PENÍNSULA: UNA PROYECCIÓN LITERARIA DE TEMORES

En nuestro propio desorden pueden surgir historias extraordinarias que, ya ordenadamente, pueden dan lugar a intereses que queremos reflejar en algún contexto. Santi Fernández Patón encontró una de ellas que, en su determinado momento, significaba algo importante para él, pero con su experiencia actual necesitaba volver a darle forma y convertirla en “Península”, una historia en la que aprendemos a no ver sólo lo que nos impone el mundo ni lo que está delante de nuestros ojos, sino buscar la propia realidad que nos hace felices. Y aunque la realidad actual de Santi es también política, nuestra propia península es centrarnos en su libro en esta entrevista.

P: Se podría haber hecho otra publicación simplemente con el proceso de creación que tuvo “Península”

Santi Fernández Patón: Es casi una novela en sí mismo cómo ha visto la luz “Península”. Yo tenía muy claro desde adolescente que la literatura era mi pasión  y que era, de una manera u de otra, a lo que me iba a dedicar. Dedicarse a esto completamente es imposible pero mantener el pulso en la escritura, no. Yo escribí muchísimo, antes de estudiar la carrera y durante la carrera, obras que no vieron la luz y varias muy merecidamente se quedaron en un cajón. La primera versión de “Península” la había escrito en mi último año de la carrera de Periodismo en Madrid. Era una novela que, de alguna manera, me hizo sentir que sí podía llegar a escribir en el futuro. Era de las primeras de las que había escrito con la que me sentía seguro. Entre otras cosas, además, porque durante toda la carrera me la pasé leyendo muchísimo y ya tenía más claro que era lo que no quería escribir. Nunca se sabe cómo uno quiere escribir o qué quiere escribir, pero por lo menos ya vas sabiendo qué no quieres. Tenía un bagaje de lecturas que te hacía saber en quién te tenías que fijar o a quién tenías que imitar. Es inevitable, sobre todo, cuando estás empezando y lo que cuesta cuando llegas al final de una novela con las horas que eso te exige. Yo me sentía que había encontrado el camino. La novela, además de alguna manera, pretendía ser una especia de biografía encubierta. No tiene nada absolutamente que ver con mi vida porque es una alegoría, pero de alguna de las temáticas si la traslado a lo que era mi vida muy disfrazada pues si podía ser. Yo quería escribir, el personaje de la novela quiere ser joyero. Yo no quería trabajar en una oficina y el personaje de la novela teme acabar en un gran copiador, que es como una oficina que te condena a trabajar en la península en la que transcurre la novela. Tenía claro que las cosas hay que hacerlas en colectivo y el personaje de la novela se da cuenta que es muy frustrante la soledad. Así que la escribí, la mandé, abandoné el trabajo en el que estaba, terminé la carrera y me fui de viaje de Interrail durante dos meses, yo solo y a la vuelta, en la época casi pre-internet me encontré el típico cúmulo de cartas de rechazo de las editoriales y ahí se quedó la novela. Desde entonces yo habré vivido, sin exagerar, en unas diez casas y entre mudanza y mudanza, he ido acumulando carpetas con cosas guardadas a las que no echaba mucha cuenta, hasta que hace unos cinco años descubrí un disquette que ponía “El joyero”, ni siquiera ponía “Península” y lo tuve que descargar en un cibercafé, porque mi portátil ya no tenía para poner disquette, encontré la historia y yo me acababa de quedar en paro, yo trabajaba buena parte de mi vida en algo así como un copiador como el que sale en la novela, muchos años he trabajado en centros de telemarketing, haciendo televentas y ha sido horrible, aproveché que tenía esos meses por delante, la leí y me gustó muchísimo la historia pero muy poco como estaba escrita. Lo que hice fue mantener la historia intacta pero, prácticamente, frase a frase la fui rescribiendo. Me sorprendió la imaginación que tenía a los 20 años que no tiene nada que ver con la que tengo ahora. Soy capaz de inventar pero mi mundo o las novelas que escribo se circunscriben a lo que me rodea. No tengo esa capacidad imaginativa y fantasiosa que desprende “Península”, al fin y al cabo es casi ciencia ficción.

P: ¿Cómo creaste a quién yo considero que son los dos protagonistas fundamentales, Benito y Domingo?

