– VIAJE A ÍTACA-
Crónica realizada por Víctor Almazán
Día 7 (10.7.18): Iquitos – Nauta – Renaco Lodge
Bueno, vaya por delante que es absolutamente imposible transmitir lo que he sentido y vivido durante estos 4 días incomunicado en la selva en pleno Amazonas, pero intentaré que lo sintáis como yo lo hice 🙂
37589559_2275769635774041_828116191984746496_nEl día comenzó de nuevo bien temprano, a las 8.30 me recogieron en el hostel un chico de Minesota, Augucho y Rafael (nuestros guías durante estos 4 días). El chico americano, Jamie, iba 6 días solo para pescar de todas las formas posibles, es pescador profesional en su tierra (compartimos 4 días y charlamos de todo, nos hicimos buenos amigos). Iba con Rafael y yo iba con Augucho, y mi sorpresa fue mayúscula porque normalmente estos tours se hacen en grupos de 6-7 personas, y yo lo tenía solo para mí! Realmente fue coincidencia que durante esos días no hubiese más turistas que hiciesen ese tour, porque me esperaba un grupo pequeño, pero tener un guía privado a tus órdenes es un auténtico privilegio (y por supuesto mucho más caro de lo que me costó, pero salió así).
2 horas de taxi a Nauta, deshaciendo el camino que había hecho en el carguero y utilizando la única carretera de Iquitos (es grande y hay una población de más de medio millón de habitantes, pero solo puedes ir en avión o barco, porque está en pleno corazón del Amazonas y rodeada de agua por todos lados).
De Nauta al Renaco Lodge fue hora y media en un bote donde de camino pudimos ver delfines, el nacimiento del río Amazonas (por la unión de los ríos Marañón y Nanay) y los guías nos divertían con historias curiosas de la zona. Estaba realmente fascinado con todo el paisaje que nos rodeaba, con estar en el bote viviendo aquello sintiéndome cual explorador en busca de aventuras. Muy intenso 🙂
37588071_2275769429107395_3070669319038828544_nLa llegada al campamento fue alucinante, era la primera vez que estaba en un sitio así, todo construido de madera, sin paredes de obra, sin ventanas, en un mínimo claro de la selva al borde del río, escuchando todo tipo de sonidos naturales… Guapísimo (ver fotos y vídeos). Mi cabaña tenía 4 camas pero como solo estábamos nosotros 2 la tenía enterita para mí. Muy curioso también dormir en una cama con mosquitera.
Llegamos a la hora de comer (que aquí es a las 12, desayuno sobre las 7, almuerzo a las 12 y cena a las 6, y a las 8-9 estás ya deseando coger la cama). Pues eso, disfrutamos de una rica comida a base de pollo, guiso de legumbres y arroz (como no, creo que en los 10 días que llevo aquí he comido arroz toooodos los días, y lo sirven en cantidades indecentemente grandes), y después de comer nos lanzamos a por nuestra primera aventura: ir a ver delfines.
En estos ríos puedes encontrar 2 tipos de delfines: los delfines grises, que no miden más de 1 metro y son muy juguetones, y el delfín rosado, que es del tamaño habitual de los delfines marinos pero de color rosa. Son muy famosos aquí, es una atracción muy conocida.
37573099_2275769155774089_414058319330672640_nAsí que cogimos nuestro pequeño bote de madera, que tenía fugas por todos lados pero tras 4 días prácticamente viviendo con él le coges mucho cariño (por supuesto lo prefería antes que botes más grandes y modernos), y volvimos a la entrada del Ucayali a buscarlos.
He de deciros que Murphy nos ha acompañado casi siempre en estos días allí, porque bastaba salir a buscar algo para no encontrarlo, y cuando hacíamos otras actividades aparecía de repente xD.
Bueno finalmente los encontramos y estuvimos un buen rato viéndolos más o menos cerca del bote, viendo el atardecer mientras Augucho me contaba sus aventuras más locas en sus más de 30 años como guía*…todo muy relajante e ideal para ser la primera toma de contacto con el entorno.
*(Aquí he de añadir la anécdota que más me impactó. Estuvo a punto de morir hace unos años, durante un tour parecido al mío pero en una zona más alejada de la selva y con una pareja de holandeses. Estaban los 3 solos. Haciendo una caminata nocturna le picó una serpiente muy venenosa en el pie (iba descalzo, a quién se le ocurre), y no había ni medicinas ni centro médico cerca. Así que tras un día con mucha fiebre, casi sin poder moverse de la cama y el pie como una bota, el chico holandés decidió cogerlo en brazos e ir remando al pueblo más cercano, que estaba a casi 5 horas. Allí casi moribundo, lo atendió el médico del pueblo y lo llevaron inmediatamente en lancha rápida a la capital, donde estuvo ingresado más de una semana y a punto estuvieron de tener que amputarle la pierna. Finalmente todo salió bien. Antes de contármelo me preguntó si creía en Dios, porque él piensa que lo salvó esta vez).
Regreso al atardecer, cena y preparado para la siguiente actividad, precisamente un paseo nocturno  por los alrededores para buscar todo tipo de bichos. Y nada más empezar había un pedazo de tarántula enorme, justo en el enfrente del campamento.
No vimos demasiadas cosas (arañas de todos tamaños, colores y especies, una lagartija, un escorpión, mosquitos e insectos voladores por supuesto…), pero es realmente impresionante oír como late la selva en la oscuridad, apagar tu luz un segundo y no verte ni siquiera las manos, solo oír todo lo que te rodea. Guau, guardaré en mi memoria ese momento seguro.
Esa noche me costó dormir un poco más de lo normal, porque una vez entras en la selva se te activa una especie de alarma automática que hace que cada cosa que te toque o que oigas te ponga en alerta por si es algo peligroso (y la mayoría de las veces no lo es por supuesto). Pero normalmente suelo dormir con tapones para evitar el ruido de la ciudad o de los compañeros de habitación, pero esa noche me di el lujo de dormirme escuchando los sonidos de la naturaleza más salvaje a través de mi mosquitera. No tiene precio 🙂
¡Compártelo!
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter