OLOR A CULTURA

Me enseñaron a llegar antes de lo pactado.

Prácticamente nadie entiende esa virtud.

En general, no gusta esperar a las horas que pasan.

Pero mi inversión tiene otro nombre y apellidos.

La calma apacigua la ilusión y la paz ofrece un perfume hermoso al acto contemplativo.

Mi regalo es hallar la butaca donde los sueños cinéfilos haran presencia, o todos mis sentidos teatrales se preparan para emocionarse.

Y en todas esas ocasiones suena la banda sonora perfecta.

Además nunca estoy sola.

En mi hatillo particular un libro siempre me acompaña.

Historias que preceden a la desconexión hacia los sueños, y que provocan que ese olor ya esté impregnado de los aromas para aprender de la vida.

Contradeciendo a mi admirada Amelie, si que hay tiempo para los soñadores porque siempre habrá hueco para Totó en la cabina de Alfredo.

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