LOS MUROS TEATRALES

Cualquier aprendizaje acotado en limitaciones hace que la sociedad tenga simplemente una única perspectiva, y es cierto que muchas generaciones nos van adelantando en mismas ideas y poca capacidad de amplitud de mira, a pesar de vivir en una sociedad donde podemos acceder a todo tipo de información de una manera más rápida y fácil.

El equipo que hay detrás de «Frontera Norte» ha realizado una adaptación y versión de este texto donde los protagonistas son cinco niños, de los que desconocemos sus edades pero por los diálogos y reflexiones más o menos nos podemos ir haciendo una idea que hablan muy cotidianamente de lo que ocurre a su alrededor, primero con el factor de la imaginación de qué puede ser lo qué se está creando para sentir las consecuencias de la construcción de esa pared enorme que logra dividir en diversas circunstancias a los que conocen a su alrededor y forman parte de sus vidas, y posteriormente con actos que nos son más reconocibles y detectables de nuestra propia existencia o lo que sabemos que ocurre ante incomprensiones que nos han sucedido a todos.

Cuesta un poco entrar en materia de lo que se pretende concienciar, y especialmente me es difícil catalogar este espectáculo de infantil. Entiendo que es un trabajo que se puede entender con una edad avanzada, porque a pesar de que están muy bien construidos los personajes a través de los colores y la personalidad propia infantil de cada uno de ellos, la complejidad a la hora de entender y armar esa propuesta de estructura y los mensajes que se derivan de la historia, es muy difícil que la pueda entender un menor al que no se le refuerza constantemente con estímulos durante la función.

Lo que sí me gustó muchísimo fueron dos escenas que sí lograron la intención de que yo pudiera crear en mi mente el propósito del dolor, incomprensión y miedos que reflejan cada uno de los personajes. Una de ellas fue en la parte más musical con un bonito ejercicio de paraguas y aviones de papel, y la más impactante y especial que sentí que fue el baile de Lila y Tabi donde el verdadero valor de la amistad en esas edades se palpaba exquisitamente y de una manera muy bella con sus movimientos, sus miradas y su intención en cada uno de los gestos. También me agradó el papel de la Madre de todos ellos, realizando una labor desde la serenidad y con ese tono de voz que ya imprime cariño y ternura, y siendo un buen referente de protección y a la vez de impotencia de no poder parar una situación en la que los protagonistas se tienen que ver envueltos, como supongo que muchos progenitores pueden identificarse con ese sentimiento hacia sus hijos.

En definitiva, un buen proyecto de canto a la libertad y darnos cuenta de esas barreras que parecen más infranqueables a medida que pasan los años. Poner esa tesitura y ese debate desde jóvenes ayuda a cerciorarse de que puede haber un problema futuro si no somos capaces de detectarlo, y para ello el teatro es la mejor herramienta. Y sin ninguna frontera que nos divida entre norte y sur.

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