Plateros y yo
PLATEROS Y YO
Establezco un diálogo con el plato hondo, explicándole mi rutina diaria de la que no me quejo, pero que intrínsecamente desearía que fuera más fácil.
Que mis días colocando platos haciéndolos encajar, como a mi me cuesta en mi propia vida, y fregando las impurezas para que queden perfectos, como hacemos los seres humanos idealizando personas y objetivos que queremos alcanzar.
Me doy cuenta que los platos son diferentes como las personas.
Todos tenemos utilidad en una función concreta en donde nos colocamos para cumplirla. Pero ellos, además, pueden ser la base para el disfrute o el disgusto de las personas receptoras, sin mirar de donde proceder o a quién quieren pertenecer.
En cambio, nosotros valoramos a la vajilla a la que probamos bocado, incluso manifestamos queja por un imperfecto en alguna esquina. En caso contrario, esos recipientes aceptan nuestras particularidades, incluso las que nosotros mismos no entendemos.
Y al final, me gusta establecer una conversación con un utensilio que me escucha, y al que mimo para que de placer a otros comensales.
En resumen, es el fin de la existencia diaria, soltar nuestras heridas para poder defender que nunca hemos roto un plato.






Deja un comentario