– VIAJE A ÍTACA-
Crónica realizada por Víctor Almazán
Día 9 XXL (12.7.18): Renaco Lodge, día 3
Después del ajetreo del día anterior y lo cansado que estaba, lo que menos me podía imaginar era lo que me esperaba esa noche (y el día en general, probablemente sea el día más intenso de los que llevo de viaje).

La madrugada y la mañana fueron surrealistas directamente. Me había acostado sobre las 21:30, ya que a las 4 salimos al río principal a ver el amanecer.

37923969_2290364090981262_8410413484537282560_nLa cosa empezó sobre las 1 de la mañana, cuando estaba profundamente dormido y de repente me cae agua en la cara. No sé si os ha pasado alguna vez, pero no es nada agradable. Me tapo con mi saco y noto como cada minuto o así cae una gota, así que decido levantarme y ver qué ocurre. Alumbro hacia el techo (porque allí no existen lujos como el agua caliente, la luz o la electricidad sólo unas horas al día si tienes generador), y veo que justo sobre mi cabeza pasa un listón de madera que está empapado. De la condensación, las gotas del techo habían corrido sobre el techo inclinado y todas iban a parar a ese listón, con la suerte de que pasaba justo por el centro de mi cama.

No problem, me levanto y me voy a la otra cama con mosquitera que había y………….al alumbrar una de las esquinas de la habitación……muero, directamente. Un pedazo de tarántula cabeza abajo en la pared a menos de un metro de la almohada. Claro y todo esto con la empanada que llevas a las 2am recién despertado. Flipante. Media vuelta y vuelvo a mi cama original con goteras, y ya me empiezo a rayar con que tengo la mochila abierta en la cama y se va a meter, que se me cuela en los zapatos…en fin, de dormir ya olvídate.

Después cuando te habitúas un poco al ambiente y las conoces, la tarántula no hace nada a menos que la molestes, de hecho no se movió un cm en las 2h que tardé en levantarme. Pero claro el susto gordo te lo llevas.

En fin, a las 4 am hablo con Augucho para explicarle los 2 problemas y lo de la gotera le sorprende, pero con la tarántula dice con toda su pachorra: ¿Eso es lo más normal aquí!? Y tal cual la coge con la mano y se la lleva fuera (olé tú, ya podías haber venido unas horas antes jajajaja).

Bueno, en plena oscuridad todavía cogemos nuestro mini bote de madera que hacía aguas por todos lados, y ponemos dirección al río principal para ver amanecer. No serían más de 10-15 minutos.

37907270_2290364257647912_7653720975187378176_nEl cauce del río es muy curioso porque, además de que puede fluctuar casi 50 metros de invierno a verano, todos los árboles y ramas que van cayendo tienes que irlos sorteando con el bote. Pues al poco de salir del campamento…¡Clonk! El motor choca con uno de esos árboles que había en el cauce y perdemos la hélice (con lo que el motor queda absolutamente inservible). Sobra decir que aquí los motores son muy rudimentarios, tanto que la hélice estaba agarrada con un alambre. En fin, a pesar de todo me dijo que esto solo le había pasado 3 veces en todos los años que llevaba de guía.

¿Qué hacemos? Si volvemos al campamento a por otra hélice nos perdemos el amanecer, y si seguimos tendríamos que hacerlo a remo casi 4 km (y sumando la hora que era y lo poco que había dormido). Pues ahí que vamos los 2 valientes remando como si nos fuera la vida en ello para poder llegar a tiempo. Y después de casi 1 hora ¡lo conseguimos! 😀

37933258_2290363307648007_8402285306174242816_nLa naturaleza nos regaló un amanecer espectacular, de los más bonitos que he visto, y encima con los delfines por medio (que estaban comiendo en la unión de los ríos). El hombre estaba un poco apurado porque allí se desviven por ti, porque estés perfecto cada segundo, pero ya le dije que gracias a ese esfuerzo mereció más la pena y supo mejor.

Tras descansar un rato, emprendemos los vuelta parando en cada choza a ver quién nos prestaba una hélice y algo con que amarrarla. Por suerte a Augucho lo conocen en todos lados y coincidió que su cuñado vivía cerca de allí, así que continuaba la improvisada aventura con una visita familiar, el nivel de surrealismo iba aumentando a cada minuto xD.

En el fondo agradecí mucho esta visita, porque es de las que no se hacen en ningún tour y te permite apreciar como viven de verdad esta gente.

37907755_2290363514314653_3514233883304394752_nBueno, con el motor ya arreglado, a eso de las 9 estábamos de vuelta. Desayuno típico de aquí (tortilla con verduritas del huerto y algo de fruta), y paseo matutino por los alrededores para conocer algunas plantas medicinales y ver el árbol más grande de la zona, un Wimba de más de 90 metros de alto, 10 metros de ancho entre sus aletas (raíces  superficiales), más de 600 años de antigüedad, con hamaca y escalera natural… Muy impresionante. La pena es que las termitas habían llegado hace tiempo y el pobre estaba ya sentenciado.

