PATADA EN EL CULO A LA RAZÓN 

Últimamente la salud mental está cobrando más protagonismo en nuestra vida actual. En una de las funciones que más me pudo atacar al corazón como fue «Las cosas que sé que son verdad», se encarnaba en la figura de Verónica Forqué una figura muy parecida a la protagonista de «Esperando a Míster Bojangles», en el sentido de que son las mujeres, las madres, las que determinan el rumbo, ya sea mediante la razón o la locura pero se convierten en las referentes de los demás, y en las que su propia aventura es la que va a definir cómo se comportan el resto de los personajes.

En esta primera adaptación teatral al español de la versión de Victoire Berger-Perrín, a su vez basada en la novela de Olivier Bourdeaut, descubrimos a un matrimonio de esos que veríamos desde lejos y no entenderíamos muy bien su comportamiento, pero que a ellos no les importa. Llevan su propia vida a cuestas y no dan explicaciones innecesarias, mienten al revés y escriben a la inversa, crean una forma de pasar su día a día y es lo que van explicando durante la función.

De entre los tres intérpretes, Raquel Infante, Alejandro Morales y Natalia Ruiz, me tengo que quedar con mi tocaya. Qué descubrimiento. Vaya manera de narrar la vida de estos personajes que forman parte de los «Mr. Bojangles», cómo ha logrado tanto mantener el ritmo y hacer que todos queramos conocer más acerca de estas personalidades tan locuaces y finalmente cómo ha transmitido una gran sensibilidad desde su voz hasta los pequeños gestos de sus manos. Se ha transformado en un niño de sueños, que nos ha logrado poner cuerdos para conocer a su entorno chiflado. Bravo Natalia, en cuanto vayan desarrollándose más funciones, estoy convencida que tu rol irá a más.

Me ha gustado especialmente la propuesta escenográfica con diferentes espacios donde ir desenvolviendo la trama, aunque no tanto las transiciones en algunas ocasiones que me hacían que ese dinamismo se me fuera un poco perdiendo para luego recuperarlo con la narración, pero lo que más que nada me ha impresionado es el juego de luces. Hay una mano talentosa de Pedro Hofhuis en la que he podido meterme más de lleno en la historia, en los momentos y en esas sensaciones por las que iban pasando todos los nombres al son de «Mr. Bojangles» de Nina Simone. Me encanta cuando eso sucede, que es que el recurso se pueda convertir incluso en un personaje más. Y así ha sucedido.

Ojalá nuestra existencia se llenara de conductas extravagantes, igual podríamos llevar mejor nuestros propios problemas y no saldríamos a la crítica fácil del desentendimiento de quién decide llevar cada minuto de manera diferente a lo que denominamos, «lo normal». Lástima que al final me haya quedado una sensación de «qué bien lo que me han contado, pero qué pena que no me haya llenado tanto como esperaba». Me ha faltado un impulso de llevar esa comedia al dramatismo, sin que sea algo tan tajante y exagerado, si no que hubiera preferido haberme dejado llevar mucho más por lo que el hijo iba narrando y yo iba observando en escena. Esa parte ingeniosa de la comedia en la que mediante el drama, no sabes de qué te has reído y por qué lo has hecho, y lamentablemente se me ha quedado un nudo vacío que no me ha terminado de llegar del todo al corazón

Dentro de «Esperando a Míster Bojangles», la música de Nina Simone es un buen contexto para descubrir muchos homenajes cómicos dentro de la representación y ver a esta familia poco convencional que navega entre la locura y la cordura, y que nos enseñan a quemar los recuerdos para que no nos los embarguen.  Hay que hacer como ese famoso diálogo de «Alicia en el país de las Maravillas», que también tiene que ver con esa parte más de disfrute y felicidad entre ellos como es el baile.

  • Lo mejor será que bailemos
  • ¿Y qué nos juzguen de locos Sr. Conejo?
  • ¿Usted conoce cuerdos felices?
  • Tiene razón, ¡bailemos!

Es decir, hacer que ganen siempre las reinas de los locos y pegarle esa patada en el culo a la razón.

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