CUANDO HABLAMOS DEL AMOR, TODOS SOMOS PRINCIPIANTES

Os mencionaba en la anterior crítica de «La isla» de Histrión Teatro, que para disfrutarla había que haber experimentado un bagaje teatral que te hace entender la situación de una manera más rápida y certera, y permite ubicar personajes y hallar esas piezas del puzzle para un buen resultado. En este caso de «Principiantes», no sólo volvemos a rescatar esta lógica, si no que es más que recomendable que se sea seguidor o al menos conocedor de la literatura de Raymond Carver.

En caso contrario, puede darse el hecho de que el espectador entienda que hay cuatro protagonistas que hablan desenfadadamente y descontroladamente sobre el amor, pero no las vicisitudes por las que se ha llegado a ese punto. Y también hay que advertir de conocer la manera en la que adapta Juan Cavestany sus textos, en las que de manera habitual incomoda al público, le hace tener que actuar mediante un ejercicio de entendimiento y comprensión y provoca una sensación de desazón en el alma, que necesitas un tiempo prudencial para digerir lo experimentado y empezar a vislumbrar qué es lo que te ha querido contar sobre el amor y con qué te quedas de ese relato.

Seguramente me esté convirtiendo en una teatrera bizarra, pero esa excesividad de música en prácticamente todo el montaje a mi me ha resultado hasta incómoda, y pensaba que nunca diría esto en el aspecto sonoro. Pero creo que esa figura narrativa en la figura de Daniel Pérez Prada, que parecía la propia voz de Carver, y alguna canción en concreto que enmarcaba el texto, ya me era suficiente. Y ya es también cuestión muy personal, pero esa pantalla con visualizaciones de fondo, me despistaba muchísimo a la hora de querer centrarme tanto en los diálogos de los intérpretes como en los propios actos que desarrollaban en primer y segundo plano.

¿He podido reflexionar sobre el amor? En cierta medida, he podido desentrañar qué perjuicios conlleva el exceso de alcohol en todos los seres humanos, y hacia donde deriva lo que consideramos una liberación cuando llegas a ese estado de descontrol, pero en general me he quedado con una sensación muy sombría aún entendido las particularidades propias explicadas por cada personaje.

En «Principiantes» nos encontramos una atmósfera muy oscura, propia además de la literatura americana que confieso que no soy muy seguidora. ¿En caso contrario?, sean principiantes para hablar del amor con esta gran labor interpretativa de Javier Gutiérrez, Mónica Regueiro, Vicky Luengo y el mencionado Daniel Pérez Prada.

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