La película número 48 del cineasta no podía tener un título más apropiado. Y es que “Día de lluvia en Nueva York” no está planteada para que vayas aparatosamente al cine y te haga sentir con reflexiones o emociones vibrantes. Es una comedia fresca con actores que se dejan llevar por la fantasía y locura de Woody Allen para confeccionar un romántico paseo musical por diversas localizaciones de Nueva York, como Central Park, el Upper West Side, The Metropolitan Museum, además de Nueva Jersey.

Uno sabe que debe dejarse llevar por la historia de Gatsby y Ashleigh, dos estudiantes pudientes que deciden ir a la gran manzana porque la protagonista va a poder realizar su primera entrevista como periodista a uno de los directores de cine más influyentes del momento. Los caminos que derivan a cada uno de ellos tras esta excusa contienen todos los elementos que los seguidores del realizador van buscando. Diálogos surrealistas repletos de ironía, referencias culturales en cuanto a música, libros y cine y el paisaje de una ciudad donde el maestro cinéfilo sabe perderse y lograr fotografías maravillosas de la ciudad neoyorquina.

Los actores están muy divertidos y el resultado es una comedia romántica que te hace desconectar del día a día, sabiendo que evidentemente esa consecución de sucesos extraordinario es bastante evidente que no nos los encontraríamos en nuestra vida real, pero para el funcionamiento y explicación de esos diferentes tipos de relaciones amorosas, de amistad o familiares que Woody Allen quiere plasmar, funciona a las mil maravillas. Y se sale con una sonrisa de las que te alegran el haber pasado un día de cine, con lluvia o sin ella. Por cierto, piérdanse como siempre en la maravillosa banda sonora porque merece mucho la pena, se anima hasta el protagonista Timothée Chalamet.

 

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