De vuelta al lado real del espejo

Como en todo festival que se precie, no puede faltar una recta final donde los premios, relativos en su selección o absolutos por méritos propios, son entregados de una forma en la que, como siempre ha pasado en la historia de todos los festivales que se precie, “nunca llueve a gusto de todos”.

Crónica realizada por Javier Acedo

Pero, en este caso, la lluvia está bien repartida y meritoria. Aunque la mayoría de los premios oficiales hayan recaído en “la zona asiática” gracias a dos de las mejores películas proyectadas durante el festival, “Tag” y “The assassin”.

Para el jurado oficial, el premio a la mejor película recayó en una de las últimas obras del prolífico director japonés Sion Sono. “Tag” es una montaña rusa surrealista, frenética y con altas dosis de gore, un auténtico disfrute descerebrado donde el director, con un ojo hacia Buñuel y sus mujeres y otro en el manga más dinámico, adapta una novela de corte fantástico para llevarla a su terreno, un cajón desastre delirante donde la crítica hacia la sociedad japonesa – misógina y machista – conjuga con el lenguaje del video juego.

Y, si de vísceras, golpes de efectos, disparos y miembros cercenados andaba la cosa, el film también fue galardonado a los mejores efectos especiales. Premio merecidísimo a todo el equipo encargado de esos menesteres audiovisuales si el film contiene una de las escenas de arranque más impactantes en muchos años.

Por otro lado, el otro gran triunfador fue Hou Hsiao-Hsien, premiado como mejor director por su bello ejercicio cinematográfico “The assassin”. No se puede estar más de acuerdo ante esta elección porque el director ofrece otra muestra más de su buen hacer como director, cuidadoso tanto en la narración de historias como en sus imágenes. Formas visuales, bellísimas e hipnóticas, que también fueron premiadas con el premio a la mejor fotografía para Lee Ping Bin.

Dentro del apartado literario, el premio al mejor guión fue a parar para los guionistas, y también directores, Françoise Simard, Anouk Whissell y Yoann-Karl Whissell, por el film “Turbo kid”, película que, desde el momento de su estreno en festivales, se ha convertido en obra de culto para el aficionado al género.

El film, todo un entretenimiento a modo de revival de los años ochenta del fandom australiano, está lleno de referencias a dos clásicos del género australiano, el universo Mad Max y aquella simpática película juvenil llamada “Los Bicivoladores”.

Con semejantes ingredientes, más el añadido de un apreciable contenido de efectos gore, también hizo las delicias de los asistentes al festival, galardonándola, por votación popular, con el premio del público, en un alarde de “discrepancia de criterios” con respecto al jurado oficial, quizás más pendiente de un marchamo más “de auteur”.

En el aspecto actoral, quizás haya un poco de discrepancia con respecto a la decisión del jurado, otorgando premios a los actores Kevin Bacon por el film “Cop car” – quizás, un guión que hubiera funcionado mejor como cortometraje que como largometraje – y a la actriz Ah-Sung Ko por “Office”film con un errático tempo narrativo pero visualmente bien orquestado

En el caso del film coreano, en un alarde por parte del jurado de que convivan “lo autor y casquería”, también obtuvo una mención especial “por crear un ambiente de terror con un trasfondo socio-laboral de alcance universal”, según palabras del jurado.

En definitiva, y como se ha dicho antes, la lluvia no es agrado de todos. Pero, lo que queda en el recuerdo de esta edición, son los buenos momentos cinéfilos, de disfrute, miedo, risas y suspense que el público ha pasado visitando ese otro lado del espejo que, más que deformar la realidad, nos muestra otras realidades que se alejan de nuestras vidas mundanas.

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