“PATIO 19” ES EL HOMENAJE MÁS BONITO QUE YO LE HE HECHO A MI FAMILIA

Manolo5La primera vez que me emocioné con Manolo Albarracín encima de un escenario fue en un teatro de sombras, no es que fuera esa especialidad pero lo cierto es que dentro de esa oscuridad en la que parecía todo caótico y que no iba a salir adelante, desde su personaje cumplió la premisa de “show must go on” y consiguió que todos saliéramos maravillados por el respeto hacia el público que tuvo en ese momento. Pero es una tónica que no ha abandonado jamás en ninguno de sus proyectos, aunque creo que lo que mejor ha desarrollado es un sentido del arte que le permite improvisar desde el corazón y bailar desde el alma como muy pocas veces he podido sentir con ningún profesional. Por todo ello, le pedí que me concediera una entrevista que veis ahora aquí plasmada y que espero que corresponda a todo el esfuerzo e ilusión que ha depositado en tantos años como creador, actor y bailarín.

P: ¿Cómo te entró el gusanillo del arte?

Manolo Albarracín: La primera vez que yo me acuerdo que me lo pasé muy bien en un escenario fue presentando, en octavo de EGB con una camisa blanca que me había hecho mi madre, el fin de fiesta de ese colegio. De ahí me acuerdo de la palabra “deleitar” porque yo la decía en cada presentación. Yo me agarré a esa palabra y la dije como veinte veces. Me encantó porque recuerdo que la presenté con dos amigas, Mari Paz y Olivia, y me sentí muy cómodo.

P: ¿Y el baile cuando comenzó?

Manolo Albarracín: Yo siempre he bailado en mi casa. Bailaba sevillanas y salsa en plan a lo loco. Después me acuerdo que en el instituto empecé a dar clases de salsa, y después nos becaron a cuatro alumnos en Málaga Danza Teatro con Thomé Araujo.

P: Pero de hacer esto a lo loco a pensar que te querías dedicar al espectáculo, ¿cuando pasó?

Manolo Albarracín: En primero de BUP yo ya había presentado aquello de octavo de EGB, y ya entraba diciendo que quería ser actor y en segundo de BUP había una optativa que se llamaba “Teatro”. Yo ya sabía que yo quería ser actor, pasó segundo, tercero y COU, y eché para las pruebas de Arte Dramático en Sevilla y en Málaga. Al final se solapaban, y la eché aquí en Málaga porque en Sevila tenía familia y al ser la capital parecía que iba a tener más importancia, sin embargo tampoco ha sido así porque sale más gente de Málaga que de Sevilla. En el flamenco sí sale más gente de Sevilla que de Málaga. Al final me decanté por Málaga y muy contento.

P: ¿Te ibas formando al mismo tiempo como bailarín y como actor?

Manolo Albarracín: Si. Porque además aquello de bailar contemporáneo con 14 años en Málaga Danza Teatro pues surgió un poco por la cara, como surgen las buenas cosas. Me acuerdo que era un curso intensivo de dos días y de ahí, Thomé Araujo quiso emprender como una formación a cuatro alumnos para retomar un espectáculo. Lo que pasa que aquello no se hizo, pero la formación sí que la hice. Por ahí encantado. A partir de ahí empecé a formarme, empecé a bailar salsa y empecé con el contemporáneo, y ya en la Escuela de Arte Dramático empecé con el clásico.

P: ¿Y el claqué?