Santi Fernández Patón: La historia del personaje del joyero arranca porque la novela está dedicada a la memoria de Juan Blanco. Un filósofo errante de Sevilla, que vivía en Madrid, y con el que se formó una generación entera de escritores. Yo lo conocía a través de Belén Gopegui y estuvimos yendo cinco años a su casa a estudiar filosofía, y a él se le ocurría, por ejemplo, “tú imaginate que aquí pasara esto, ¿cómo lo contarías?”. Yo, a partir de ahí, me dije que iba a desarrollar una historia imaginando que pasa eso. Ahí me surgió el personaje. Es un joyero muy artesanal que desarrolla su labor clandestinamente porque las autoridades prohíben dedicarse a algo que no reporte una utilidad inmediata. Yo tenía un amigo de adolescencia que había abandonado los estudios de Bachillerato, se había hecho una FP de joyería y acababa de montar su taller. Nadie mejor que él para explicarme como era. Fui a su taller y él me estuvo enseñando como se hacían las joyas y las técnicas antiguas de joyería, desde los moldes en huesos de jibia que se compran hoy día en las pajarería, es real y es como se hacía antiguamente. Él me lo estuvo explicando y yo lo fantaseé y de ahí surge toda la técnica. Y el personaje de Domingo no está basado realmente en nadie, de carne y hueso, pero si está inspirado en un amigo mio de adolescencia que sufrió una esquizofrenia paranoide como el personaje de Domingo. Tuvo que pasar un tiempo en un hospital en Madrid y a mi me impactó mucho. Iba a visitarlo casi a diario al salir de clase y no me gustó el sistema sanitario como trata a las personas que tienen algún tipo de dolencia mental, como era la suya. Igual no hay otra manera, pero cómo se iba experimentando la medicina en él y  le veías casi como un conejillo de indias, fue algo que me afectó mucho y me tocó de dentro. Quería reflejarlo, de alguna manera, esa experiencia que atraviesan muchas personas.

P: Te sientes mucho como Benito, sobre todo quienes no nos dedicamos a algo tradicionalmente sostenible económicamente

Santi Fernández Patón: Supongo que tiene que ver con el momento en que fue escrita. Es el último año de carrera cuando uno sabe que esto ya se ha acabado. Y que, a partir de ahora, ya no hay excusa. Yo estaba trabajando, vivía solo y me emancipé antes de acabar la carrera. Pero bueno eran trabajos temporales para compatibilizar con los estudios. Tenía que ver con ese momento. Decir bueno, ¿a partir de ahora qué?, ¿esto es lo que quieres hacer?, y esto es lo que te dicen que tienes que hacer y esto es lo que hay. Una vida, más o menos, adocenada, una vida rica o una vida con unas aspiraciones que no se van a materializar. En fin, todo ese batiburrillo mental lo canalicé en esta historia. De alguna manera, proyecta mis propios temores. Tanto las aspiraciones que tenía como los temores. De ahí, surge la figura del copiador que es una amenaza constante en la novela y que está flotando siempre. Es ese lugar en el que si no luchas por tus aspiraciones, acabas condenado a un trabajo mecánico y alienante que no te reporta ningún beneficio, como al fin y al cabo tantísimos otros trabajos. Yo mismo he sido muchos años teleoperador  y no sabía en esa época que iba a ser eso, luego cuando leí la novela muchos años después, dije acabé de aquella manera que tanto temía.

P: ¿Merece la pena el esfuerzo de luchar por lo que uno quiere en vez de lo que tradicionalmente nos aconsejan?

Santi Fernández Patón: Supongo que hay dos planos de lectura, de interpretación y de enfrentarse, día a día, a la cotidianidad. Uno es cuestionarse, por lo menos. Ser lo suficientemente lúcido como es el personaje de la novela, a partir de cierto punto, para darte cuenta que las cosas no son exactamente cómo te han dicho que son y que, incluso, hay un discurso oficial tan establecido y tan interiorizado que nos hace creer que lo que tenemos enfrente, por mucho que lo estamos viendo es otra cosa. Es lo que le pasa al personaje, él ve cosas que le han dicho que no existe y como le han dicho que no existe, se lo cree. Por mucho que la realidad material te lo esté desmintiendo. Si tu consigues lucidez suficiente, por lo menos para darte cuenta de eso, enfrentas la vida de otro modo. Otra cosa y eso lo hubiera escrito, a lo mejor, de manera diferente hoy día es cómo te enfrentas a ese estado lúcido. Desde luego, estoy convendido que o lo haces en colectivo o estás condenado a la frustración y a la infelicidad. A lo mejor, hoy lo hubiera escrito de otra manera, incluso más optimista. Es una novela alegórica, fantástica y quizá cuadraba con lo que pretendía ser y, además, muy influido en esa época por “Ensayo sobre la ceguera” de Saramago que me había marcado mucho. A la hora de escribir una alegoría, más o menos fantástica tenía ese ejemplo y era mi referente, que intentaba imitar, a veces descaradamente y otras veces más sutilmente.

P: ¿Hay mucha gente que se dedica a la escritura de manera clandestina?

Santi Fernández Patón: Si. Conozco gente que se dedica a la literatura de manera clandestina y luego conozco a otra mucha gente que le gustaría que no fuera clandestina pero el mercado editorial sabemos como está y lo difícil que es. Yo mismo con la editorial “Lengua de Trapo”, con la que obtuve el premio en su última edición en 2014, quebró. De hecho, el año pasado ni tuvo ya edición. Me veo ahora con una novela colgada porque no tengo editorial. Hay mucha gente que en la soledad y en la nocturnidad escribe y que, por diferentes motivos, no quieren sacarlo a la luz. Aquí donde estamos con todos los talleres de literatura, ha venido gente que lleva muchos años escribiendo y no han enseñado sus textos ni a sus parientes cercanos. Está bien que si te sientes inseguro, no lo saques adelante pero empieza a buscar opiniones externas para ver si merece la pena.

