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Hay que destacar muchos aspectos importantes antes de decidirse ir a ver «Eso que tú me das» al cine. El más importante es el que ofrece Pau Donés en su solicitada charla a Jordi Évole, despojarse de los miedos. Si al plantearte ver este documental supera ese sentimiento a otros en la balanza, no puedes ir a verla y aprender todo lo que el cantante ha querido manifestar en su despedida.

Yo sí que me encuentro en un proceso en el que eso que me ha dado Pau me era importante. Soy una persona que no necesito buscar respuestas, me gusta simplemente entender a las personas, y en el último año especialmente quería entender a Pau. Esta experiencia sabía que me iba a enseñar a ver el mundo desde sus ojos de hablar abiertamente de la vida, aunque todo verse sobre entorno a su muerte.

He llorado nada más verle sentado con el aspecto que ha querido mostrar en pantalla, se me ha venido a la cabeza lo que me hacía falta su voz, sus canciones y en estos últimos tiempos su filosofía del día a día. Pero después sólo he querido escucharle, y precisamente mi temor era que no iba a dejar de llorar durante toda la entrevista, y no ha sido así. Del llanto he pasado a la escucha, y por esos derroteros ha logrado decir las cosas que quería expresar antes de morir.

Lo hace con Jordi Évole porque los que tengan memoria televisiva recordarán que el periodista empezó a ser popular en el programa de Buenafuente creando la figura de «El follonero», que era una persona del público que se dedicaba a hacer preguntas incómodas a los invitados, este personaje lo creó desde su labor como guionista en el programa y al primero que le hizo sufrir con su caña y que se convirtió en un momento muy comentado, sin que existiera la viralidad ni la manera de comunicación que tenemos ahora, fue a Jarabe de Palo. Es como si el círculo se cerrara cosa que me ha parecido maravillosa.

Otro aspecto que quería ver cómo se desenvolvía era el propio Jordi Évole. Yo no sé sin tener esa confianza palpable con el entrevistado, si hubiera sido capaz de grabar esa charla sin derrumbarme, sin que cesara la objetividad emocional que se necesitaba para que Pau pudiera cumplir su deseo. Me he visto reflejada en el periodista, especialmente al comienzo del diálogo cuando se le nota más perdido de no saber cómo encauzar esa situación tan complicada, y cómo esa complicidad ayuda posteriormente a que pasemos de la tristeza a la alegría, sin perder un ápice de ese sentido del humor maravilloso.

La filosofía que se tiene que quedar a cualquier en vena de este documental «Eso que tú me das», son las ganas de vivir. Es la frase más repetida. Pau Donés, como si de una de sus buenas canciones se tratara, habla de que no quería sufrir, pero sí quería seguir buscando las pequeñas cosas felices que necesitaba en su día a día y por ello pasó sus últimos días en el Valle de Arán con esos aspectos que para él eran importantes de ver y sentir en sus últimos días de vida, habla de no tener miedo, de cómo el miedo paraliza absolutamente todo lo que queremos hacer en nuestra vida, confiesa que la pareja es el cementerio del amor y que él ha aprendido que el verdadero amor se encuentra en la familia, en lo que creas y construyes a partir de ahí para finalmente descubrir cuál es el sitio de su recreo y hacernos partícipes de su respiración en su lugar favorito, donde realmente se le ve en paz.

En este sentido, le doy las gracias a una de mis parejas más importantes que he tenido por dejarme en su momento que compartiéramos su amor por este artista, para convertirlo también en el mío. Soy afortunada por haber podido vivir los años de este hombre como músico, y que mi felicidad cabrona sea el haberle tenido siempre como banda sonora. Eso es lo que tú me das.

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