Manolo Albarracín: Terminé Arte Dramático y ahí sí empecé a formarme en flamenco todas las semanas con La Lupi. Empecé a ir a su escuela y durante ocho años, se dice pronto, me formé en flamenco. Y cuando ya, más o menos, te defendías en flamenco e iba por lo tablaos y todo eso, vino un muchacho de Barcelona a dar unas clases en la escuela de La Lupi, es israelí y baila de puta madre. Dimos un curso intensivo de dos días y de pronto yo vi que se me daba muy bien. Tenía mucha facilidad. También a mi me encanta el jazz desde siempre, porque si te gusta el flamenco difícilmente no te va a gustar el jazz porque la comunicación entre los músicos y lo bonito que se crea en el escenario es exactamente igual. A mi me cuesta trabajo creer que a alguien que le guste una cosa, no le guste la otra. A partir de ahí, empecé a bailar claqué con unas chapitas que me regalaron mis padres por mi cumpleaños, yo me las enganché a unos zapatos y empecé por tutoriales de youtube. Como yo soy muy “jartible”, al cabo de los dos años yo ya sabía como eran los pasos pero no sabía el nombre de los pasos, siempre los aflamencaba y les daba el argot flamenco, y entonces me fuí a Barcelona, coincidía que yo hacía monólogos por aquel entonces. Por la noche hacía monólogos y por las mañanas me fuí a Luthiers Danza que creo que es la mejor escuela que hay aquí en España y di clases particulares, la premisa era “yo te voy a ir dando pasos y tu me vas diciendo como se llaman”. Entonces ellas, además de decirme los nombres, me los iba corrigiendo y me iba diciendo donde colocar el peso, la gravedad y me hacía un poco la progresión de los pasos para que yo, no solamente los pudiera aprender, si no que los pudiera enseñar. Eso estuvo muy guay. Entonces ya me volví a Málaga con ese material y esas herramientas, y seguí dándole al claqué.

P: Si tenemos que hablar de ti, ¿por qué es imprescindible hablar de Patio 19?

Manolo Albarracín: Eso salió redondo. Por aquel entonces yo trabajaba con mi compañera Estefanía y a nosotros nos encantaba, en nuestro día a día, decir burradas y gritar como los bajunos, decir palabrotas y fue la forma de aunar ese cachondeo que tenemos en nuestro trato del día a día yendo a la playa, o haciendo el tonto como amigos y fue la fórmula perfecta de unir lo que nos encantaba con transmitir en el teatro, que es otra cosa que nos encanta pero a nivel profesional. Y además es verdad que Patio 19 es el homenaje más bonito que yo le he hecho a mi familia.  Cuando el espectador venía a “Patio 19” todo el mundo se acordaba de su familia y todo el mundo volvía con su familia. Entonces eso me parece precioso porque a la larga en “Billy Elliot” que tú haces funciones todos los días para 1.100 personas, pues te quedaba algo feo de decir “yo no conozco a nadie del público”, y sin embargo en “Patio 19” tu veías la cara de todo el mundo y siempre había alguien que, o bien tu conocías o sabías que ese alguien tú ya lo ibas a conocer porque era la gente que volvía y que luego te saludaban por la calle. Esa familiaridad y eso que es Málaga que es tranquilidad, calidad de vida y compadreo surgía de “Patio 19”.

P: ¿Lo que escribiste en “Patio 19” es de lo que te sientes más orgulloso de lo que has hecho?

Manolo Albarracín: Claramente si, pero por ejemplo hay otro que escribí que se llama “Los años que no vivimos” que eso salió redondo también y “La Zambombá” es lo que yo recuerdo que he hecho más grande. Yo me acuerdo de los días haciendo la zambombá, el gusanillo que yo tenía cuando me levantaba por la mañana y que no se quitaba en todo el día. Esa sensación de “qué guay, lo que voy a hacer esta noche”. Eso molaba muchísimo. Lo guay es que se corría la voz hasta tal punto que yo no conocía al público, eso es lo que más molaba porque tú decías “vamos por el buen camino”. Eso sí, “Patio 19” es de lo que más orgulloso estoy de haber escrito por todo lo que vino después, no tanto en sí la obra si no por todo lo que vino después, la historia y la evolución de los personajes. Estaba muy guay porque tú te ponías a escribir y ya es que salía rodado, sabiendo donde iba la línea de la historia, sabías donde iba perfectamente la línea de cada personaje y los personajes te hablaban. Después tenía mucha ayuda porque Fany y Sara conocían sus personajes a morir por Dios, y si a lo mejor en el texto venía escrita tal frase y te ponías a ensayar, y veías que no encajaban, ellas son las mismas que decían “aquí pega esto y aquí pega esto”. Aunque yo lo escribía, era de los tres. El contenido básico era yo pero a la hora de dirigirlo y demás, es que sin querer las dos tenían tan claro por donde iba la cosa que salía solo.

