Por fin me gustan mis ojos
POR FIN ME GUSTAN MIS OJOS
Mi padre intentó enseñarme con los ojos marrones
«Natalia, eres la protagonista de Brown eyed girl de Van Morrison»
Si un musicazo te compone una canción así, es que tus ojos son preciosos.
Yo nunca le creí.
Siempre pensaba en amor de padre hacia su hija, y soñaba con ojos verdes como la albahaca que hicieran perder el sentido hacia quién me mirara.
Sin duda, esto era fruto de una complejidad aplastante resumida en el color coca cola que parpadean detrás de mis vistosas gafas.
Ese daño es pequeño, pero a la vez, terrible.
Se camufla en el humor y en no darle importancia a un dolor constante, y que se desarrolla de forma autónoma.
Se debería enseñar en la escuela de la vida a quererse bien, a poder estudiar ese súper poder personal con el que poder acabar con la tristeza de pertenecer a un mundo donde las exigencias y altares de belleza, destruyen la autenticidad de un alma honesta.
Afortunadamente un día, el espejo me sonrió dotándome de un «guapo subido» con el que me comería el mundo mirándolo a través de mis ojos marrón oscuro.
Y, por fin, me gustan.






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