GOLDEN VOICE

Para los que no tuvieron la suerte el año pasado de disfrutar del «Tigre de Gales», este concierto les habrá parecido todo lo sorprendente que yo viví en la última edición en 2024. Sus canciones más conocidas ha tenido una nueva vida en otros estilos que son divertidos para Tom Jones, pero también más propios de un talento de 83 años, e igualmente se encuentra en una etapa de su recorrido artístico en el que es más propicio hablar de la trayectoria de tantas décadas y homenajear a sus referentes. Así que mi problema particular ha sido que, siendo un maestro indiscutible que maneja su voz como nadie, no he tenido un momento para vivir algo nuevo y diferente de lo que ya conocía. Una verdadera pena.

Hay diferentes tónicas que ya forman parte de la idiosincrasia del intérprete. Cuando interpreta baladas sentado, cierra los ojos y sostiene con una mano el micro, en el que unos tema mantiene esa postura, mientras que en otros con una interpretación más profunda, se va acercando y alejando el micro a medida del plano que quiera aportar a las palabras de la melodía. Igualmente su torrente gales sale a relucir disparado, pero con un control magnífico, e igualmente diferentes improvisaciones con requiebros agudos con las que Tom Jones se divierte a lo grande en el escenario.

Sí que ha habido algo espectacular en esta ocasión y han sido las guitarras. Me ha dado la impresión que han cobrado más protagonismo que nunca, dándole esa atmósfera necesaria en cada tema, y ayudando a que el protagonista de la noche pudiera alcanzar ese nivel interpretativo que requerían muchos momentos encima del escenario. Evidentemente, también han brillado el órgano, el piano, el acordeón, el contrabajo y la batería. Pero ese gusto por diversos estilos en este instrumento de cuerda han sido mi sobresalto desde el público, porque lo he sentido con mayor destreza en esta oportunidad.

La profundidad del paso del tiempo y esa realidad que nos cuesta aceptar pero que viene con el devenir de los años ha arrancado en los tres primeros temas con «I´m growing old», «Tower of song» y «Not dark yet». Para dar paso a dos de las esperadas, «It´s not inusual» que es el exitazo de 1964 y la banda sonora tan reconocible de «Pussycat», de la famosa película de Woody Allen del mismo nombre. Paréntesis para mi momento particular del concierto aunque sea con un estilo más tenúe pero a la vez excitante con el bailable «Sexbomb», y seguidamente turno para otra reconocidísima banda sonora como es «You can leave your hat on».

A partir de este momento, el «Tigre de Gales» homenaje la canción «Pop star» compuesta por Cat Stevens, y sus gestos marcados con manos y ojos cerrados se contemplan con más ímpetu. Uno de los puntos que me fascinan del cantante es como termina el fraseo de las palabras, con una marcación de estilo personal pero a la vez arrastrando esa fuerza para ir dejándonos llevar por la narración tan atractiva de Tom Jones. El culto va ahora a Bob Dylan con «Cup of coffee», pero mi atención absoluta ha sido con «Across the borderline» porque va dedicada al también genio de 92 años que es Willie Nelson, y su mensaje es de los que más interiorizo en todo el espectáculo en Starlite.

Una mujer como Dusty Springfield también es protagonista de una sentida dedicatoria como es «The Windmills Of Your Mind», por cierto muy destacable el brillante juego de luces apropiado para este instante, y llegando al final del concierto parece que cambiamos a un escenario eclesiástico escuchando el timbre indiscutible de nuestro protagonista y el piano en «I Won’t Crumble With You If You Fall», tremenda vivencia para no olvidar porque se nota que es de sus canciones más intensas.

Personalmente un blues, y más con el show tan impresionante de guitarras es lo que me apetece sentir en «Talking reality television blues». Es curioso que tanto esta canción como la de Cat Stevens critican el actual momento mediático, y es una postura a reflexionar con estos tiempos tan cambiantes tecnológicamente hablando, y también con unas proyecciones que mezclan el directo con imágenes marítimas navegamos hacia «This is the sea»

Los compases de «Delilah» animan al público a irse levantando para cantar al compás del intérprete, y también da rienda suelta a esa vena narrativa musical en «Lazarus man», y sin duda llega mi instante esperado con mi canción favorita de «If i only knew» para llegar a la conclusión de todo, bajo el ambiente sonoro de un bajo extraordinario en su famosa versión de Prince, que es «Kiss».

Todos cruzaremos en esta línea de la vida ese «borderline», pero el ejemplo de esa constancia y buen hacer lo tenemos en este artista que no encontró límites para su talento musical, desafiando las más difíciles fronteras hasta alcanzar un puesto desde donde no se divisa ningún freno para que nos llegue toda la maestría universal de Tom Jones.

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