P: ¿Málaga te brindó el conocimiento que necesitabas para tu carrera?

Manolo Albarracín: No tanto Málaga en sí, lo que aporta como plataforma a la hora de promocionar, patrocinar o subvencionar que eso es como más difícil rozando lo imposible, porque eso ya está dado. Pero oye que vengo de Madrid, y en Madrid también está dado. No es algo de aquí. Es universal. No es tanto eso, si no haber dado con la gente propia para jugar a todo este cachondeo. En la zambombá siempre lo hablábamos, no es tanto rodearte de los mejores profesionales si no como de la más buena gente. Me pasó con “El Espeto Feliz”, que me rodeé de buena gente y con ganas. Gente auténtica. Y en “Desmontando musicales” partía de la premisa que el que peor cantaba era yo, entonces de ahí para arriba. Si de algo está este mundillo lleno, y eso lo he notado mucho en Madrid, es de gente muy formada pero no transmiten. Lo de “Billy Elliot” suena muy rimbombante, después el día a día no es más que un trabajo de musical. Fin. Me he acordado de mogollón de compañeros de mi clase que yo ya no sé ni donde están ni nada, pero me acordaba mogollón de ellos de decir “el talento que hay en Málaga”. No es coña. El talento y la pedazo de formación que te dan en la Escuela de Arte Dramático, que no somos conscientes de la formación que te dan hasta que te vas y ves como todo el mundo se mueve en esto con cuatro ingredientes.

P: Conociéndote como te conozco, me sorprendió tu decisión de querer irte a Madrid

Manolo Albarracín: A mi también me sorprendió. Para mi la felicidad teatral era el “Patio 19”. Tú tenías tú día a día, por la tarde tu te ibas a “Patio 19”, hacías la función, flipabas, después nos íbamos a cenar y después cada uno a su casa y tú dormías esa noche maravillosamente. ¿Qué pasa?. Que “El Espeto Feliz” murió justo antes de que me llamaran para un casting para “Mayumaná”, yo no mandé el currículum para “Billy Elliot” porque no me interesaba pero “Mayumaná” si, todo lo que sea percusión, cuerpo o batería eso me ha encantado desde chico. Fui a hacer el casting para “Mayumaná”, y el productor de “Billy Elliot” me vio bailar claqué y entonces me derivó al casting de “Billy Elliot”. Yo lo que quería era “Mayumaná” porque a mi lo que me motivaba era “Mayumaná”. Al final ha tenido más vida “Billy Elliot” y fue lo que surgió. No lo quiero ni pensar. Al final, justo cuando yo me quedé sin trabajo terminando la etapa de “El Espeto Feliz”, y aunque estaba “Desmontando musicales” el ritmo de funciones era más tranquilo, pues surgió esto y no me lo pensé. Si se ha terminado una etapa y de pronto aparece esto, ni lo pienso. ¿Es lo que quiero?. Pues no lo sé si es lo que quiero, pero si no es lo que quiero, ya lo veré allí.

P: ¿Qué te has encontrado allí en Madrid?

Manolo Albarracín: Por así decirlo, venía de trabajar en un restaurante de pueblo, maravilloso, añejo, con muchos ingredientes en el potaje y me he ido a la alta cocina donde te ponen una desestructuración de estas modernas, y a mi me ha faltado muchísimo ese potaje. En la forma de trabajar y en la forma de los compañeros, porque yo hacía muchos años que no trabajaba para una empresa y en un musical tan grande pues evidentemente es una empresa muy grande, y como es una empresa muy grande hay muchos trabajadores y el trato personal y familiar que teníamos en “Patio 19” o en “Desmontando musicales” que sale sin que lo pienses, pues allí me ha faltado. Pero no es que me haya faltado, es que yo me he ido a un sitio a trabajar donde eso no lo hay, simplemente. Lo que pasa que tu vas cateto porque es la sensación que tú tienes cuando llegas a Madrid, porque parece que te has ido a Nueva York, en vez de irte a Madrid. Somos así de absurdos. Pero es la sensación de “Patio 19” que cabían 55 personas al Teatro Nuevo Alcalá que caben 1.100 personas. Entonces disfrutas de la tranquilidad de tu no ser responsable ni de la taquilla, ni de publicitar la obra, ni de cobrar, ni de vestuario ni de nada y ha sido cuanto menos impactante.