Después de volver y disfrutar de una deliciosa comida, me marqué un “tipical spanish” y me pegué una siesta de 2 horas absolutamente necesarias después del ajetreo de la noche y de saber que esta noche dormiríamos en hamacas en mitad de la jungla.

Pues con todos los bártulos en nuestra barquita, rumbo a un gran lago cerrado a casi 2 horas de camino en bote desde el campamento. El camino prácticamente igual que los anteriores, aunque se agradecía conocer zonas nuevas (es curioso como la primera vez que te metes en el bote estás super temeroso a que vuelque y después ya podrías hacer el pino).

37920718_2290363820981289_6868262604544933888_nEn uno de los pocos claros que había en la orilla del lago decidimos aparcar nuestra barca y montar el chiringuito donde dormiríamos. La zona estaba un poco preparada pero era preciosa, con la jungla al fondo y al otro lado el lago.

37874443_2290364504314554_8711251535322939392_nDos árboles robustos, unos cuantos palos cortados, lianas por doquier como cuerdas y todo listo para amarrar la hamaca (con mosquitera incluida por supuesto, luego os contaré el truco para que no se cuele ninguno cuando entras a dormir), y el toldo por encima por si llueve. No os perdáis las fotos para que veáis lo guay que quedó todo.

37975834_2290363244314680_4743092780526469120_nLa siguiente actividad de la tarde me motivaba especialmente: otra vez íbamos de pesca pero esta vez la cena dependía 100% de lo que cogiésemos, si no pescábamos no había cena. Por fortuna se dio increíble, hasta el punto que decidimos devolver a los más pequeños de la cantidad que cogimos.

37964948_2290363654314639_3039118119915225088_nY aquí he de añadir algo que me dejó realmente impresionado, de esas cosas que si te las cuentan no las crees: por fin pesqué la famosa piraña (además la primera que cogimos de un tamaño considerable, es muy curioso el ruido que hacen al sacarlas del agua, parecido a las gaviotas de “Bucando a Nemo” xD), y tras las típicas fotos y tal, Augucho decidió ir limpiando el pescado para la cena viendo que yo estaba pescando un montón. Con los 6-7 pescados que cenamos luego a la brasa el protocolo era igual: varios cortes en ambos lomos para ponerle sal, tripas fuera y le quitaba las escamas. Pues bien, después de haber eso mismo con la piraña, la deja en el montón de peces ya limpiados…. Y de repente la maldita pegó un aleteo tremendo!!! (Había leído que podía sobrevivir hasta 1 hora fuera del agua y que si te pillan te arrancan un buen pedazo, pero esto fue increíble).

37931463_2290363137648024_3447345814983147520_nCon los deberes hechos y tras un atardecer espectacular, volvimos al campamento a preparar la cena (en una parrilla artesanal con troncos la mar de apañada), y a prepararnos para la batalla. En mi vida me he sentido así, viendo solo lo poco que alumbraba la luz frontal de mi cabeza, con casi 70-80 mosquitos rodeando cada cm de tu cuerpo (y especialmente concentrados en la cara porque es donde estaba la luz) y eso que iba totalmente cubierto con repelente en la piel y en la ropa, pero a ellos como si nada. Cenamos de pie sin parar de movernos y braceando continuamente para intentar espantarlos (la mano que sujetaba el trozo de cartón donde comíamos me la acribillaron porque no podía moverla tanto).

Cenamos todo lo rápido que pudimos (eso sí, el sábalo, la mohara y la piraña estaban riquísimas hechas a la leña, y he de reconocer que el sabor de la piraña me sorprendió de lo buena que estaba), y corriendo para el bote, que nos quedaba la última aventura del día: ¡salir a buscar lagartos!

37884252_2290363377648000_3889149541441601536_nAugucho me explicó que para buscar caimanes tienes que fijarte donde haya dos puntos rojos en la oscuridad, ya que cuando iluminas los ojos de un caimán se ven de un rojo intenso. Así que allí íbamos, rastreando toda la orilla desde el bote linterna en mano. Tuvimos suerte y cogimos uno pequeñito con la mano, y un poco después uno de 70 cm con al arpón. Una auténtica pasada poder tocarlos y cogerlos con mis propias manos, son preciosos (eso sí, cuidado al soltarlos que te pueden agregar un buen bocao).

Un poco más tarde decidimos que ya estaba bien por hoy y volvimos al campamento (parece mentira que se puedan hacer tantas cosas en menos de 1 día).

La hora de entrar en la hamaca era crítica, ya que si tardabas mucho el reducido espacio se te inundaría de mosquitos. Así que, haciendo malabarismos quitándome las botas, conseguí que solo entrasen unos 10-15 mosquitos en los pocos segundos que tarde en entrar. Ahora sólo quedaba matarlos a todos y a dormir plácidamente en mitad de la selva 🙂

P.D. A día de hoy, casi 10 días después, puede que haya sido de los peores momentos del viaje. Cuándo llegué a Iquitos al día siguiente me conté más de 80 picaduras especialmente concentradas en la parte interior de los muslos (por aquello de ir sentado en la barca con las piernas abiertas). Hoy me siguen picando la mayoría, pero sin duda volvería a repetir la experiencia.

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