva al recuerdo de su paso por el cine y la película Cerca de tu casa, y nos habla de ‘Ai, ai, ai’, melodía en inglés galardonada con el Goya a la mejor canción original en 2017. Y ahí, nuestros coros de fondo y los arreglos de violonchelo le conceden a la canción frescura y sones de baile en una noche de verano. Los sonidos de cuerda más inquietantes del concierto me sitúan en una calle de Buenos Aires con una versión de ‘Carabelas de la nada’ de Fito Páez. Me resulta ‘claroscura’, apasionada, rezuma dolor en el corazón. Una interpretación sublime que provocó un sonoro aplauso.

A continuación, descalza, desnuda de música casi, como en el salón de su casa, y con una estupenda naturalidad, vinieron dos temas muy especiales: ‘Mañana’, un poema de Ana Mª Moix sobre la muerte, dulcificado con sones mexicanos, y ‘Corrandes d’exili’ con Pich a dúo. Desgarradora, ‘cruda y salvaje’, como ella misma la califica, esta letra en catalán del poeta, Joan Oliver que habla del exilio durante la guerra. A mí me dejó clavada en el sillón.

Tras tanta intensidad, nos vino a reivindicar el derecho al amor con ‘Loca’. Lo trajo ligado a una mención a nuestra ‘danzaora’ malagueña Rocío Molina y al momento en que nació la colaboración, juntas en el escenario, en el espectáculo ‘Grito Pelao’, que recuerdo, tendremos en el Cervantes el 7 de agosto. Una historia que habla de mutua admiración.

Silvia Pérez Cruz. Fotografía de Pepe Ainsua.
Silvia Pérez Cruz. Fotografía de Pepe Ainsua.

La artista prosiguió el concierto haciéndonos viajar de nuevo a tierras latinoamericanas, a Brasil, concretamente. Nos trajo la popular ‘Asa Branca’, y con ella la alegría con el contrabajo, palmas y sonrisas.

Cuando dije antes que amanecía en el teatro, no hablaba solo de juego de luces y del inicio de un concierto. Me refería a Silvia Pérez Cruz como una presencia, que por sí sola sabe iluminar un teatro. Y si hubo un momento que destelló fue con el anuncio del tema más importante del espectáculo ‘No hay tanto pan’. Levantó desde el primer segundo aplausos y emoción ya en su presentación. Y la sutileza se hizo presente cuando dijo: ‘Yo no sé qué va a pasar pero… desde luego es una alegría’. Estas palabras, dichas en un día histórico como ayer, nos levantó al teatro casi al completo en una larga ovación. Sin duda, el momento más emocionante de la noche. Esta canción señala las culpas y las mentiras, las mentiras y la estafa. Para mí representa un grito valiente de denuncia, un himno a la lucha de las indignadas y los indignados. El resultado que tuvo fue el aplauso más largo de la noche que la dejó sin palabras y conmovida. A este tema le siguió ‘Hallelujah de Cohen. Yo lo sentí como el mejor complemento para la anterior canción en esta noche. Para quedarnos con un sentimiento de esperanza ante el futuro próximo.

Aún quedarían para el final momentos bellos como el atrevimiento de desvestir el hit ochentero, la ‘Lambada’, y volverla a vestir con un acompañamiento inimaginable de cuerdas. Si, la Lambada. ¿Se puede ser más artista? ¿Se puede ser más avispada? ¿Más creadora? Con un pulso lento, suave de inicio, cuando parecía acabar lacónica casi, le da una vuelta más haciendo resucitar los últimos versos con la voz del público nuevamente y bañarse en ella. Hace renacer la canción.

Silvia Pérez Cruz. Fotografía de Pepe Ainsua.
Silvia Pérez Cruz. Fotografía de Pepe Ainsua.

Se despide muy agradecida al oficio y a la oportunidad de haber hecho esta gira con quienes les acompañan. Reconocer y agradecer efusivamente el trabajo de cada persona que hizo posible esta puesta en escena, de su equipo y de la casa, la hace humilde y, por tanto, doblemente grande y, cómo no merecedora del cariño que el público le profesa.

La Pérez Cruz se creció nuevamente en el final de la noche con ‘Estrella’ una canción de Enrique Morente, un grito de paz y de sueño por un mundo mejor. Impresionante, puro arte. Y parecía que acababa. ¡Qué mejor final puede haber para este concierto!

Pero a más de dos horas de concierto, el público se resistió y se alzó con un eterno y entusiasmado aplauso y un reclamo claro y fuerte: ¡Otra! Ella no se hizo esperar. Vestida

con su voz únicamente, nos regaló de manera absolutamente generosa un ramillete de fragmentos en forma de popurrí que dejó al respetable rendido a sus pies.

El colofón lo puso con ‘Gallo rojo, gallo negro’ la, tan reclamada en todos sus conciertos, pelea de gallos de Chicho Sánchez Ferlosio, que la descubrió en el año 2009 y, según dice ella, ‘ya no he podido dejar de cantarla’.

Tengo la sensación de que quienes estuvimos esa primera noche de junio, asistimos a lo que creíamos un paseo por este puzzle musical desde el Mediterráneo y el folclore como elegantes puntos de partida y de llegada, pero fue más que eso. Creo que realmente presenciamos un hechizo musical.

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