P: ¿Recuerdas la primera función de “Billy Elliot”?

Manolo Albarracín: Recuerdo la primera función que vinieron mis padres, pero la primera función no porque al ser “swing” que significa polivalente, yo llevaba once personajes para adelante y a los seis meses me dieron un secundario, y ya lo hacía tres veces en semana. Si me acuerdo de cuando vinieron mis padres e imaginarme las dos versiones, la de mi madre y la de mi padre. La de mi padre sabía que en cuanto terminara el espectáculo me iba a decir, “niño, aquí hay dinero”, porque es verdad que hay dinero desde la escenografía impactante, como te tratan hasta que tú entras al teatro, el vestuario y todo. Es que son tres horas y cuarto que no paras de sorprenderte. Y por otro lado, la versión de mi madre de decir “ay que susto, la de focos que tú tenías en lo alto y escenografía que sube y baja, y como se le caiga algo a mi niño”. Aunque para mi artísticamente yo me quedo con “Patio 19” porque es como tu primer amor que nunca se te olvida, lo bonito es que tus padres reconozcan que te dedicas a lo que amas cuando te ven salir en una serie, te den un premio o un musical como “Billy Elliot” porque hasta ese momento no se quedan tranquilos, y no sólo tus padres si no mucha gente de tu entorno. Entiendo que no todo el mundo se dedica al teatro ni tienen porqué saber que te puedes sentir más realizado haciendo algo chiquitito que haciendo algo grande. En ese sentido se agradece todo tipo de ánimo y esa sensación cuando mis padres vinieron que ya pudieron pensar “que ya ha llegado el niño donde quería”.

P: ¿Cómo has crecido profesionalmente en Madrid?

Manolo Albarracín: Bailo mejor claqué. Controlo más la voz porque parece una tontería pero son 700 funciones y tengo seguridad cantando que eso yo no lo tenía. También di clase con una de mis compañeras, Patricia Clark, que es una máquina y una tía que lleva un bagaje de la ostia. Es humana, cercana, buena gente y buena compañera que eso es muy valioso en este mundillo. Y sí que es verdad que la seguridad que tengo cantando ahora antes no la tenía, porque cantar 700 funciones pues se te entrena la voz, y aunque estés ronco, con fiebre, resfriado o lo que sea, la voz te llega al tono y aprendes a colocarla. Si estoy mal de la voz, la coloco aquí o allí, respiro de tal manera y ahora noto que respiro mejor. Son tonterías pero me sirven ahora mucho. La coreografía de “Billy Elliot” no tiene más chicha que la que tiene, es decir aunque suene a sobrado las coreografías de Broadway o este tipo de espectáculos no son difíciles, lo difícil es que todo el mundo la haga a la vez. Eso es lo que impacta a la gente. Empecé a dar clase en “Amor de Dios”, surgió un grupito, después dos, uno de inicial y otro más intermedio, y después surgió dar clases de claqué en AISGE, y claro eso era nivel intermedio-avanzado y eso me encantó porque tuve que ponerme las pilas para llegar a clase y motivarles.

P: Por eso te preguntaba si habías crecido emocionalmente en Madrid, por todo lo que te has llevado con los alumnos en las clases de claqué

Manolo Albarracín: Es una satisfacción que tú no sabías de donde iba a venir y viene de ahí. Porque es verdad que enseñando teatro o claqué, de pronto descubres un sentimiento de “madre”, por así decirlo de “qué guay es compartir algo que te gusta, que se te da bien, que sabes enseñar y de, que de pronto, puedes enganchar a alguien y que baile claqué”. Eso mola muchísimo porque de pronto estás poniendo la “semillita” del claqué en muchas personas, más allá de que el espectáculo sea para ti, no es así porque el espectáculo es para ti y para mucha más gente porque eso es verdad que o lo canalizas bien o acabas tonto perdío. A lo mejor el año que viene yo acabo tonto perdío, es decir no digo “de este agua no beberé” pero a día de hoy sí disfruto cuando a un alumno le sale un paso de claqué muy difícil que tienes que estar horas y horas practicando, y yo les enseño de todas las maneras que me han enseñado a mi porque he aprendido con diferentes tutoriales y diferentes profesores, entonces cuando de repente a ese alumno le sale ese paso pues tú dices “ostia, te ha salido ese paso y te lo he enseñado”. Ya a partir de ahora es para adelante, entonces eso mola porque esa sensación de decir, “algo que no le salía, ya le sale” o la complicación con el ritmo que no se cuadraba en tu mente y ya sí lo cuadras, eso sí que es una realización personal muy grande.

