– VIAJE A ÍTACA-
Crónica realizada por Víctor Almazán

Día 2 (5.7.18): Lima 

A eso de las 6am ya estaba despierto, (¡nunca había madrugado tanto voluntariamente!). Desayuno, preparativo de mochila y rumbo a los primeros recados del día.

IMG_20180705_085401La primera tarea era encontrarme con Alfredo, un cambista de dinero que trabaja en plena calle y son totalmente legales, allí hay un montón. Esta es la forma típica de cambiar dinero aquí, hay muy pocos bancos (y los que hay tienen seguridad con metralleta en la puerta). No deja de ser curioso como estos cambistas van con grandes sumas y no les pasa nada, y a los turistas los asaltan a la más mínima si te metes por donde no debes.
Siguiente parada en el supermercado para comprar provisiones pensando en los siguientes días, y vuelta al hostel a descargar.

Ahora ya sí, tocaba ver la parte de Lima donde estaba (los distritos de Barranco y Miraflores, los más turísticos).IMG_20180705_174717

Barranco es un barrio que desprende un encanto especial. Posee una curiosa mezcla de grandes pisos y urbanizaciones de lujo dando al acantilado, con pequeños chalets antiguos en plena calle. Siempre tiene vida: gente cantando en la calle, vendedores ofreciéndote chicha, gaseosa, chifle, café en termos gigantes, heladitos… Y la parte más turística: el Puente de los suspiros (que cuenta la tradición que si pides un deseo y consigues cruzarlo andando sin respirar se te cumplirá), los jardines de los alrededores, los distintos miradores, y mi zona favorita, un gran césped dónde te puedes sentarte tranquilamente a contemplar el malecón, el mar, y la línea litoral de la ciudad. La vista es espectacular.

En 1h de paseo tranquilo llego a Larcomar,  la zona más turística donde me dejó el bus el día anterior, y donde haun centro comercial, un Starbucks y hasta un hotel Marriot.

Bicheo un poco las tiendas (los precios están como en España más o menos), y tengo la suerte de encontrarme con una oficina de turismo…¡pobres las que me atendieron! Jajaja. Estuve cerca de 45min pidiéndoles todo tipo de información, y ellas muy amables y armadas de paciencia me lo dieron todo, así que me despedí con un ¡qué apañás sois! (se lo tuve que explicar claro). Lo importante: ya tenía casi todo lo necesario para seguir mi ruta durante todo el mes. Me recomendaron un par de sitios para ver cerca de donde estaba, y algunos lugares para comer donde suelen ir los locales.

Paré a comer un menú de 12 soles (no llega a 3€) en un lugar llamado Telepodromo, que tenía más de lugar de apuestas que de restaurante. Pero como estaba lleno, apliqué mi lógica cuando viajo de ir a comer donde más gente haya.  Un enrrollao de jamón, una milanesa con arroz y papas y una deliciosa bebida de maracuyá después, puedo decir que mereció la pena.

La tarde la dediqué a visitar el parque Kennedy, los mercados artesanales peruanos, indios, incas (inmensos y con mil puestecitos, te podrías pasar allí días y días), y a disfrutar de un heladito y un buen café del amigo Juan Valdés.El camino de regreso fue muy placentero, había olvidado lo que era pasear sin prisa, sin tener que ir corriendo a donde sea.

IMG_20180705_175407Llegando casi al hostel me senté un buen rato en unos escalones de la plaza municipal de Barranco, estaba realmente animada. Unos hinchas de fútbol tocaban sus tambores, la gente conversaba en los bancos, los establecimientos rebosaban  de gente y lo que más me fascinó…¡Niños jugando al fútbol! Así, sin más. Organizando sus pachangas, escogiendo los equipos a dedo, con su portero-jugador, con sus berrinches, con su ropa sucia, con sus “tiro yo el penal que voy a marcar golaso”…(ahí me paré a pensar cuánto hacía que no veía eso en Málaga, ¿¿dónde ha quedado todo eso?? Tanta consola y tanto internet nos está matando…). Me hizo sentir realmente bien, estaba como hipnotizado 🙂

IMG_20180705_132431Ya en el hostel, antes de dormir tocaba hacer la maleta para mí aventura de 8 días por la selva. La cosa es que tardé bastante más de la cuenta en hacerla porque conocí a una alemana risueña que dormía en la litera de enfrente, Malene. No parábamos de hablar, compartiendo anécdotas y aventuras (y perfeccionando mi ingles claro :p). Ella también viajaba sin fecha de regreso, llevaba ya 2 meses de viaje y había visitado numerosos países de Sudamérica. Fue todo muy especial. Una de esas cosas que solo te pasa cuando viajas y conoces gente extraordinaria.

Además compartíamos una de las máximas que me acompañará durante todo el viaje: “El plan es que no hay plan”. Nos volveremos a encontrar en algún lugar seguro 🙂

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