Crítica «Dos días» – 29 Festival Cine Español Málaga
A VER CUANDO REPETIMOS
Ha tenido que ser una película fuera de concurso la que me ha conectado con el Festival de Málaga convirtiéndose en mi favorita. Y es que en «Dos días» se puede reflejar lo que debe significar una película, apuntándome el nombre de Gonzaga Manso entre mis imprescindible para reflexionar y emocionar con historias a través de una pantalla de cine. En su duración exquisita condensa llanto y risa limpia. Lecciones de vida en el retrato de una familia, que con sus aciertos y sus errores, se aman inconmesurablemente entre ellos, y la relación de dos amigos veteranos que saben relativizar el mundo con la sabiduría que se nos queda eterna para tener el regalo de no dejar nunca de aprender.
Una semana antes de rodar encuentra el talento innato sublime de Jesús Outes “Meiriño”, un percebeiro que logra ponerse el traje a medida de un veterano de transmitir su experiencia al público como es Saturnino García. Todo el elenco acompaña a la aventura marítima de estos dos capitanes de las lecciones para ser mejores personas y reírse de si mismos, pero es que es tan sublime cada expresión, enfado y locura perpetua, que una no debe más que rendirse ante la cultura, y dar gracias por creadores tan talentosos nos enseñen a ver lo importante en los detalles sutiles. En ese proceso arduo pero exitoso como es la comunicación entre personas, y que films como «Dos días» nos hacen recordar que aunque estemos en la era más tecnológica, el ser humano necesita amor, comprensión y ternura que es, precisamente, lo que despiertan protagonistas tan exquisitos como Jose Antonio Andrade Lorenzo y Mindo.
Algo que hemos descubierto en rueda de prensa es que Gonzaga Manso viene del mundo de la fotografía, y se nota muchísimo, y lo podemos sentir los que apreciamos esa sensibilidad en las historias cinematográficas. Ese primer plano de Saturnino, tremendamente hermoso, ya da pie a innumerables imágenes idílicas con el mar siempre presente. Y en algunas ocasiones, la cámara viaja en un travelling sublime que hace que tengas la perspectiva perfecta para que no se te escape nada de esta inmensa familia que son las estrellas de esta trama.
Dentro del argumento podremos empatizar con nuestros seres queridos en expresiones tan reconocibles como «me tocas las cosas y me las cambias», «siempre me dices lo que tengo que hacer», «parece que sobras», «no parece que estemos ahí», «morir antes de tiempo» o «luego os vais» Y es que estas apreciaciones tan acertadas de los diálogos nos enmarca aún más dentro de esta atmósfera tan bonita que rodea la película, y que permite que la navegación por ella sea fructífera sin complaciones para entender lo que sucede.
Y los temas que subyace de todo este texto son los importantes de resaltar. El más definitivo es que se vivan todas las aventuras, porque así ya no hay que recordar lo que se está viviendo. Y que no se os olvide. Siempre hay que disfrutar que son dos días.






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