Crónica «Luz Casal – Me voy a permitir» – Teatro Cervantes
DESCARO, VALOR Y UNA PIZCA DE AMOR
El título de la crítica remite a una de las nuevas canciones de Luz Casal, de la que me encanta descubrir en directo su trabajo, para luego ir directa a comprármelo y lucirlo en mi estantería. Y es que estos versos de «Nada es imposible» me resumen lo que ha sido el conciertazo que hemos vivido en esta segunda noche en el Teatro Cervantes todo el aforo lleno.
Al principio de la velada nos ha sorprendido con un traje blanco en el que el valor de cómo interpretaba sus temas recientes, más otros muchos deseados, era lo más destacable en un actitud más formal, manteniendo su interpretación delante del pie de micro, y en ocasiones sosteniéndolo con mucha intensidad, para posteriormente salir con el descaro con su vertiente rockera en un vestido negro con mucha garra que sacaba a relucir las canciones con las que no resistíamos a quedarnos sentados en el patio de butacas, y en esa última parte del concierto, nos ha ofrecido esa pizca de amor que esta ciudad le brinda y le acoge como a una malagueña más cantando las más célebres de la artista.
Luz Casal tiene la esencia de un poliedrismo en el que logra transformarse en la artista que necesita, con toda la calidad y profesionalidad que atesora desde su experiencia, hasta lo que sigue experimentando en su música. Es una valiente con la conciencia de saber perfectamente lo que quiere y cómo lo quiere. Pero en la faceta donde personalmente me alegra lo mucho que está creciendo, es la compositora. Además de esas nuevas versiones que nos han sorprendido de sus grandes clásicos, noto que la cantante aprovecha su libertad creativa para hablar de lo realmente importante, y que a veces no queremos ponerle nombre. Ella, en cambio, se ha despojado de todo ese miedo para desde su recorrido vital, brindarnos las herramientas sonoras para coger fuerza y seguir adelante con nuestros sueños y anhelos, o simplemente para ser feliz siendo honesto con lo que uno siente.
Sin duda está en su mejor etapa. Le he notado en el escenario con un juego sublime en cada palabra que quería expresar, y que esa niña interior podía cantarle a todas las emociones que hicieran falta. Una comunicación directa e intensa con el público que expresaba recíprocamente la alegría estar presentes en un espectáculo donde Luz Casal ha mejorado y sorprendido en su propuesta.
Al principio del evento hemos podido escuchar «¿Qué has hecho conmigo?» y el recuerdo de «A cada paso». Y al darnos las buenas noches, yo ya he sucumbido a mi felicidad más plena al cantar mi favorita que es «Volver a comenzar», para seguir deleitándonos con la actuación que nos transmitía al público desde una belleza de letra como es «Sentir». Posteriormente nos explica que su nuevo álbum tiene dos caras: la compositora y autora (que representa al presente) y la intérprete (que va un poco más allá de si misma), Tino Di Geraldo a la batería se retira para dar paso a la versión de Amália Rodrigues con «Lágrima», despojándose de su chaqueta viajamos a «Bravo» donde la artista explica que nunca ha experimentado el sentimiento de odio pero que quería marcarlo en esta canción, la cabeza de todos los asistentes delira con una versión increíble de «Entre mis recuerdos», con ese susurro luzcasaliano del que ya somos adictos, nos dedica a todas las mujeres su «Y no me importa nada», y finaliza este bloque felicitando a su gran seguidora Azucena por su cumpleaños dedicándole «Besaré el suelo».
Con una introducción de sus grandes músicos, Jorge F. Ojea (guitarra), Peter Oteo (bajo), JM Baldoma ‘Baldo’ (teclado) y Borja Montenegro (guitarra), Luz Casal se empodera con su vestido negro y cuando oigo los bellos compases de «Un nuevo día brillará», recuerdo que era la favorita de mi madre para cantarla sin vergüenza como ella hacía con toda su hermosura, de hecho la propia cantante me hace un gesto desde el escenario con el que me ha permitido vibrar con ella, de aquí pasamos al blues divertidísimo y reivindicativo de «El blues de la cebolla», logrando que me enamore de una de las canciones de su último álbum que hemos destacado anteriormente titulada «Nada es imposible», y luego siguiendo con el rock cañero con «Parece ser» y «Me voy a permitir», y aquí se suceden clasicazos muy esperados por sus seguidores como mi amada «Tal para cual», presenta a toda la banda con «Rufino» (ese baile de pingüino es para patentarlo), la siempre vital «Loca» y la no menos interesante «Un pedazo de cielo».
Las propinas vinieron con una indumentaria más onírica para transportarnos a «Negra sombra» logrando un silencio cómplice del público dejándose llevar por toda esa atmósfera única que Luz Casal estaba creando, para seguidamente reconocer «Piensa en mi», ponerse la boa al cuello más que necesaria para «Un año de amor» y acabar el concierto con «Te dejé marchar».
Y es que la dejamos marchar con sensaciones positivas por todo lo alto. Unos mensajes directos de actuar en este momento, frente a una renovación de sus temas más conocidos centrándose en recitarlos de una manera más profunda y completa para que vuelvan a ser temazos para sus seguidores. Luz Casal es el reflejo de una madurez en constante aprendizaje y respeto a su público. Es un empeño para que con toda la precisión de los ensayos y los arreglos trabajados, salgas de un concierto pensando en todo lo vivido y dando las gracias porque podamos presumir en España de estos valores culturales que nos hacen sentir que aún queda tiempo, para intentarlo y para cambiar nuestros propios destinos.






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