LA VEJEZ: ESA VENTAJA QUE LLEGA TARDE

No era la obra que esperaba ver, pero como sucede con las mejores cosas de la vida, las sorpresas inesperadas son las que mejor sientan y mejores lecciones te pueden dar, además de las madres.

La función esperada la pasada noche de este jueves 22 en este I Festival de Teatro y Musicales de Benalmádena era “Mentiras inteligentes”, y por esas cosas que nos han hecho aprender de vivir el día a día han provocado que por circunstancias de esta pandemia incierta no haya podido celebrarse la obra, y se haya tenido que sustituir por la otra función que también llevan por toda España, Jesús Cisneros y María Luisa Merlo, titulada “Conversaciones con mamá”. La verdad es que desde la organización han tenido un acierto en compensar a los espectadores con un 2×1 para cuando pueda venir la función el 19 de Agosto, o la devolución del dinero.

Sentarme en el patio de butacas a escuchar a la gran actriz del teatro español es un regalo de ver a una intérprete entregada en su trabajo, y que ves en sus ojos y en su sonrisa a una curranta que quiere seguir disfrutando en el escenario como si fuera una niña pequeña que actúa por primera vez. Qué lecciones de naturalidad y emoción da en cada diálogo y cada gesto. Y lo más importante de todo, cómo cada persona puede ver a su madre interpretada en cada poro de su piel, seguro que hay algún matiz o alguna frase que nos haga recordar a nuestras progenitoras. Yo confieso que me ha sucedido, y es precioso poder recordar todo lo mejor de quién te ha dado la vida. Y quién quiere seguir dando su vida por verte y hacerte feliz.

En ese diálogo constante entre Jaime y su madre, reconocemos la idiosincrasia más particular que tenemos en nuestras casas. Por ejemplo, en hacerse un poco las víctimas para que les demos un poco de cariño, el saber jugar sin miramiento con su propia muerte y hablar de ella sin tapujos, ese “¿estás bien?” preciso que te viene en el peor momento para desahogarte y sacar lo que llevas dentro, los cambios de tema sutiles cuando no les interesa hablar del tema que estamos proponiendo, el prepararte un caldo, si pudiera ser de gallina mejor, para que te quedes a cenar, esa pregunta indiscreta que hace rabiar de “¿has bajado la tapa del wáter?” o transformar lo que nos parece el mayor problema del mundo en una bobada al instante.

Todo ello con una puesta en escena que nos recuerda a las casas antiguas de nuestras abuelas, los muebles de diferentes compartimentos con cristalera o la mantelería antigua guardada en cajones. Incluso un parchís que solamente se vuelve a jugar cuando regresas a casa de tu madre o tu abuela. Y con un compañero de reparto que es Jesús Cisneros, que realiza el papel menos agradecido en lo que es la obra en sí, pero que todos los días poder compartir esa felicidad de actuar le vale para poder cumplir como ese hijo que va a trancas y barrancas, que no sabe lo que quiere en la vida y que tiene miedo, y no acepta enseguida los sabios consejos de su madre que le harían ser más feliz, aunque no quiera reconocerlo. Que detrás de todas esas apariencias que intenta demostrar, lo único que hay es temor. Un gran trabajo el de este actor, que favorece a la comedia que necesita “Conversaciones con mamá”, y que el papel de María Luisa Merlo pueda lucirse con fuerza.

Y si algo también he aprendido con esta obra es que mi propósito en la vida es ser una anarcojubilada, aunque más bien es saber comprender que las cosas son más simples de lo que nos la complicamos nosotros, y que al lado de nuestras madres no sabemos absolutamente nada de la vida. Y que quiero pasar los años de mi vida siguiendo ilusionándome por lo que veo en cultura y luego traslado en palabras con los ojos y sonrisa de María Luisa Merlo. Esa vejez aventajada que llega tarde. ¡Mucho parking siempre!

¡Compártelo!
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter