Las vivencias teatrales hay que asumirlas desde los distintos puntos de vista que actualmente van copando el panorama teatral. Los musicales ya no son sólo historias que se puedan cantar con canciones originales marcando un ritmo y tiempo en el que se narre ese relato, ahora se convierten en adaptaciones cinematográficas donde lo más fundamental es que todo, absolutamente todo, lo imprescindible de la película que ha formado parte de la vida de las personas que acuden a ver estos espectáculos, lo contemplen en el escenario.

“Dirty Dancing” cumple esa premisa y el baremo lo pude comprobar en los seguidores asistentes al Teatro Cervantes de Málaga. Chillidos, aplausos constantes y una complicidad que aseguraba la aceptación de ese público fiel y crítico que creció y se enamoró de la historia de amor de “Baby” y “Johnny” y que soñaron con que, en alguna ocasión, podían protagonizar algunas de las escenas de la película.

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Las características que más se remarcan en el conjunto del montaje son la rapidez de las escenas, donde se pretende llegar a un reconocimiento instantáneo y dar los datos precisos para que se pueda ir continuando el relato y una actuación en general muy exagerada que marque enseguida los rasgos más comunes de los personajes de “Dirty Dancing”. Por tanto, uno no puede juzgar desde una interpretación muy preparada de búsqueda y ensayo, sino más bien si ha llegado a reflejar lo que el espectador de este tipo de espectáculos requiere. Y por la felicidad que yo pude plasmar en la mayoría de asistentes, ese reto se cumple con creces.

El baile es, sin duda, el gran acierto de este espectáculo. Poder disfrutar del trabajo de todo el equipo artístico, cómo se complementan y cómo hacen disfrutar con sus movimientos al público es una alegría constante que se refleja de una manera especialmente bella en el escenario. Estas coreografías incesantes enmarcadas en esa escenografía que se movía al antojo de los acontecimientos de los protagonistas, aunque en alguna ocasión con fallos de tiempo en esas transiciones que se antojan difíciles por el peso de lo construido y la gran cantidad de movimiento sin parar, lograban una armonía que despertaba el interés del espectador en el patio de butacas, esperando a lo próximo que pudiera aparecer por las tablas del Teatro Cervantes.

La oportunidad de recrear esa ilusión con “Dirty Dancing” la tienen únicamente en diferentes pases hasta el 6 de Agosto. Si querías que te cogieran en ese inolvidable “porté” de Johnny y Baby, que te acariciaran la axila de arriba a abajo, bailar hacia atrás sacudiéndote el pelo o cualquier detalle que marcaron tu imaginario cinematográfico, ésta es tu mejor ocasión para verlo retratado de una manera muy fiel y acompañado de un ambiente de diversión que pretende el mero entretenimiento de shows de esta índole. “No permitan que nadie les arrincone”.

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