P: Siendo una alegoría, cada uno podemos sacar nuestra propia conclusión de “Península”

Santi Fernández Patón: Los límites que nos establecemos, al fin y al cabo. Cuando tú haces una alegoría, a cada uno le remueve algo diferente. Se adapta a tu propia manera de pensar. Los límites que nos imponemos igual componen nuestra propia península en la vida, porque a veces son eso límites que tienen que ver con una mirada acomodaticia. Creer sin cuestionar lo que nos dicen. Eso va generando unos límites. En la novela, el continente que imaginamos una tierra promisoria está ahí cerca pero separado por un istmo estrecho, escarpado y de difícil acceso. Hay que romper muchas barreras y si es posible, con más gente mejor.

P: ¿Qué lecturas te han hecho de “Península”?

Santi Fernández Patón: Cuando yo la terminé de joven, se la di a unos amigos en su día, que también estaban escribiendo y a otros que les gustaba mucho. En aquel momento, en mi pandilla teníamos todo más o menos la misma edad y entonces entendían la misma lectura que yo hacía de acabamos la carrera  y a ver a qué nos enfrentábamos en el mundo exterior. Terminamos, nuestro título, ahí está el mercado laboral, todavía no se hablaba de crisis, todavía la precariedad no era tan bestia como ahora, yo empecé a trabajar en una editorial ya corrigiendo y tenía mi vida bastante bien encaminadita. Pues la rompí toda. Los pocos amigos que la leyeron les encantó por el momento vital que estábamos viviendo. Ahora, mi familia que es básicamente quién me ha comentado algo, la lee como la consecuencia de claudicar ante cierto estado de cosas. Tampoco he tenido tanta ocasión de hablar mucho de ella. Me interesaría poder comentarla más porque nunca había escrito en este estilo, ni sé si seré capaz y mucha gente, eso si, me ha sorprendido y casi para mal, aunque la intención era buena, pero ya han sido mucha gente y algunas muy cercanas, que me han dicho que es lo mejor que he escrito. Es como si hubiera ido para atrás. Me comentan que las otras novelas son más realistas y más sociales, y ésta les ha gustado más.

P: ¿Ahora mismo sigues teniendo la misma inquietud a la hora de buscar historia porque, en su momento, escribiste “Península”?

Santi Fernández Patón: Seguramente. También yo creo que influye la edad porque creo que tenía más fantasía y menos experiencia vital. Por eso tienes que recurrir más a la fantasía. Al fin y al cabo, cuando leo “Península” me dio cuenta que los asuntos, las preocupaciones y aquello que me importa, en modo alegoría fantástica o en modo más realista, ya están en esta primera novela. De alguna manera, si que ha sido un disparadero para luego que mis inquietudes pueda haberlas desarrollado en otro tipo de escritura. Esta novela la guardé y me ha acompañado todos estos años, porque sabía que estaba todo de lo que quería seguir hablando desde diferentes maneras.

P: Háblame de ese próximo proyecto al que le estás buscando editorial

Santi Fernández Patón: No creo que sea capaz de escribir novelas de grandes temas en abstracto. Sobre la corrupción, el mal o la lucha sindical. Escribo novelas eminentemente políticas, no ideológicas. En el sentido de las cosas que nos importan, a quienes habitamos nuestros territorios. Esa novela que, de momento no tiene editor, trata de cómo la corrupción institucional acaba afectando a los hijos de los protagonistas. Es la desestructuración de una familia, a raíz de que los padres hubieran participado en el festín de la corrupción del PSOE, sobre todo en los pelotazos del año 92, el reencuentro de dos hermanos dieciséis años después y cómo han vivido toda la desintegración de esa familia, a causa de la corrupción que protagonizaron sus padres. No se centra en la corrupción sino en el efecto que ha dejado en esas personas que eran jóvenes en esa época y que se reencuentran en la edad madura.

Esperemos que en su próxima mudanza, que por cierto recientemente la está llevando a cabo, halle esa próxima historia que reescrita o no, nos haga pensar tanto como “Península”. Recordar que podéis encontrar ejemplares de este libro, sin problema, en la librería Proteo. Una edición especialmente elegante que siempre prepara el equipo de Mitad Doble, de los que siempre esperamos que nos brinden nuevas aventuras tan interesantes. En enero, por cierto, Santi Fernández Patón la presentará en Madrid y será una ocasión especial de reencontrarse con tantos compañeros que vivieron esas vivencias, que le sirvieron para crear la historia. Tendrá como presentador a Isaac Rosa.  

Si queréis escuchar la entrevista con Santi Fernández Patón, lo podéis hacer pinchando en este enlace:

http://www.ivoox.com/entrevista-santi-fernandez-paton-peninsula-editorial-audios-mp3_rf_15036997_1.html

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