P: No te vas a desvincular nunca de la enseñanza

Manolo Albarracín: No. Primero porque me gusta y segundo algo muy guay que es que la gente lo pide. Con el claqué me ha pasado eso de estar en el sitio adecuado y en el momento adecuado, y eso me ha pasado muchas veces. Estuve en el casting libre de “Mayumaná” y yo decidí hacerlo de claqué, y me vio el productor de “Billy Elliot”, por otro lado dieron mi nombre en AISGE y fui y han funcionado las clases, aquí en la ESAD de Málaga han funcionado las clases y me han dicho si más hacia adelante quiero dar más. De pronto, tú haces algo porque te gusta y te da mil cosas bonitas entonces eso mola.

P: Si te pregunto ahora, ¿cómo estás y cómo te encuentras?. ¿Cómo te definirías ahora mismo?

Manolo Albarracín: Reubicándome en Málaga. Esto de irte de la ciudad y, de pronto, tú dices “qué ganas tengo de volver”. Y vuelves. Pero ahora no sabes qué hacer. Suena como a triste pero a la vez suena a ilusión de “ya haré algo”. Vienes de una traca en Madrid que es prisa y estrés con un trabajo que es todos los días así menos los lunes, y llegas aquí en Málaga y te das cuenta que la gente camina más tranquila porque se te había olvidado que aquí se camina más tranquilo, ves más naturaleza porque se te había olvidado que el cemento no es el hábitat natural, que el atardecer es precioso, que está la playa, que huele a mar y a espeto, y de pronto aquí empiezas a vivir otra vez esos “momentitos” que parecía que se te habían olvidado porque son dos años fuera, y es una tontería pero es que son dos años fuera. Es como acomodarte otra vez y eso mola. Es comer bien y barato, montarte en el autobús y ver cosas bonitas, ver la playa de fondo que parece una tontería pero a los que somos de mar, eso nos ahoga. Así que estoy reubicándome.

P: ¿Y tienes ganas de escribir?

Manolo Albarracín: Muchas. Tengo cosillas bocetadas y ya cuando vuelva a Madrid, me apetece disfrutar de Madrid y ponerme a escribir como los locos. Antes es verdad que escribía si se sabía que se iba a hacer, pero ahora es por placer puro y duro. Yo en mi casita tranquilito escribiendo, y eso la verdad es que me apetece mogollón. Ahora mismo playita pero en septiembre el planteamiento es ese: escribir, escribir y escribir para bien o para mal, es decir por gusto.

Manolo1Como nombre artístico es “Manolo Supertramp”, aunque en mi móvil te lo encontrarás como “Power Ranger” y cuando le mando audios es mi “Ryan Gosling”, al final son distintas caras. Distintas facetas en las que él ha encontrado su personalidad y su manera de actuar dando el cien por cien desde el primer momento. Es el ejemplo de lo que yo hablo que me gusta como espectadora de la cultura, que me remueva algo en el pensamiento o en transmitir sentimientos. Y él lo ha logrado siempre. Lo más importante es que no se va a rendir porque ideas para desarrollar nunca le van a faltar, tiene la creación en su sangre y en su ser y es un orgullo que lleve esa solera malagueña por todos los rincones que pise. Le seguiremos siempre la senda de sus zapatos de claqué para que nos siga regalando una de las palabras que más recuerda “deleitar”.

Si queréis escuchar la entrevista con Manolo Albarracín, sólo tenéis que pinchar en este enlace:

https://www.ivoox.com/entrevista-manolo-albarracin-audios-mp3_rf_39304876_1.html

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