– VIAJE A ÍTACA-
Crónica realizada por Víctor Almazán
Dia 6 (tarde):
La última noche en el barco fue un poco sobresaltada (sí, para darle más emoción a la cosa si cabía). Entre la gente que entró de repente a eso de las 2 de la mañana gritando ¡Nauta! (última gran parada antes de Iquitos y donde se bajaron algunos pasajeros), y la casi lluvia de escarabajos voladores y bichos que hubo donde dormíamos (es realmente inquietante estar dormido y notar como van chocando contra tu hamaca o incluso verlos encima de tu manta, menos mal que eran escarabajos adorables y no cucarachas), pues eso, que dormí bien poco.
Pero bueno, la emoción de llegar a puerto después de 2 días y medio y saber que al día siguiente estaría en plena selva amazónica podía con todo.
37423002_2275267982490873_5216389303143235584_nLa llegada a Iquitos, y sobre todo el amarre en puerto fue cuanto menos curioso (Nota: no perderse las fotos , en plan “¿a que no hay huevos de meter un carguero de 7 metros de ancho en un hueco de un metro entre 2 barcos?. Y la cosa es que se ve que allí  es lo normal. Espectacular). Eso y que nos recibió una temperatura y humedad asfixiantes.
Me dio tiempo a reservar hostel para esa noche antes de llegar a puerto, así que una vez en tierra tomé con mi amigo de Cajamarca una moto taxi dirección al centro y allí nos despedimos.
En el hotel conocí a otro personaje: Marcel, un brasileño afincado en Iquitos, que trabaja en The Flying Dog. Súper buena gente y la verdad que me ayudó bastante con todo, y a día de hoy parece que ha jugado un papel importante en mis aventuras en la selva. Así que tras darme una buena ducha (dios como la echaba de menos!!), lavar un poco de ropa y dar noticias de mi llegada, puse rumbo al centro a ver que me encontraba por allí.
La primera impresión fue de inseguridad por encontrarme en un sitio nuevo y bastante distinto a las ciudades europeas: suciedad, pobreza, gente con pinta rara (aunque aquí el rato fuese yo), moto-taxis everywhere… Pero después de un rato pululando por allí no hubo problema. Primera parada el supermercado, para comprar algunas cosas y aproveché para comer en un restaurante que había dentro (Portales se llamaba, barato y todo muy rico). Como venía de comidas un poco raras en el barco, tiré por lo seguro y me fui al bocata de pollo y zumo de papaya (espectacular), y a seguir camino que me esperaba una tarde tediosa buscando tours en la selva.
Después de mucho leer en Internet me fui directamente a la agencias y claro, en la primera que entré me trincaron y no me querían soltar. En todas me acompaño José, un mototaxista que me fue rebotando de una en otra hasta dar con alguna que me convenciese y que se lleva comisión claro está. Había una especie de competición por ver quién te llevaba a una zona de la selva más alejada, dicen que cuanto más lejos tienes mas probabilidades de ver animales y bichos. Pero vamos, el ritual para hacerte ver que son los mejores es brutal, casi media hora allí sentado en el local de cada uno, vendiéndose la moto por supuesto y ofreciéndote desde un “te invito a chupitos típicos de aquí”, “te regalo no se que y no se cuanto”, o lo mejor “te digo que vale el doble y como somos amigos y me has caído bien te lo dejo tirao”. Me hubiese encantado hacerle una foto a algún local, eran clonados pero cada uno con un mapa gigante del Amazonas que casa vez abarcaba una zona mayor, tu álbum de fotos con gente súper feliz haciendo cosas,  el tipo sentado enfrente tuyo en plan mafia…una experiencia vaya.
Total, que después de 3 horas me decanto por uno y cuando vuelvo al hostel a por dinero para reservarlo me cruzo con Marcel y me dice que me fíe de él y que lo haga con la empresa que el me recomienda, que es súper fiable. Vuelta al lío, pero al final me dan mejor espina y me quede con estos últimos  aunque fuesen un poco mas caros (hablamos de 150 soles el día en un tour de 4 días haciendo todo lo que os contaré los próximos días. De risa vaya).
37570525_2275732869111051_879013276724232192_nUna vez solucionada la tarea, me voy a dar un mini paseo por los alrededores del hostel antes del anochecer y comiéndome mi heladito, y como me fue bien vuelvo a cenar en el mismo sitio que comí, pero esta vez me sale la vena aventurera y pido Juane de Yuca (sin tener ni zorras de lo que es,  pero me dijeron que era típico), y un zumo de frutas tropicales que a día de hoy es de lo mejor que he probado aquí. No perderse la foto de la pinta súper asquerosa que tenía el plato: como una especie de pudin verde caliente…pero que para mi sorpresa estaba relleno de pescado y sabia a gloria! La suerte acompañó esta vez 😛
Regreso al hostel y súper emocionado me voy a preparar mi mochila para los próximos 4 días, donde volveré a estar desconectado y haré cosas como buscar tarántulas, pescar pirañas, ver la Victoria Regia (la planta acuática más grande del mundo), acampar una noche en plena selva… ¡No puedo esperar! 😀
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