“There’s a light that never goes out”. The Smiths.
Crónica realizada por Adolfo Romero Arana
Hoy escribo estas líneas en el asiento trasero de un coche. Los fines de semana cambian por completo y nos dan cierta libertad para poder vivir y viajar.
La semana acabó con una feria de salud, por donde pasaron más de un centenar de críos (o cipotes, como aquí se les llama), para conocer mas acerca de distintos temas que les afectan de forma directa. En el caso de mi grupo, tocaba hablar del acoso escolar, algo demasiado instaurado en un país que tiene la violencia por bandera.
Ahora me quedo en Tegucigalpa, en plena capital. La vida es muy distinta y da lugar a ir a algunos lugares, sobre todo a un centro comercial que es una puerta de entrada al mundo que conocemos. También es obligado destacar cómo a la noche cobra protagonismo el ruido de los disparos, a un lado y a otro, cómo la ciudad se esconde y deja paso a aquello que nadie quiere enfrentar.
El ritmo en la capital, eso sí, es el mismo. Para hacer cualquier cosa, es necesario insistir y preguntar. Y preguntar. Y volver a preguntar… siempre se termina logrando, pero el paso es lento. A veces nos preguntamos cómo se sostiene todo.
También he visto la cara amarga de esta ciudad. El viernes, en la noche, uno de los curas apareció pidiendo un enfermero. Un joven estaba en una de las casas, recién llegado del hospital. En una reyerta sufrió una herida en el abdomen que casi acaba con su vida. No tuvo tanta suerte su hermano mayor, que con tan solo 21 años falleció. Llegar y tener que afronta esto, hablar con un joven que sabe que ha pasado pero que niega la marcha de su hermano, es una de las cosas más duras a las que he tenido que enfrentarme.
Sin embargo, todo sigue. El chico agradeció que me acercara y me preocupara por su estado. También vino Lucía, con quien comparto esta experiencia, y que trabaja como psicóloga, de forma que pudimos ser un buen tándem.
Ahora, en el asiento desde en el que escribo, veo otra realidad. Todo verde, a ambos lados, rumbo a un lago donde desconectar unas horas antes de iniciar nuestra segunda semana en Honduras, aunque esta será festiva por la semana Morazánica, una suerte de Semana Santa hondureña. Aprovecharé para visitar Amapala a partir del jueves, desde donde podré contar cómo son otras zonas de Honduras, a priori, más seguras.
Hasta la próxima.
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